A lo que el Gobierno teme / Por: Rafael Ramírez

Por:  Rafael Ramírez

El gobierno teme al Chavismo, al liderazgo Chavista, a la posibilidad de que quienes sostenemos los principios y la esencia del pensamiento revolucionario, del campo Bolivariano, del socialismo, nos reagrupemos y podamos articular un movimiento político-social que vuelva a poner las cosas en su sitio y desenmascarar la estafa del madurismo.

Nos teme, nos tiene terror a los que estuvimos al lado del Presidente Chávez durante 12 largos años de gobierno revolucionario, a los que estuvimos a su lado en las buenas y en las malas, luchando contra tantas fuerzas reaccionarias, internas y externas, para hacer una revolución.

El gobierno nos teme, teme a todos los que conocemos la verdad de cómo fueron las cosas, a los que formamos parte de la historia, de nuestra épica, a los que no nos pueden engañar  porque estábamos allí, porque nosotros hicimos esa historia, porque conocemos las distintas posiciones en pugna, sabemos cuáles eran y qué movían a los intereses que tuvimos que derrotar para avanzar en la propuesta plasmada en los objetivos históricos del Plan de la Patria y hoy ferozmente traicionada.

El gobierno nos tiene terror a los ministros y oficiales militares que estuvimos al lado del Presidente Chávez y que no hemos vendido, ni nunca venderemos, el sueño de Chávez, nuestro sueño, el sueño de todo un pueblo, por un puñado de dólares.

El gobierno teme a los trabajadores, muy especialmente a los trabajadores petroleros, quienes estuvieron junto a nosotros e hicieron posible la derrota del sabotaje petrolero y la conquista de la Plena Soberanía Petrolera. El gobierno le teme a los  condecorados con la Orden Libertador por el mismo Presidente Chávez, a los que entramos al Pilín León e impedimos el paro de la Refinería de Puerto La Cruz en Jose, a los que luchamos en la Refinería del Palito, a los que reactivaron el Complejo Refinador Paraguaná, a la unión cívico-militar que salió a defender nuestra industria, a recuperar Yagua, Carenero, nuestros edificios e instalaciones petroleras.

Teme a los trabajadores y gerentes que arriesgaron su integridad física en la Costa Oriental del Lago, en Maracaibo, Maturín, El Tigre, Jusepín, Morichal, le teme a los que tomamos La Campiña y desde allí condujimos la recuperación de nuestra empresa, nos teme a los que refundamos y dimos forma a la Nueva PDVSA, a la PDVSA del pueblo.

El gobierno le tiene pavor a los miles y miles de trabajadores petroleros que, en un hecho sin precedentes, se movilizaron por objetivos históricos, políticos, revolucionarios: la Nacionalización de la Faja Petrolífera del Orinoco y la conquista de la Plena Soberanía Petrolera, para poner el petróleo al servicio del pueblo.

El gobierno teme que el pueblo reclame la distribución popular de la renta petrolera, y se apropie de las riquezas que le pertenecen por derecho. El gobierno teme que el pueblo vuelva a empoderarse, para construir su propio futuro, así, sin intermediarios, sin élites. Por eso, el gobierno le teme al Poder Popular, a los trabajadores, a los Misioneros, a los Vencedores de la Misión Ribas, a las Casas de Alimentación, a Mercal, a la Misión Alimentación, a las brigadas de construcción de la Gran Misión Vivienda Venezuela, a los que pudieron leer con la Misión Robinson, a los que salvaron sus vidas en los módulos de Barrio Adentro y a los que asumieron como un derecho la democracia participativa y protagónica, a los que defienden los derechos consagrados en la Constitución, los derechos laborales, políticos y sociales, el “vivir bien”, conquistado por el pueblo en el gobierno de Chávez, le teme al pueblo organizado.

El gobierno tiembla ante los militares Bolivarianos, aquellos que estuvieron junto al Comandante Chávez, que atesoran la doctrina Bolivariana y antiimperialista, esos militares que conocen cómo pensaba y qué quería el Comandante Chávez para su patria, para su pueblo, tiembla ante esos militares consecuentes con el juramento del Samán de Güere y con la Constitución.

El gobierno tiene especial temor y horror a PDVSA, esa, la Nueva PDVSA Roja Rojita, la que fue capaz de colocar nuestros inmensos recursos petroleros al servicio del pueblo, y que además de mantener su producción y mantenerse como la Quinta empresa a nivel mundial, de sus extraordinarios aportes económicos y de ser el sostén del país, comenzó a irradiar una conciencia nacional y revolucionaria distinta, que haría imposible una bandazo del gobierno hacia la derecha, y es allí hacia donde se dirige el empeño y la saña del gobierno: contra nuestra empresa nacional, baluarte de soberanía del país, como la bautizara el Presidente Chávez. Por eso, desde que maduro se sintió estable, luego de derrotada la reacción violenta e insensata de la oposición en 2013-2014, toda su violencia la dirigió en contra de PDVSA, y utiliza a su fiscal sicario para acusar y encarcelar; nos persigue y desprestigia con un único fin: acabar con la empresa. Sacrificaron a los cuadros de dirección técnico-políticos de PDVSA, todos están presos, exiliados o perseguidos. Detuvieron a los gerentes y trabajadores exponiéndolos a la humillación y al escarnio público. Actuaron con saña criminal en contra de Nelson Martínez, lo dejaron morir. A sus trabajadores, héroes de la derrota del sabotaje petrolero, los han atropellado, encarcelado, dispersado y denigrado ante la opinión pública, obligándolos a marcharse y a probar nueva suerte fuera. Son más de 30 mil trabajadores los que se han ido de la empresa y del país.

A partir de 2017, con la entrada del general de la Guardia Nacional a Petróleos de Venezuela,  manuel quevedo, militarizaron la empresa, la picaron en pedazos, la vendieron y entregaron a su nueva burguesía. PDVSA ha sido rematada, negocian con ella y corrompen todo, convirtiendo a los oficiales bolivarianos en intermediarios de contratos petroleros, que han dejado a la empresa en ruinas. Hoy PDVSA produce escasamente 356 mil barriles día de petróleo, la misma producción que teníamos en 1930, no hay gasolina, ni gas, un desastre.

La mala gestión en PDVSA ha sido el mayor fracaso del gobierno de maduro, han arrastrado a toda la economía y al país a un abismo, destrucción que los aduladores de oficio celebran  como “el fin del modelo rentista petrolero”. Nadie lo hubiera hecho peor, ni la extrema derecha, ni una invasión extranjera. Las tropas invasoras no hicieron en Irak, lo que maduro ha hecho con Venezuela y con su industria petrolera.

maduro, junto a su círculo íntimo, pensó que sería fácil tomar por asalto a PDVSA y que podrían manejar las complejas operaciones financieras del sector, y en su abismal irresponsabilidad e improvisación designa a erik malpica y simón zerpa para controlar las finanzas de PDVSA. Estos irresponsables (los mismos que dilapidaron, junto a alejandro flemming, los 40 mil millones de dólares que, en un esfuerzo extraordinario de PDVSA, entregamos en 2014 al CENCOEX), desviaron los recursos presupuestarios y operacionales de la empresa, tomaron los recursos del Fondo de Pensiones de los Trabajadores, cancelaron los miles de contratos operacionales y de suministro de las refinerías y de las áreas de producción de petróleo y gas, para entregar todos los recursos a maduro, quien dispuso libremente de ellos, violando las leyes y sin el más mínimo criterio para la administración de la Hacienda Pública.

El gobierno pagó miles de millones de dólares de deuda pública, mientras negaron recursos para la importación de alimentos e insumos para la producción, dejaron la economía en manos “del mercado”, “agradecieron a Dios” por su dolarización, mientras contraían más deuda, entregaban nuestros mejores campos petroleros y el gas a intereses privados y transnacionales, comprometían nuestras exportaciones de hidrocarburos, colocaban a CITGO en garantía con el único fin de entregar más recursos a maduro, seguir alimentando el paralelo y seguir haciendo fortunas con la manipulación cambiaria.

Para presentar este desastre como la “épica” del “constructor de victorias”, han recurrido a todo: a la violencia pura, simple y brutal; los secuestros y asesinatos políticos; las torturas, las confesiones forzadas y encarcelamientos sin juicio ni pruebas; la judicialización de la política, utilizando para ello a un fiscal y un poder judicial subordinado al ejecutivo, es decir, a lo que maduro diga; utilizando “falsos positivos”, juicios amañados, violando los derechos constitucionales. Todo es válido para mantener al pueblo cautivo confundido, disperso y manipulado: la propaganda, la censura, el control de todos los medios de comunicación, el twitter, el discurso del odio, el control social, el chantaje .

Siempre que surge una crisis o se profundizan los efectos del desastre madurista, el gobierno recurre a un “trapo rojo”, un “pote de humo”, para desviar la atención de los verdaderos problemas y dar “argumentos” a sus tristes opinadores, a sus tendencias de twitter, estimular el odio y buscar de manera desesperada un enemigo.

La realidad objetiva es que el gobierno está muy débil, se mantiene en el poder por la violencia y, en buena medida, por los errores de una oposición irresponsable y aventurera, pero con mucho poder y apoyo, que insiste en argumentos y discursos que fueron derrotados históricamente entre 2002-2004. Por eso, los únicos factores políticos y sociales que preocupan al gobierno, son los del Chavismo.

La situación del país es insostenible, insoportable para las mayorías nacionales. Es por ello que el gobierno ha propiciado el éxodo de  más de 4 millones de venezolanos, no les importa esa tragedia. Mejor para el gobierno, pues así la diáspora manda las divisas que ingresen a la economía nacional. Tampoco les importa que no haya comida, ni servicios, ni medicinas, ni combustibles, ni luz, ni agua, ni transporte, ni internet. El salario mínimo de 3 dólares mensuales coloca al 96,2% de la población bajo el umbral de la pobreza. Venezuela es un país desigual, injusto, dolarizado, de Bodegones donde se expenden productos de Miami o de Irán, de internet, exquisiteces de última moda, de gasolina en dólares, un país de censura, de miedo.

Este gobierno ha impuesto un toque de queda nacional con la excusa del COVID-19 y mucho antes de que fuera lejanamente necesario, aún así (era previsible), la pandemia sigue expandiéndose por todo el país, afectando a un pueblo pobre azotado por todas las plagas juntas, donde las fuerzas militares o paramilitares del gobierno asesinan al pueblo humilde y no pasa nada, es como si nada importara. Nunca se sabrán las cifras.

Los trabajadores petroleros se están movilizando por sus derechos, por la restitución de sus servicios médicos, sus seguros de vida, Sicoprosa, por los que se les deduce en nómina, el Fondo de Pensiones, salarios dignos. Están muriendo de mengua, no tienen protección social, ni gozan de condiciones laborales mínimas. Están dando una lucha justa, necesaria y se han enfrentado  a la Comisión privatizadora de la empresa. Están exigiendo sus derechos, se movilizan y lo seguirán haciendo, porque tienen historia, garra y liderazgo. Han perdido el miedo, ya no creen en cuentos ni excusas, saben que la acción del gobierno no tiene nada que ver ni con las sanciones, ni con las conspiraciones, sencillamente, están entregando la empresa y para ello necesita reducir lo que los privatizadores llaman la “carga laboral”.

La movilización de los trabajadores petroleros aterroriza al gobierno y a sus operadores políticos,  quienes  de inmediato responden, recurren nuevamente a la manida maniobra de distraer y reprimir. Comienzan las acusaciones y desinformaciones, los “trapos rojos” y los “potes de humo”.

Esta semana, el gobierno vuelve a arremeter en mi contra con su saña de siempre, incentiva contra mi persona la persecución política que nunca ha parado, con sus torpes astucias, nuevamente su poder judicial intenta acciones ilegales en mi contra, trata de disfrazar el juicio político,  trata de desviar la atención de lo que sucede en PDVSA y en el país, activan su jauría de bots en twitter, crean tendencias de odio, ponen en práctica el linchamiento moral. El ministro de desinformación llama y exige que los medios reflejen, se hagan eco de las nuevas agresiones en mi contra, buscan distraer, atemorizar.

Nadie les cree. Todos saben que este poder judicial carece de legitimidad, que el TSJ es un organismo que carece de legitimidad, independencia, con sus “magistrados” sancionados y por ende, desconocidos por ilegítimos, por la Unión Europea. Todos en el mundo, desde el Secretario General de la ONU, Antonio Gutérres, hasta los presidentes y gobiernos de América Latina y Europa, saben y les consta que soy un perseguido político, que no estoy incurso en delitos comunes tipificados por ley alguna, como es hecho notorio, hecho comunicacional y se refleja en los escritos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y en el propio Informe Bachelet, todos ellos son conscientes de la obsesión de maduro por capturarme y enterrarme en la “Tumba” para dejarme morir como lo hizo con el ministro Nelson Martínez.

Es bien sabido en el mundo entero y ello lo describe textualmente el citado informe, que en Venezuela se violan flagrantemente los Derechos Humanos y que no hay garantías del debido proceso, saben que las acusaciones e imputaciones de las que hacen alarde son falsas, no tienen pruebas, ni fundamento alguno; saben que en América Latina la judicialización de la política, o el “lawfare”, se ha convertido en un mecanismo de persecución política, así lo ha denunciado el presidente argentino, Alberto Fernandez, la vicepresidenta Cristina Kirchner y los ex presidentes Correa, Lula Da Silva y Dilma Russef, y que el mundo entero está atento. Nadie caerá en la trampa de retratarse con un dictador y con sus burdas maniobras persecutorias. 

Nadie cree en un gobierno autoritario, violador de los Derechos Humanos, ni en sus instituciones títeres, ni sus falsas noticias, ni en sus jueces sancionados por la comunidad internacional.

En lo que respecta a mí, en lo personal nunca he optado por el camino fácil, nunca he estado del lado de la injusticia ni de la opresión. He servido a mi país de manera honesta y en el marco de nuestras leyes, entregado en cuerpo y alma a mis ideas revolucionarias y en cumplir con el programa de gobierno que fue respaldado mayoritariamente por nuestro pueblo durante el gobierno del Presidente Chávez. Nunca hice cálculos, ni pactos. Si el gobierno insiste en cobrarme mi postura política, mi lealtad y apego a los principios y al programa político del Presidente Chávez, ya deberían saber que no les temo. No me van a doblegar, ni a callar, seguiré en esta lucha desigual, preservando mi vida, para volver al país junto al pueblo, con una Junta Patriótica de Gobierno que incluya a todos los patriotas y fuerzas sociales y así restablecer la Constitución y la soberanía popular para comenzar a reconstruir nuestra patria.

Los trabajadores petroleros seguirán su lucha, nada los detendrá, la razón los asiste, serán ellos lo que impongan el ritmo y los tiempos, pero son los trabajadores, todos los trabajadores, los que deben devolver la iniciativa y el impulso revolucionario al pueblo venezolano. Un fuerte abrazo ¡Venceremos!

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