La economía de la longevidad

Una persona vive, de media, unos setenta años. En países más avanzados, esta media puede superar los ochenta años. Vivimos cada vez más tiempo y con mejor salud.

Por:  EFE

En gran parte de los países desarrollados no solo nacen menos niños de los necesarios para completar la tasa de reposición, sino que la población es cada vez más longeva.

Y esta es una tendencia que se extiende a la población mundial. Una persona vive, de media, unos setenta años. En países más avanzados, esta media puede superar los ochenta años. Vivimos cada vez más tiempo y con mejor salud.

DESAFÍOS.

Aunque la longevidad es una buena noticia, también supone uno de los grandes retos para las sociedades en el terreno económico.

 El envejecimiento tendrá un impacto importante sobre la fuerza laboral y sobre los sistemas sanitarios públicos y de atención y protección social, según los expertos en economía, como expresó la subgobernadora del Banco de España a finales de 2019, o sendos informes publicados por el Instituto Santalucía o la Fundación de Innovación Bankinter.

El cambio demográfico se ha convertido en un dolor de cabeza para los que estudian cómo mantener el Estado de Bienestar. En este modelo, imperante en los países más desarrollados, el Estado tiende a procurar una mejor redistribución de los recursos y mayores prestaciones sociales para los más desfavorecidos.

En las peores previsiones, las prestaciones sociales, la sanidad pública y, sobre todo, los sistemas de pensiones, serán inviables.

Cuando se constituyeron las jubilaciones, estas fueron diseñadas para cubrir el tiempo después de trabajar que, a principios del siglo XX, no era tan dilatado como ahora. En la actualidad, una persona puede vivir más de treinta años tras la edad de retiro.

Según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), a medida que estas personas envejezcan, consumirán más recursos. Y, si la población joven es menor que la más envejecida, estos recursos serán más escasos y la presión fiscal aumentará significativamente.

 Por ahora, las propuestas para afrontar este reto se centran en la inmigración para paliar la baja natalidad, la reforma del sistema de financiación de las pensiones y el retraso de la edad de jubilación.

OPORTUNIDADES.

En este contexto -en el que los mayores llegan en mejores condiciones físicas y con mayor poder adquisitivo- frente al desafío que supone, ha surgido una economía específica: la rentabilidad de la longevidad.

 Las personas de 66 hasta los 100 enfrentan su vida de una manera diferente a como lo hicieron sus abuelos.

Ahora la jubilación les abre un abanico de posibilidades que van, desde los viajes o el deporte, a una vuelta a hobbies que habían abandonado.

Es cierto que el envejecimiento y la longevidad acarrean muchos retos, pero también pueden suponer una fuente de oportunidades para la economía en general.

Las personas envejecen, pero al hacerlo de manera más sana, estos sujetos pueden seguir siendo parte activa del mercado laboral y de la economía global: continúan trabajando y consumiendo. Y no solo aquellos bienes y servicios dirigidos expresamente a ellos.

Los estadounidenses, que en 2015 habían cruzado la barrera de los cincuenta, fueron los responsables de generar 8.000 millones de dólares por sus interacciones económicas, según el diario La República.

Según la firma de consultoría estratégica de Estados Unidos, Boston Consulting Group, en diez años la población del país norteamericano por encima de los 55 años será responsable de la mitad de todo el gasto del consumidor interno desde la crisis de 2007. En Alemania será del 86% y en Japón, del 67%.

La nueva rama de la economía que se centra en este fenómeno poblacional, la conocida como “ageingnomics” tiene como objetivo rentabilizar el envejecimiento de las personas y tiene como "target" a los "babyboomers", que nacieron entre 1965 y 1975, y tienen un alto poder adquisitivo.

Con esto en mente, las compañías se esfuerzan en desarrollar nuevos proyectos, productos y servicios para satisfacer las necesidades y deseos de este grupo. En la actualidad, ya hay carteras de inversión que ofrecen títulos de estas características y que se venden como una apuesta rentable.

Pero los mayores no son solo contemplados como consumidores, sino que hay varias iniciativas que pretenden mantenerlos como agentes generadores.

 La discriminación laboral de los empleados de mayor edad es un hecho en muchos países desarrollados, en los que una persona de 50 años puede tener problemas para encontrar trabajo o incluso para seguir avanzando profesionalmente.

Para acabar con esto, han surgido programas de mentoría de seniors y jóvenes, proyectos para impulsar el emprendimiento de los seniors o la formación continua.

Más Noticias