Fotos / No sabes a qué te enfrentas: venezolano retrató el drama de Guayaquil

El caraqueño Ángel de Jesús relata parte de lo vivido en la ciudad ecuatoriana en la que se han registrado más de 2.000 muertos por el coronavirus.

Por:  Juan Pablo Azuaje / Fotos: Ángel de Jesús

Ángel de Jesús es un venezolano más de los casi 5 millones de la diáspora. Partió hace casi 3 años y desde el periodismo y su lente le tocó cubrir probablemente la cara más dura del coronavirus en América Latina: la de Guayaquil.

Este fotógrafo caraqueño relata parte de lo vivido en la ciudad ecuatoriana en la que se han registrado más de 2.000 muertos por el covid-19. “Vi  urnas en las camionetas. Todo era improvisado, urnas en camionetas Pick up, también en los techos de los carros. Los familiares rodeando los cuerpos en las camionetas y yo me sentía en shock porque estaba expuesto a algo que está ahí, pero que no sabes cómo enfrentarlo; porque es algo desconocido. Yo salía con tapaboca, guantes, de manga larga, con sombrero, pero igual no sabes a qué te estabas enfrentando”.

El periodista que trabaja en la Alcaldía de Guayaquil cuenta cómo “pasaba por los cementerios y estaban repletos. Familiares con  cajas, porque ya no había  ataúdes de madera y mientras eso pasa en la ciudad, dentro de ti son muchas otras cosas las que  pasan. Un día fui al supermercado y estaba súper full y entré como en la angustia de saber ¿qué tantas cosas llevo? ¿cuánto puede durar esto?”.

“El primer caso de covid-19 en Ecuador fue el 29 de febrero. Yo venía de una comunidad que se llama Cerritos de Los Morreños.  El primer día que nos mandaron a quedar en casa vi gente de lo más normal en la calle, pero poco transporte público. Los supermercados estaban full, porque la gente no sabía lo que podía pasar. Con el paso de los días la cosa se intensificó, los hospitales comenzaron a colapsar, a llenarse las emergencias,  comenzaban a hacer escasas las ambulancias.

“Vi un cadáver a las afueras de una clínica ambulatoria privada. Tenía policías alrededor y un familiar llorando; fue impactante”.

Parar la ciudad era muy difícil, porque Guayaquil es el corazón de Ecuador. Hay muchas empresas, emprendedores y la primera impresión de la gente fue el bolsillo, la plata. Hay mucha gente que vive del día a día.

Los primeros días volvía con la incertidumbre de esperar 15 días para saber si tenía o no el virus y así era cada día. Era pensar en qué pasaría en los próximos 15 días. Me cuidaba y me cuido, pero el virus es algo que uno no ve.

Trabajo en el municipio Guayaquil y he entregado kits alimentarios. Me tocó llevar cajas con alimentos a la gente y es, sin duda, una de las grandes cosas dentro de mi trabajo y más en esta pandemia, porque esa cara de alegría que ves en la gente, a pesar de la situación, era maravillosa y el poder hablar y fotografiarlos es una gran satisfacción.

Hubo dos familias a las que se les quemó la casa y fui con la Fundación Teletón. Pude ver lo que pasaba y publicamos las fotos, gracias a eso y a pesar de la ayuda de la fundación me contactaron empresas que quisieron  apoyar de una manera. Esa es la función de un reportero gráfico, estar en la calle y poder con lo que hacer ayudar de alguna manera.

En una ocasión pasé por  un cementerio y  me impactó la fila de carros y era una urna tras otra. A un lado de la calle, a mitad de acera había una persona sentada con una caja de ataúd esperando que le entregaran el cuerpo para meterlo allí.

En Venezuela yo cubrí protestas, pero esto es totalmente diferente; porque sabías a lo que te ibas a enfrentar y te preparabas. Aquí salía con mascarilla y lentes, pero no sabías quién tenía y quién no portaba el virus y, obviamente, aunque no quieras eso afecta y obviamente llegaba a la casa pensando en que tenía que esperar 15 días para descartar el contagio.

En mi casa siempre tenemos unos tobos. Uno con cloro y agua, uno para echar la ropa sucia y uno para los equipos fotográficos,  esto es  parte de las medidas de higiene que tengo. Ya han pasado tantos días que ya no pienso tanto en esos 15 días, como lo tenía metido en la cabeza al principio.

Otra cosa era tener la cabeza aquí, en lo que pasa, pero también en familia en Venezuela. Cuando se enteraron que mi novia tenía síntomas y malestares, mi mamá entró en pánico, primero porque ella pudiera tener coronavirus y segundo porque yo salía a la calle y estaba expuesto. Ella no me demostraba esa debilidad, pero yo hablaba con mis hermanos y me decían que ella estaba muy preocupada, que me cuidara, que lloraba mucho.

A eso le suma que con la cuarentena en Venezuela, mi hermana tuvo que cerrar su negocio y pues eso para mí es una responsabilidad mayor, porque yo quiero ayudar más económicamente.

Con mi familia manejo el tema con cuidado, yo también temo mucho que ellos puedan contagiarse y siempre hablamos. Tengo el miedo que el virus detone y como están las cosas allá es muy preocupante, por eso siempre hablamos de que hay que cuidarse. Hablo a diario con ellos y les digo que eviten salir, que salgan con las medidas necesarias, que cumplan los mismos protocolos que yo cumplo. Que dejen el virus fuera de la casa, esa es la única forma de combatirlo.

A mi familia siempre la llevo conmigo. En mi billetera siempre llevo una protección que era de mi papá, que se la dio mi abuela y siempre está conmigo. Aquí en mi casa tengo como un altarcito en el que están Jesucristo, el doctor José Gregorio Hernández, san Miguel Arcángel y todas las noches hago una oración y siempre me digo que mañana será un día mejor y me acuesto con esa frase. Cuando salgo de la casa le digo a Dios que me acompañe y me lleve por el mejor camino.

En mi uniforme diario no podía faltar mi sombrerito militar, sin eso y sin la mascarilla me sentía incompleto. Habilité dos monos y dos jeans, el mismo par de zapatos que ya los cambié porque se me rompieron de la pela que les di y como cuatro camisas todas manga larga y una encima para salir.

  Yo espero que todo esto pase. Mientras me cuido y busco mostrar no solo mi trabajo, sino todo lo que sucede como una manera de contribuir, porque incluso a veces ese tipo de fotos ayudan a que otras personas tomen previsiones o también mostrar esa realidad y poder ayudar a esas personas. Ese es el trabajo de uno como periodista”.

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