Trump trata de imponer la arquitectura neoclásica en las edificaciones de Estado

La Casa Blanca estudia imponer la corriente arquitectónica, en desuso desde el siglo XIX, como estilo obligatorio para los edificios oficiales.

La arquitectura gubernamental estadounidense podría redirigir su futuro hacia el estilo neoclásico, al menos esa es la intención de Donald Trump. Así lo confirma el borrador de una orden ejecutiva filtrada por el medio Architectural Record, y cuyo proyecto se titula Hacer que los edificios federales vuelvan a ser hermosos, algo que inevitablemente hace trasladarse al momento de su campaña electoral, con el eslogan Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande.

El documento, de acuerdo con una publicación de Architectural digest "rechaza cualquier estilo semejante al brutalismo o deconstructivismo, ya que no representan 'los valores nacionales'; valores que también considera desprotegidos por el Programa de Excelencia en el Diseño de la Administración de Servicios Generales". Según la publicación, el Instituto Americano de Arquitectos (AIA), discrepa: “La arquitectura debe diseñarse para la comunidad a la que sirve, reflejando la diversidad de lugares, culturas y climas de nuestra rica nación”.

En el caso de su aprobación (y establecer un estilo oficial) todo edificio público nuevo o reformado -con un presupuesto superior a 50 millones de dólares- deberá retomar los principios clásicos grecolatinos, como la propia Casa Blanca, el Capitolio o el Monumento a Washington. Una moda que en el siglo XVIII y XIX se generalizó y sirvió como cimiento para la joven nación, convirtiéndose en un símbolo cargado de sentido que Trump quiere recuperar.

Las críticas

El periodista, arquitecto y crítico Paul Goldbergery considera que “el mandato de un estilo oficial no es totalmente compatible con la democracia liberal del siglo XXI”. En la misma línea, el AIA considera que son los arquitectos quienes se comprometen a “honrar nuestro pasado y a reflejar nuestro progreso futuro, protegiendo la libertad de pensamiento y expresión que son esenciales para la democracia”.

Además, los principios rectores que el presidente estadounidense propone reescribir, escritos por el senador Daniel Patrick Moynihan, cita que "el diseño debe emanar de la profesión arquitectónica al gobierno y no al revés”, añadiendo que "el gobierno debería estar dispuesto a pagar algunos costos adicionales para evitar una uniformidad excesiva en el diseño de edificios federales".

Trump intenta una reforma para lograr sedes de gobierno más imponentes.
 

Publica el diario El País, de Madrid, que "si llega a buen puerto, la iniciativa invalidaría la normativa en vigor que rige la política arquitectónica en Estados Unidos, firmada en 1962 durante el Gobierno de John F. Kennedy. Ese conjunto de líneas directrices, que se oponía “al desarrollo de un estilo oficial”, permitió una gran libertad formal y posibilitó numerosos experimentos con la arquitectura moderna".

El borrador tacha de “poco atractivo estético” construcciones como Edificio Federal de los Estados Unidos en San Francisco (2007, por Morphosis), el Palacio de Justicia de los Estados Unidos en Austin, Texas (2012, por Mack Scogin Merrill Elam Architects), y el Palacio de Justicia de los Estados Unidos Wilkie D. Ferguson, Jr. en Miami (2007, por Arquitectonica). Algo que resulta controvertido para muchos teniendo en cuenta que La Organización Trump ha sido criticada en ocasiones por su trato desconsiderado con los edificios más antiguos que están bajo su dominio, por ejemplo, el edificio Bonwit Teller en Nueva York. Las gárgolas y paneles que conservaba la construcción, consideradas de gran valor artístico y solicitadas por museos como el Metropolitan, fueron destrozadas.

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