Fotos / Cruzó el Atlántico solo en velero para ver a sus padres durante la pandemia

Esta es la historia del argentino Juan Ballesteros. Quedó varado en Portugal. Tras 82 días de travesía, el 17 de junio llegó a su país.

Por:  BBC / Agencias / La Nación / Fotos: La Nación

Por la pandemia del covid-19 el argentino Juan Manuel Ballestero quedó varado en un archipiélago portugués.

Ballestero, un navegante, socorrista, surfista y aventurero de 47 años, oriundo del balneario más famoso de Argentina, Mar del Plata, había comprado un velero de casi 9 metros en Barcelona, que convirtió en su hogar flotante, y se encontraba recalando en la isla de Porto Santo, en el archipiélago portugués de Madeira, cuando se enteró del cierre de las fronteras.

Ante el riesgo de quedar varado allí, Ballestero no lo dudó: "Ese mismo día decidí navegar a Argentina", contó  a BBC Mundo durante una conversación telefónica.

"¿Qué me iba a quedar, encerrado ahí? Quería volver a mi casa. Todavía estaría ahí sin poder ir a ningún lado si me hubiera quedado. Estaría en Porto Santo, solo".

Ballestero comenzó su aventura el 24 de marzo pasado.

Dijo que pensó especialmente en sus padres: Carlos, un excapitán de pesca de 90 años, y Nilda, de 82, que siguen viviendo en su ciudad natal.

"Pensé lo peor. Si este era un virus imparable, capaz era la última opción que tenía de volver a verlos", agregó.

BBC describe que armado de cartas náuticas y con la única asistencia de una radio de alta frecuencia (que transmite hasta unos 30 km de distancia) y un sistema de identificación automática (que muestra la ubicación de objetos cercanos), Ballestero comenzó su viaje el 24 de marzo.

Llegaron a decirle que lo que se proponía era descabellado, pero él responde aún: "Para mí no era una locura".

"Temí no ver nunca más a mi familia", señaló el navegante.

El citado portal señala que el osado navegante tenía motivos para estar confiado: ya había realizado con éxito un trayecto similar, desde Barcelona hasta Mar del Plata, en 2010.

En esa ocasión, el motivo de su viaje fue mucho menos épico: "Simplemente me quedé sin un duro y tuve que volver", cuenta entre risas.

Ballestero había estado navegando por Europa con otro velero, uno que adquirió con la indemnización que obtuvo tras ser arrollado por una furgoneta en Barcelona, en 2004. El accidente lo dejó en coma y tardó años en recuperarse de sus lesiones.

Para 2010 ya estaba nuevamente sano, pero se había gastado toda la indemnización, por lo que decidió volver con su velero "a casa".

El viaje transcurrió sin inconvenientes. Pero fue muy distinto al que decidiría encarar una década más tarde, en medio de una pandemia.

"Decidí venir a ver a los míos porque lo que se veía allá, en Europa, era algo terminal y mundial", dijo Ballestero a La Nación.

Sin escalas

Mientras en 2010 el argentino fue recalando de puerto en puerto, esta vez decidió hacerlo casi sin escalas por temor a contagiarse de coronavirus o a que retuvieran su barco en algún puerto.

Por este motivo, diagramó un recorrido de más de 10.000 kilómetros alejado de las costas. Su única parada sería en Cabo Verde, frente a la costa noroeste de África, donde cargaría unos bidones de combustible, por si tenía que navegar a motor.

El 12 de abril vio cómo las autoridades de este país le impedían atracar en sus costas. Siguió adelante, consciente de que debía racionar la comida (partió con 160 latas de alimento).

No faltaron sobresaltos en su viaje. Se vio perseguido por una embarcación que creyó que podían ser piratas; estuvo una semana varado en mitad del océano a la espera de corriente de aire para moverse al quedarse sin combustible; una ola de unos seis metros que tumbó el barco a los 48 días de viaje, cerca de Brasil. 

Finalmente, tras 82 días de travesía, el 17 de junio atracó en el Club Náutico Mar de Plata.Se le realizó un test de coronavirus y tras esperar 72 horas al resultado  dio negativo y se le permitió pisar suelo argentino. Se reencontró con su familia y pudo celebrar el Día del Padre con su progenitor.

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