Médico zuliano en Madrid: Pacientes con coronavirus tardaban 15 días en salir de UCI

El doctor Guillermo Dávila cuenta su experiencia ante el covid-19 en el Hospital 12 de Octubre, de Madrid, un complejo sanitario  que quedó desbordado para atender el “tsunami” de pacientes contagiados.

Por:  Heilet Morales

El médico zuliano Guillermo Dávila tiene 28 años, graduado en la Universidad del Zulia, partió a España hace cuatro años, él forma parte del “número” de la diáspora venezolana. Se fue a especializarse en cirugía plástica y reconstructiva, pero se encontró con una pandemia que vivió desde la línea de fuego de Madrid, se contagió del covid-19 y explica cómo se desbordó el sistema sanitario madrileño, donde el nuevo coronavirus se ha cobrado  la vida de más de 8.600 personas de los más de 27 mil contagios de toda España.

La historia  del doctor Dávila la vivió en el Hospital 12 de Octubre, de Madrid, un complejo sanitario  que quedó desbordado para atender el “tsunami” de pacientes contagiados que, en el caso de España, se multiplicaban por miles todos los días.  “El ‘12 de Octubre’ está en el sur de Madrid y es uno de los que recibe más personas en circunstancias normales, tiene alrededor de 1.000 camas de hospitalización que para el momento del inicio de la pandemia, a  principios de marzo, se vieron desbordadas (…) no estábamos preparados (…) hemos tenido que adaptarnos a la situación”.

El covid-19 ha puesto patas arriba los diferentes departamentos de un recinto hospitalario y un monstruo de las características del Hospital 12 de Octubre no iba a ser una excepción. De hecho Dávila califica de   “guerra” la batalla contra el coronavirus. “En momentos de guerra, por así decirlo, hay que elegir a darle la oportunidad de salvar a las personas que tienen mayor probabilidad de hacerlo, y eso es lo que ha pasado en la mayoría de los hospitales a nivel mundial en el momento de decidir entre un paciente u otro”.

En este sentido, introduce desde el punto de vista médico la delgada línea entre “jugar a ser Dios” en una crisis pandémica, la primera en un siglo, que desbordó a la humanidad.

“Teníamos que establecer, a través de un comité médico-ético que se creó qué pacientes podían ser candidato a una UCI y cuáles no, los que no podían tampoco es que se les dejaba sin atender o sin hacer nada, se atendían con los recursos que se tenían en ese momento (…) Si con los medios limitados se podía sacar adelante al paciente perfecto, pero si la cosa no iba bien y la persona no era candidata a ocupar una cama de cuidados intensivos, porque no es solo entrar a una unidad, un paciente internado en UCI tardaba alrededor de 15 días para salir de ella, entonces teníamos que distribuir bien los recursos para darle mayor probabilidad de vivir a las personas que sí tenían posibilidades de sobrevivir, eso desde el punto de vista ético-moral nos hace sentir un poco mal de tener que tomar la decisión de elegir entre una persona u otra”, cuenta el médico zuliano.

De acuerdo con un reportaje de Antena 3, la UCI del Hospital 12 de octubre ha sido una de las más golpeadas por el impacto del coronavirus. Este espacio que albergaba 38 camas al principio de la crisis llegó a reunir hasta 110 camas en los niveles más altos de la pandemia.

 “Desde el punto de vista médico siempre queremos darle la mayor oportunidad a todas las personas y ayudarlos, lo que pasa es que el funcionamiento normal del hospital se vio modificado totalmente (…)  Tenemos un paciente joven, sin mayor enfermedad , sin comorbilidades, que tiene una neumonía grave con insuficiencia respiratoria por coronavirus, ese es nuestro paciente A. El paciente B es una persona de 80 años, pluripatológico, con enfermedad cardiovascular, inmunodeprimido que tiene el mismo cuadro de deficiencia respiratoria. No teníamos camas disponibles para poder salvarlos a los dos en el momento inicial de la pandemia, por lo cual un paciente no era candidato a ventilación mecánica, a ir a una UCI por lo cual estamos de cierta manera decidiendo sobre la vida del paciente porque no podíamos atenderlos a todos”, Dávila define así el criterio para definir si un paciente era candidato o no para un respirador o en el peor de los escenarios una unidad de cuidados intensivos en una situación de colapso como la que supuso el covid-19.

Muchos de los casos que manejó el Hospital 12 de Octubre, enclavado en el sur de la capital española, donde hay una mayor densidad de migrantes, arrojó una experiencia en los casos que, sin evidencia científica y de manera muy subjetiva eran recurrentes, confiesa Dávila.  “Un número importante de los pacientes que presentaban complicaciones, era de origen latinoamericano y presentaban sobrepeso, era muy llamativo ver pacientes jóvenes que no evolucionaban de la mejor manera con la característica de que presentaban obesidad, pese a que de resto estaban sanos. Al fin y al cabo la obesidad es un estado de inflamación crónica. En el coronavirus los problemas que se producen a nivel respiratorio tienen que ver con una respuesta exagerada del cuerpo, quizás por allí pueda ir la predisposición que pueda tener una persona que tenga obesidad para que la evolución de la enfermedad en ellos  sea peor”.

La enfermedad

Como parte del equipo que puso pecho para atender la crisis, el médico zuliano graduado en LUZ, pese a tener la protección necesaria no escapó a la enfermedad, aunque de forma leve, probablemente pertenecer al grupo etario  de bajo riesgo a sus 28 años jugó a su favor.  De hecho, en España la tasa del personal sanitario contagiado por coronavirus supera los 50 mil casos, según los datos del ministerio de Sanidad.

“El 14 de marzo comencé con una sintomatología leve, menores que un resfriado normal, con dolor de cabeza, malestar generalizado y fiebre, pero febrícula, menor de 38°  con lo cual se podría confundir con un cuadro resfriado normal típico de las temporadas de frío en que comenzó la pandemia”, cuenta.

Desde el punto de vista del conocimiento médico agrega: “Sabemos que este es un virus respiratorio que da sintomatología leve y en algunos casos se puede complicar se ve sobre todo en determinados grupos etarios y con distintas patologías que puedan complicarse. Una persona joven, sana sin ningún tipo de patología enfrenta la enfermedad de una manera distinta a una persona de edad avanzada o que padezca otra enfermedad, bien sea desde el punto de vista cardiovascular, oncológico o algún tipo de inmunodepresión”.

De dónde venimos

De cara a la experiencia que se vivió en España y siendo ahora América Latina el nuevo epicentro de la pandemia, Dávila reflexiona: “Tenemos que saber de dónde venimos para ver hacia dónde vamos. Ya tenemos la experiencia de Europa, donde dijimos: 'Eso fue en China y no va a llegar aquí' y nos tomó desprevenidos”.

En particular sobre el caso Venezuela, opina que las medidas de confinamiento  comenzaron muy pronto, “eso tiene aspectos positivos y negativos. En lo negativo, para tomar medidas y salir del confinamiento nos vemos un poco más limitados porque no sabemos qué casos tenemos y cómo pueden ir evolucionando y, desde el punto de vista positivo, la manera de parar la pandemia desde el punto de vista médico, humano y socioeconómico es evitar que los servicios sanitarios se vean saturados”.

Agrega:  “Si en Venezuela se van presentando casos nuevos la mejor manera de evitarlo es hacer un diagnóstico precoz,  personas con sintomatología y con antecedentes epidemiológico compatible hay que hacerles la prueba, hecha la prueba buscar sus contactos para evitar que se propague. Lo fundamental para hacer frente a la pandemia es hacer un diagnótico precoz y aislamiento de las personas de mayor riesgo".  

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