El chaleco vegetal

Se trata de un chaleco hecho de un fieltro que retiene la humedad y en el que se incrustan las semillas.

Por:  EFE

Cuando la arquitecta paisajista Aroussiak Gabrielian estaba embarazada observó la capacidad de su cuerpo para producir y entregar a su hija los nutrientes que necesitaba.

Por entonces preparaba un trabajo sobre las maneras en que los seres humanos podrían aumentar sus capacidades o adquirir otras nuevas en el futuro, sobrepasando sus actuales limitaciones.

Gabrielian se preguntó si los seres humanos podrían utilizar sus propios cuerpos, no solo para alimentar a sus bebés, sino además como un soporte para cultivar sus plantas personales.

Imaginó una indumentaria especial que se nutriera con los fluidos corporales, para disponer así de una fuente adicional de alimentos, convirtiéndose en un nuevo ecosistema portátil a la vida vegetal y animal.

Así surgió, según la revista Fast Company, el diseño del Posthuman Habitats (PH), un chaleco hecho de un fieltro que retiene la humedad y en el que se incrustan las semillas.

Esta prenda funciona como un huerto portátil “de quita y pon” y podría servir de inspiración para ofrecer soluciones innovadoras para quienes vivan en un futuro planeta Tierra con escasez de alimentos, agua y tierras de cultivo.

Un lugar imaginado donde los suelos estarían degradados y la población tendría que llevar una vida más nómada, emigrando periódicamente para huir de  adversidades climáticas y ambientales.

HUERTO PORTÁTIL.

Los diseños de Gabrielian, profesora asistente en la Facultad de Arquitectura de la Universidad  del Sureste de California (https://arch.usc.edu) en EEUU y cofundadora de la agencia Foreground (www.foreground-da.com), se enfocan en los  hipotéticos futuros ambientales que podría enfrentar la Humanidad y ha recibido numerosos premios internacionales.

Su primer prototipo de chaleco vegetal consta de capas para cultivo y se cosecharon cuarenta variedades de plantas para preparar bocadillos vegetales, en una demostración de lo que, según Gabrielian, sería un ejemplo de la comida del futuro.

En él se cultivaron repollos, rúcula, brécol, rábano, lechuga, col rizada, cacahuete, guisantes, champiñones, cebollas y fresas, además de hierbas culinarias como salvia, romero y tomillo de limón, según Fast.

La mayoría de los cultivos fueron brotes tiernos, germinados o pequeñas hojas de plantas, sembrados en el fieltro, mientras que otras verduras fueron plantadas dentro del chaleco en pequeñas bolsas de tierra.

Según Gabrielian, cada chaleco funciona como un ecosistema abierto que interactúa con las criaturas del entorno y recibe los insumos que éstas generan.

El chaleco de fieltro especial, aloja en sus capas distintos tipos de organismos involucrados en la cadena alimentaria.

Al crecer hierbas, verduras, frutas, legumbres y hongos, éstos convierten el dióxido de carbono en azúcar y oxígeno mediante la fotosíntesis.

EL PH es el hábitat de insectos polinizadores que ayudan a regenerar la cubierta vegetal.

EN SIMBIOSIS CON EL SER HUMANO.

Este ecosistema se riega mediante la orina de quien lo lleva puesto, la cual se recolecta por medio de un catéter y se filtra hasta obtener agua al atravesar una membrana semipermeable, mediante una tecnología de la NASA llamada ‘ósmosis inversa’.

Los cultivos sembrados en el chaleco reciben los nutrientes y fertilizantes naturales procedentes de la materia orgánica de desecho de las propias plantas, que es procesada por gusanos y otros insectos y de los organismos muertos, que contribuyen a la capa de humus.

“Cuando no se llevan puestas, las prendas se colocan sobre unos soportes similares a maniquíes, conectados a un sistema que les proporciona soporte vital, irrigándolos con agua (orina almacenada y filtrada)  y nutrientes, y que lleva sensores que activan la bomba de agua cuando es necesario”, según Gabrielian.

La experta explica a Efe que, aunque este proyecto puede tener aplicaciones prácticas,  lo diseñó para ofrecer una narrativa alternativa del futuro más ética, inclusiva y justa que nuestros actuales paradigmas de existencia.

“Busco proyectar un modo de existencia ambiental que desmantele la idea del "excepcionalidad humana" y demuestre las complejas redes de vida de las que dependemos”, apunta.

“El proyecto también intenta repensar por completo los desechos, pasando a considerarlos como un recurso”, señala Gabrielian.

“Lo interesante es que, debido a que el proyecto se realizó en colaboración con expertos agrícolas y tecnólogos, su resultado ha sido un prototipo real y funcional”, remacha la arquitecta.

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