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Opinión
06:30 AM / 02/12/2018
¿Bolsonaro romperá el MERCOSUR?, por Ulises Noyola Rodríguez
Ulises Noyola Rodríguez

El futuro presidente Jair Bolsonaro contempla la firma de acuerdos bilaterales de libre comercio con el propósito de aumentar el crecimiento económico y la productividad, y con ello, impulsar el desarrollo tecnológico. El comercio con los países avanzados tiene que liberalizarse para incrementar la competitividad en los sectores de alta tecnología, de acuerdo con el plan de gobierno.

Para el próximo ministro de Economía, Paulo Guedes, el Mercado Común del Sur (MERCOSUR, conformado por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) ha sido una asociación ideologizada, que ha establecido únicamente relaciones con gobiernos afines a las ideas bolivarianas. Así, el presidente brasileño se enfocará en quitarse esa camisa de fuerza, pero eso amenazará con romper el bloque regional.

Por un lado, los mercados del MERCOSUR han perdido importancia, ya que representan solamente un 9% del comercio exterior de Brasil. El fracaso de la integración está reflejado en la paralización de varias iniciativas, que fueron olvidadas por los gobernantes. Entre las propuestas de mayor envergadura destacaron la adopción de una unidad de cuenta para facilitar los intercambios comerciales; la constitución de un fondo de reservas para fomentar la estabilidad de los tipos de cambio; y finalmente, la eliminación gradual de las asimetrías entre las economías. Todas estas iniciativas fueron postergadas hasta terminar en el rincón del olvido.

Por estar prohibido en la organización, Bolsonaro no podrá negociar convenios comerciales con autonomía. Hasta el momento, los países miembros han establecido de forma colectiva sus tratados de libre comercio con otros países (Israel, Egipto, Palestina y Sudáfrica). En el caso contrario, los miembros necesitan la aprobación de los demás países para firmar un acuerdo de forma independiente. Por lo tanto, el mandatario tendrá que negociar nuevas normas, o bien sacar a Brasil de la unión aduanera. Pero cualquier decisión que tome el presidente brasileño, el establecimiento de acuerdos que aporten beneficios sustantivos a la industria y la agricultura se vislumbra imposible.

En el plan nacional de exportaciones, la prioridad fue profundizar las relaciones comerciales con varios socios y bloques hace tres años-entre ellos Estados Unidos, China, la Alianza del Pacífico, la Unión Europea y los países de los BRICS. Por un lado, Brasil afectaría su base industrial si firma un TLC con países industrializados. Con sus socios del MERCOSUR, el gobierno brasileño lleva negociando un tratado de libre comercio con la Unión Europea durante más de veinte años; con el cual impulsaría la exportación de productos agrícolas hacia su principal mercado. Para terminar el contenido del acuerdo, el presidente Bolsonaro podría negociar por su cuenta con la Unión Europea, pero las conversaciones serían igual de complicadas por las demandas de los europeos.

Las diferencias entre las propuestas de los negociadores del MERCOSUR y la Unión Europea cubren varias cuestiones: el sector automotriz, las reglas de origen, los productos agrícolas, entre otros. Bajo la propuesta europea, los productos agrícolas de los países sudamericanos continuarían estando sujetos tanto a las restricciones de acceso a los mercados europeos como a la imposición de aranceles. Además, los europeos demandaron eliminar los aranceles sobre el sector de auto-partes en un corto plazo para posicionar sus mercancías en Sudamérica. Por su superioridad tecnológica, los productos europeos desplazarían a la producción nacional de vehículos, causando el cierre de fábricas y la pérdida de empleos en Brasil.

Ahora los problemas son bastante críticos para la industria automotriz, sector en donde están más integrados Brasil y Argentina. La integración tomó impulso cuando las empresas trasnacionales estadounidenses y europeas se instalaron en ambos países para vender en los mercados de Sudamérica en la posguerra. Pero la caída de ventas de automóviles provocó el recorte de salarios además del despido de trabajadores en la crisis actual; con lo cual las condiciones del mercado laboral se deterioraron. Por añadidura, las automotrices chinas se instalaron recientemente en Brasil y Argentina; situación que intensificará la competencia con las demás empresas.

En un comunicado, la Confederación Nacional de Industrias explicó que el MERCOSUR es importante para la industria brasileña, ya que el mercado argentino es el principal destino de las exportaciones manufactureras. A pesar de la imposición de un arancel común en los países miembros, la industria ha perdido mercados en el exterior. Ante una mayor liberalización comercial, el descalabro para la industria sería irreversible, quedando rezagada de forma definitiva con respecto a los centros industrializados. Y lo peor es que el relanzamiento de la integración industrial entre los países sudamericanos ya sería bastante complicado con la dominación de las empresas trasnacionales.

Podemos concluir que la política comercial de Bolsonaro es contradictoria. Por un lado, el mandatario brasileño pretende apoyar a la industria por medio de la firma de acuerdos comerciales; pero la realidad es que desmantelará la manufactura por la falta de una política industrial. La estrategia del gobierno será reducir el déficit fiscal a través del recorte de los subsidios y la ayuda financiera hacia el sector industrial. Ante la reducción del apoyo económico, los empleos en la manufactura se verán reducidos, golpeando duramente a la clase media que respaldó su candidatura en los estados industrializados como Sao Paulo, Minas Gerais, Rio de Janeiro, entre otros.

Además, el gobierno brasileño realizará privatizaciones, concesiones y venta de inmobiliario con el fin saldar un quinto de la deuda pública. En una entrevista, Paulo Guedes indicó que no se llevará a cabo un programa de privatización de forma cautelosa, sino que abarcará una gran cantidad de activos públicos. Por ende, el saldo de las finanzas públicas mejorará por la diminución del peso de la deuda, pero el gobierno perderá activos clave para el desarrollo económico. En el peor escenario, el proceso de privatización incluirá a los puertos, las carreteras, los aeropuertos, la energía eléctrica y el petróleo, profundizando la desindustrialización.

Por otra parte, las tensiones en el sector agropecuario podrían dar pie a la imposición de aranceles entre los países miembros. En un documento dirigido a Bolsonaro, la bancada rural pidió la aplicación de mecanismos para proteger a varios productos agrícolas (lácteos, arroz, trigo, entre otros) por la asimetría de las políticas macroeconómica, cambiaria, laboral y ambiental en el MERCOSUR. La aplicación de aranceles por parte del gobierno brasileño afectaría de forma significativa a los demás países, porque Brasil representa un comprador importante de sus productos agropecuarios.

Para los pequeños países como Uruguay y Paraguay, la relación sería más desbalanceada con la aplicación de aranceles, ya que reducirían sus exportaciones hacia Brasil. En un contexto donde China no podría suplir la pérdida de mercados para varios productos, estos países pasarían a tomar una postura ofensiva en contra de Brasil, planteando reclamaciones en organizaciones regionales y multilaterales como el MERCOSUR y la Organización Mundial de Comercio. El gobierno brasileño enfrentará dificultades para restaurar los aranceles en el MERCOSUR; lo cual implicaría abandonar el objetivo inicial de convertirse en un área de libre comercio.

Para empezar, el gobierno de Bolsonaro tendría que demostrar que los países miembros han aplicado una política de competencia desleal con el fin de justificar la imposición de aranceles. Cabe recordar que el gobierno brasileño ha bloqueado la venta de productos agrícolas, pero no ha podido demostrar sus acusaciones en contra de sus socios en varias ocasiones. Además, Bolsonaro no conseguiría la flexibilización del MERCOSUR para negociar tratados de libre comercio con esta guerra comercial. Por lo tanto, el gobierno brasileño quedaría aislado al no tener fuertes alianzas para consolidar su proyecto de liberalización comercial en Sudamérica.

Pero lo que es seguro es que la política comercial de Bolsonaro no favorecerá la integración de América Latina. Al apoyar principalmente el sector exportador, el gobierno de Bolsonaro terminará dándole la espalda a sus electores; con lo cual exacerbará el malestar de la sociedad brasileña. Para hacer frente a la crisis, los gobiernos tendrían que fortalecer la integración económica con la participación activa de movimientos y organizaciones sociales. De no ser así, los beneficios serán siempre para un puñado de empresas, quedando fuera la población latinoamericana.

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