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Actualizado hace 32 minutos

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Opinión
06:30 AM / 08/12/2018
A buen entendedor
Ramón Guillermo Aveledo Político @aveledounidad

Ramón Guillermo Aveledo.- Fue a la comida pero no a la toma de posesión en la Cámara de Diputados. Afuera lo esperaban con protestas y adentro, en la sesión, los diputados panistas corearon “Dictador, dictador” al oír su nombre y los demás no mostraron disconformidad. “Gritos de apoyo y rechazo” dice el siempre cuidadoso Excelsior. Plantón en la calle bajo la consigna “Maduro no eres bienvenido” cubre Reforma. “Rechazan intelectuales visita de Nicolás Maduro a México” según El Mañanero que publica documento encabezado por Mariclaire Acosa, Héctor Aguilar Camín, Sabina Bergman, Jorge Castañeda, Jacqueline Peschard, Francisco Reyes Heroles y veintidós figuras del pensamiento y el periodismo azteca.

El portal Zocalo.com.mx hace una escueta nota: “recibe AMLO a Maduro en Palacio Nacional”. El medio oficioso Telesur reseña como un éxito la bienvenida del Sindicato de Electricistas, a cuyo acto fueron los ministros Arreaza y Villegas. Que sean los trabajadores eléctricos es irónico ¿sabrán lo que piensan sus compañeros venezolanos de Corpoelec? Estaban los presidentes de Guatemala, Honduras, El Salvador, Ecuador, Perú y el Vicepresidente norteamericano y la hija de Trump, pero la única foto que he visto de Maduro es con Evo y el cubano Díaz Canel.

La embarazosa escena en el Congreso mexicano; los titulares, editoriales y artículos en los medios y las protestas de calle son una señal de la realidad que el Presidente y su equipo deberían leer y analizar. La mala reputación internacional del gobierno no sólo es una predecible fuente de incomodidad para él, sino un problema serio para nuestro país y un aviso político muy fuerte para el nuevo Presidente de México, una parte de cuyo respaldo viene de la izquierda, y para cualquier gobernante de cualquier país: se trata de una amistad peligrosa, radioactiva. Eso resulta particularmente nocivo para Venezuela que necesita relaciones, generar confianza y procurarse apoyos para vencer la gravísima crisis que nos afecta a todos. Ver cómo logramos salir de la calle ciega económica en que estamos atrapados, para eso es indispensable autoridades con credibilidad interna e internacional, es decir distintas a quienes nos han metido en ellas con sus políticas, sus decisiones y sus indecisiones cuando han tenido la responsabilidad de gobernarnos y representarnos.

Son síntomas demasiado elocuentes como para ser ignorados. Hay que bajarse de la nube. Regresar del sueño propagandístico.

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