Zuliana en Nueva York: Sobreviví primero al cáncer y ahora al covid-19

Ymerda Urdaneta vive desde hace un año en la Gran Manzana, donde se produjo el peor brote de coronavirus en EE UU.  "Trataba de inhalar y era imposible, para mí, salir de esto es un milagro porque no sé cómo respiraba", confiesa a PANORAMA.

Por:  Heilet Morales

Ymerda Urdaneta  sin duda tiene historias de vida y de fe para contarle a sus nietos.  Su testamento de vida más grande se escribe en dos episodios: derrotar al cáncer uterino hace cuatro años y ahora superar los duros embates en su respiración que le produjo el covid-19.

La batalla contra el cáncer fue en Venezuela, la del coronavirus lejos de su Santa Rita natal, ni más ni menos  que en Queens, el distrito más grande de Nueva York. A los 52 años, apenas un año después de haber llegado a la Gran Manzana, de la mano de su hijo Luis, ella ni siquiera es parte de la estadística de 1,4 millones de contagiados de Estados Unidos, porque nunca le practicaron la prueba, pero no hay duda: “Tuve coronavirus”.  

Todo empezó para Ymerda el 10 de marzo, cuando todavía EE UU no se había puesto en guardia ante la pandemia. “Fui a trabajar con una empresa de limpieza y demolición en el Bronx, en un edificio que se había quemado y ahí trabajamos como 40 personas, de las cuales 5 nos contagiamos con el virus, gracias a Dios todos lo superamos”, cuenta la zuliana a PANORAMA.

“El trabajo terminó el 17 de marzo y el día 21, por la noche, comencé con el malestar general, por la noche  tenía fogaje, en la madrugada me dio fiebre y dolor en todo el cuerpo.

En ese momento me imaginé que pudiera ser el virus porque nunca me da fiebre, y la tuve, yo estaba bien y de repente comenzó la fiebre, no era tan alta, 38 grados, pero demasiado malestar y escalofríos.

Tuve escalofrío y fiebre por 6 días. Sumado a eso apareció el dolor de cabeza, me ardía mucho la garganta, me tomé una fotografía y tenía toda la garganta blanca, luego me dio diarrea, me quedé sin olfato, sin gusto y entre 8 y 9 días empecé con la crisis para respirar.

Fui al hospital a los tres días de los síntomas, allá me auscultaron la garganta, me dieron unas pastillas para la fiebre, no me hicieron la prueba porque tenía todos los síntomas. Me dijeron: 'Debe irse a su casa y solo regresar al hospital si tiene dificultad para respirar'.

La prueba no me la hicieron porque me dijeron que era obvio lo que tenía porque presentaba todos los síntomas.

En ese momento ya se hablaba del coronavirus en el mundo, pero en EE UU no habían dado la orden del uso de mascarillas, cada quien se protegía como le indicaba su sentido común y la información que manejara.

La crisis respiratoria

De un día para el otro, del séptimo al octavo día de empezar a sentir los síntomas, no podía inhalar, ni exhalar. Era imposible, tenía una respiración muy, pero muy corta, me recomendaban que me pusiera boca abajo porque de esa manera los pulmones se comportarían mejor,  en una ocasión, en el noveno día, me fui a cepillar los dientes y me quedé ahogada, no podía respirar, entonces mi hijo, nervioso, llamó al 911.

La ambulancia llegó por mí y me llevaron al Hospital de Elmhurst, en Queens, donde vivo".

Ymerda tuvo en Luis, su hijo, un compañero en la batalla ante el covid-19.
 

—¿Pensó que podría pasarle lo peor cuando tuvo los días más críticos?

— Yo siempre confío en Dios. Estaba muy nerviosa, pero en vez de preocuparme me ocupaba, trataba de no esforzarme mucho, no podía hablar porque me ahogaba, no podía tomar aire, la verdad es que no sé cómo lograba medio respirar porque trataba de inhalar y era imposible, para mí salir de esto es un milagro porque no sé cómo respiraba.

Al llegar al hospital me auscultaron de nuevo, me dieron unas pastillas porque tenía fiebre y me pasaron a observación porque tenía la dificultad para respirar, pero estaba oxigenando bien, me indicaron que tratara de estar tranquilita y que me regresara a la casa porque en el hospital había demasiada infección.

Había muchísima gente, algunas personas contagiadas estaban pasándolas al respirador, otras temblaban por el frío, la fiebre, fue una escena muy fuerte la que vi en el hospital. Allá me dijeron que estando ahí podía infectar a más gente, además estaban copados, no tenían espacio y en una ambulancia volví a mi casa.

El hospital estaba prácticamente colapsado, demasiada gente en la emergencia. Ahí me tuvieron unas dos horas y media. Me devuelven a mi casa como hacen con todos los que tienen los síntomas del covid-19 porque  lo primero que le preguntan es  si tienen dificultad respiratoria, si dicen que no,  lo que recomiendan es quedarse en su casa para no colapsar más el hospital.

A mí me hicieron un diagnóstico clínico, nunca me practicaron la prueba. En el hospital todo es pago, aunque aquí atienden a todo el mundo, no le niegan la atención a nadie.

La etapa crítica del problema respiratorio duró cinco días. En ese tiempo estuve sin hablar, solamente me levantaba para ir al baño, moviéndome lo menos posible para no hacer un esfuerzo mayor.

Vivo sola con mi hijo, él se llama Luis Oviedo y tiene 30 años. Él fue mi enfermero, me atendía en todo lo que necesitaba. Estaba conmigo, él trabaja en un restaurante, pero ya había cerrado por la pandemia.

— ¿Cómo empezó a salir de ese cuadro, cuándo empezó a sentir una mejoría?

— La fiebre duró hasta el séptimo día del virus, los escalofríos también desaparecieron en ese momento. Luego de 15 días de empezar a sentir los síntomas y después de cinco días continuos con grave dificultad para respirar, desapareció como por arte de magia.

Lo único que sí me persistió fue la falta de olor y del gusto. El olor vino más rápido, como en una semana, pero el gusto demoró casi un mes y fue regresando paulatinamente.

Todo ese tiempo estuve con mascarilla para tratar de no contagiar a mi hijo, aunque eso es muy difícil, de hecho creo que también se contagió pero fue asintomático. En ocasiones me decía que le dolía el estómago y le decía que tomara  bicarbonato y limón, los remedios del pueblo. Es probable que le haya dado a Luis, pero muy suave.

Mi familia en Venezuela estaba muy preocupada, me escribían a diario, a toda hora y hubo otros (parientes), como mi mamá, que nunca supo nada, mi abuelita tampoco.  

— Usted además es sobreviviente del cáncer, ¿cómo compararía lo que vivió?

— En realidad el covid-19 es como una gripe en la que la peor parte es la dificultad respiratoria. Aunque en verdad los síntomas son un poco más de lo común,  en el caso del covid-19, pero el cáncer es otra cosa. Por los dos te puedes morir, pero un cáncer es mucho peor.

Tuve cáncer hace cuatro años, fue de cuello uterino, lo padecí en Venezuela donde me hice la histerectomía, me aplicaron 30 radioterapias, 6 quimioterapias y tres braquiterapia.

Me siento muy agradecida con Dios por todo, por su misericordia porque en verdad no todos sobreviven a este virus y además al cáncer”.

Nueva York…

"La ciudad en estos días ha empezado a moverse, aunque el gobernador Cuomo ha dicho que hasta el 13 de junio continúa la cuarentena. Esto cambió la vida de la ciudad".    

Más Noticias