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Actualizado hace 38 minutos

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Opinión
01:27 PM / 05/08/2019
“Aquí comen todos”
Jesús A. Rondón

Recientemente tuve que ir a buscar gasolina, en lo que alguna vez fue una estación de servicio, en Maracaibo; digo en lo que alguna vez fue, porque antes podías calibrar el aire de los cauchos o comprar lubricantes, hoy esos espacios solo son para colocar gasolina. No tenía elección ese día,  pues ya estaba en el mínimo y parecía tener suerte, solo había en la cola no más setenta vehículos, así que me incorporé a la fila con optimismo. Eran la tres de la tarde y el calor era el de siempre en esta época.

 

Al poco tiempo avanzó la fila, luego una hora sin que pasara nada. El calor seguía siendo el mismo, pero mi percepción era mayor. El cuerpo se comienza a deshidratar y la sed hace su debut. Los conductores empezamos a conversar y preguntarnos, por qué   si hay tan pocos en la fila, se estancó. Una curva antes de la estación de servicio impide ver qué ocurre al principio.

 

Pido a vecinos conductores que miren mi vehículo y me aventuro al principio de la fila a ver qué pasa. Nada que no haya visto antes, solo que entendí un poco más como opera.  Encontré que la estación estaba custodiada por efectivos del Ejército y la policía municipal conjuntamente, aunque al mando estaba en un coronel. Había además de la cola donde estaba incorporado dos colas adicionales  y los más especiales. Una de las colas eran de los funcionarios públicos, fundamentalmente policiales, su tiempo de espera dependía del rango y capacidad de fuego mejor tratamiento recibía.  La segunda cola adicional era la de los que pagaban, y su tiempo de espera dependía también del pago, con diez dólares no había quien te parara.  Los más especiales eran los pasaban los trabajadores de la estación de servicio y los amigos de los custodios, y son “cortesía”.

 

Los que estaban a principio de la cola oficial esperaban pacientemente y veían cómo frente a sus narices pasaban y pasaban para cargar gasolina. Los funcionarios  les decían tuvieran paciencia y sacaba una excusas increíbles para hacer pasar a las dos colas adicionales. De vez en cuando salía el coronel “a poner orden”, escuchaba los reclamos, gritaba que había una sola cola  y hacía pasar a algunos conductores de la misma. Así lentamente se movía la cola y la impaciencia disminuía, pues faltaba menos. Luego desaparecía y la guachafavolvía.

 

Tampoco se crean que son tan descarados los miembros del Ejército, los policías y los trabajadores de la estación. Hay cierto disimulo, los que cobran y facilitan el acceso (que no son ellos, van desde los vendedores ambulantes hasta los vigilantes que no están de servicio) gravitan libremente entre los custodios del orden y los que no tienen tiempo para hacer la cola, pero sí dinero para asegurarse de irse satisfechos.

 

Cada tanto regresaba a mi lugar en la cola oficial y les comentaba a mis vecinos conductores un poco de lo que veía y los animaba con la idea de que todavía era temprano y entraríamos antes de que cerraran la estación. A final casi a la siete de la noche reposté gasolina y salí velozmente a tomar agua y a almorzar, pues por cosas de ese mal día  no había podido hacerlo a la hora. Solo me queda rodar lo necesario para ahorrar combustible y prepararme para la próxima jornada de tortura. Recordé a una amiga que por decirlo cínicamente, tuvo menos suerte que yo, pues con un relato muy parecido al que acabo de contarles, al llegar a la estación, se acabó la gasolina. Imagínense su reacción  y la de los demás conductores. Solo les diré que “las autoridades” casi se la llevan presa “por alterar el orden público”.

 

Lo que les cuento no es extraño para miles de conductores y conductoras en la ciudad que habito. Tampoco es extraño ver en la prensa declaraciones de voceros gubernamentales afirmando que hay combustible suficiente para la demanda existente. Entonces ¿Qué pasa?  Me atrevo a ver dos causas, la primera es estructural: el racionamiento del servicio eléctrico en la ciudad sigue afectando la distribución de combustible, pues hay estaciones que no disponen de plantas eléctricas. La segunda es coyuntural, es decir que cuando funcionan las estaciones de servicio hay grupos interesados en no acabar con las colas y así la mezcla de estas dos causas, nos tienen en la situación que acabo de relatar. Explicaré la segunda.

 

Lo que me debía llevar poco más de media hora en el peor de los casos, se aumentó a cuatro horas de espera, cuando hubo gente que lo hizo en quince minutos. Si no hay cola, los trabajadores y trabajadoras de la estación de servicio, los miembros del Ejército, los funcionarios policiales y sus asociados y asociadas  no tendrían el ingreso adicional que supone administrar el caos para su beneficio particular. Tendrían que hacer lo que no hacen hoy, mirar su salario oficial. Como me dijo alguien, hay que buscar que todos coman, solo que aquí se hace en detrimento del otro. Así que puede llegar la gasolina necesaria, retornar la continuidad del servicio eléctrico y habrá grupos organizando las cosas para que la cola no se acabe y se genere la demanda de los servicios expresos.

 

Este razonamiento macabro que se da en las estaciones de servicio se está reproduciendo  en las organizaciones privadas y las instituciones públicas, a todos los niveles (desde los aseadores hasta las gerencias). Son grupos organizados para generar trabas que creen la demanda de buscar atajos. Son una respuesta social de no pocos para  asegurar la sobrevivencia y para otros garantizar el disfrute de un estilo de vida fuera sus posibilidades salariales.  Prolonga y profundiza esta situación la política salarial  vigente en nuestro país, pues  se constituye en la base argumental perfecta: ¿Quien vive con este salario?

 

Solo me queda una pregunta: ¿Cómo abandonar estas prácticas socialmente aceptadas, para la construcción de un proyecto de país?  Históricamente ha  habido dos vías, la de la fuerza y la de la concertación. La primera ha resultado fatal, pues no elimina las practicas, sino que las concentra en un pequeño grupo y segunda no es viable, sino se ataca la impunidad. Así que ¿Quién asume el desafío de proponer un acuerdo y promover justicia?. Hay pocos amigos de esta idea,  todavía..

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