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Mundo
07:30 PM / 22/10/2019
Zuliano en Santiago: “El chileno vive un estrangulamiento económico”
Heilet Morales

Ana Karina Vásquez y Alejandro Bracho forman parte de la estadística. Ellos son dos de los 4,2 millones de venezolanos que partieron del país en busca de oportunidades, escogieron Chile, el "oasis" de Latinoamérica que hace apenas meses definía su presidente Sebastián Piñera, y que de la noche a la mañana se convirtió en un hervidero social que ya se ha cobrado 15 vidas.

Si bien las protestas comenzaron el viernes 18 de octubre por el alza del precio de la tarifa del Metro de la capital chilena, medida que el Gobierno suspendió, han ido derivando en un movimiento mucho mayor, que pone sobre la mesa otras demandas sociales.

Alejandro es periodista. Llegó a Chile hace apenas cuatro meses, comienza a estabilizarse y vive un déjà vu: “Los venezolanos estamos nerviosos y preocupados, aspirando a que esto no termine como Venezuela (...) Hemos revivido el pasado, colas en supermercado, colas en estación de gasolina, falta de transporte y en algunos casos cortes de agua y luz, aunque esto último ha sido de muy bajo porcentaje”.

Aunque está lejos de la zona de conflicto, vive en Quilicura ( a media hora de Santiago), reconoce lo que todos los analistas alegan como causa del caos: las profundas desigualdades en la sociedad chilena. “Este país tiene muchas ventajas y beneficios, los servicios no fallan, el internet es A1, de hecho muchísima gente vive de él; la inseguridad es muy baja, se vive bien".

Los destrozos en el Metro tomarán meses para recuperarlo, mínimo 120 días.

 

“Lo que ocurre no es porque hayan subido el Metro por 30 pesos. Viene ocurriendo desde hace 30 años. Tenemos el tema de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones), de las colas en las clínicas, listas de espera en hospitales, el costo de los remedios, los bajos sueldos”, dijo a la agencia noticiosa AFP, Orlando, un hombre de 55 años montado en una bicicleta durante las protestas. De hecho, la comisión presidencial de pensiones del   2015 destacó  que el 79% de las pensiones eran inferiores al salario mínimo y un 44% eran menores a la línea de pobreza.

Según reveló la última edición del informe Panorama Social de América Latina elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el 1% más adinerado del país se quedó con el 26,5% de la riqueza en 2017, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1% de la riqueza neta del país.

Los destrozos, especialmente en el sistema de transporte público, afectarán a la población con menos recursos económicos.

 

El periodista zuliano, incluso, detalla cómo es la diferencia de las clases sociales que asegura “están claramente demarcadas, la baja, la media y la alta. Los de la clase media son los que están reaccionando ante la imposibilidad de mantener un hogar”.

Santiago y la mayoría de las 16 regiones de Chile se encuentran en estado de emergencia y 10.000 militares y policías están conteniendo las violentas protestas, que podrían recrudecer, ya que la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), el sindicato más poderoso de Chile, y otras 18 organizaciones sociales convocaron huelgas y movilizaciones para el miércoles y jueves en Santiago.

En ese contexto, "los grupos anárquicos antidemocracia, anticapitalismo, antisistema de dominación, como se hacen llamar, encuentran un caldo de cultivo para generar violencia y han ocasionado bastantes daños", agrega el periodista zuliano.

El moderno siatema transporte público chileno puede costar 40 mil pesos al mes, más del 10% de un salario mínimo en Chile, tasado en 301 mil pesos, de hecho, según el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, la mitad de los trabajadores en ese país recibe un sueldo igual o inferior a 400.000 pesos.

Particularmente sobre el tema del Metro y su pasaje, detonante de las protestas, Bracho cuenta que “un dólar en Chile cuesta 720 pesos, si el pasaje lo suben a 830 costaría más de un dólar”, un duro golpe para una ciudad que “depende del Metro creo que en un 80%”.

Se necesitan 4 mil pesos al día para llegar a Rancagua, por ejemplo, localidad a una hora de Santiago, la capital. “El chileno está viviendo una etapa de asfixia económica. Los servicios han subido varias veces electricidad, agua, gas, pasaje y gasolina. Muchos chilenos viven endeudados y hay una alta tasa de suicidios”, agrega Bracho.

Los saqueos han hecho que los negocios permanezcan cerrados ante manifestantes que desafían, incluso, los toques de queda.

 

Tampoco son pocos los escándalos por corrupción. Ligado al medio periodístico, Bracho da cuenta de casos “en el campo militar y en el terreno político, sobre todo por evasión de impuestos. Esto en un contexto en el que si no pagas un pasaje del transporte público puedes ser multado con 30 mil o 50 mil pesos, lo mismo sucede si no se paga el agua, la electricidad, los servicios, ese acoso le molesta al chileno que en la prensa  ve cómo políticos roban millones, evaden impuestos y eso también ha incidido”.  

La educadora zuliana Ana Karina Vásquez también ha vivido de cerca los últimos desmanes. Ella forma parte del 24% de zulianos migrantes que prefieren Chile, de acuerdo con las cifras consulares del país austral.

Llegó en febrero del año pasado a Santiago, donde vive con su esposo, el ingeniero Javier Galué. Allá nació su pequeño Ignacio y ahorita mismo para ellos su preocupación es el acceso a los alimentos.  

Enormes colas se hacen en procura de alimentos en los pocos supermercados que permanecen abiertos.

 

Como si se tratara de una fotografía de la Venezuela de los años de mayor escasez, describe:  “Las colas de los supermercados son interminables, y los pocos locales que están abiertos ya no tienen los productos de primera necesidad”.

En medio de calles desoladas y con los signos de la violencia visibles, la maestra Ana cuenta: “Estuvimos caminando por los alrededores y solo logramos conseguir cuatro huevos y nuggets de pollo (…) No hay efectivo por ningún lado”.

Pero más allá de coincidencias coyunturales, entre aquella crisis y la nuestra, el periodista y y la educadora coinciden en que los saqueos de hoy y los que en marzo pasado, por ejemplo, se produjeron en el Zulia no son necesariamente parecidos. “Acá destruyeron todo. Los televisores que sacaban los quemaban”, cuenta la maestra Vásquez; mientras que el periodista Bracho agrega: “Los motivos de esta crisis en relación con la nuestra son comparaciones absurdas”.

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