El dolor oculto del virus: estigma, culpas y vergüenza

Bella Lamilla es un ejemplo de cómo para los pacientes y su familia, el coronavirus puede venir acompañado del estigma y la revictimización.

Por:  AP

Nadie debería haber sabido el nombre de Bella Lamilla.

Pero a las pocas horas de su diagnóstico como “paciente cero” del coronavirus de Ecuador, estaba circulando en las redes sociales junto con fotos que mostraban a la maestra retirada inconsciente e intubada en una cama de hospital. Su familia, numerosa y unida, vio con horror cómo comenzaba a desarrollarse una doble tragedia: Mientras Lamilla luchaba por su vida en cuidados intensivos, unos desconocidos empezaron a destrozar su reputación en internet.

“Sabiendo q tenía eso la vieja esa y no le importó andar bien campante x las calles sin importarle su familia”, comentó una persona en Facebook.

“Fue feo” dijo Pedro Valenzuela, de 22 años, el sobrino nieto de Lamilla. ”Duele mucho”.

La creciente pandemia global ha puesto a prueba los intereses de la salud pública y de la privacidad, con miles de personas y familias experimentando tanto enfermedades físicas como el estigma menos discutido que puede venir con ellas.

Lamilla es un ejemplo de cómo para los pacientes y sus seres queridos, el coronavirus puede venir acompañado del estigma y la revictimización. Es la otra cara de las historias que han surgido sobre la solidaridad y las buenas acciones: desafortunadamente, la pandemia también está sacando a relucir el lado más oscuro de algunas personas: el miedo, la ira, el resentimiento y los prejuicios.

En India, algunos médicos han denunciado haber sido desalojados por los propietarios de las viviendas que rentaban por temor a que transmitieran el coronavirus a otros inquilinos. En la ciudad de St. Michel, en Haití, la gente apedreó un orfanato después de que un voluntario belga fuera diagnosticado con Covid-19.

En Indonesia, una de las primeras enfermas de Covid-19 fue sometida a insinuaciones crueles, señalando que contrajo el coronavirus por trabajo sexual.

Los psicólogos dicen que estas actitudes obedecen a un viejo instinto de protegerse a uno mismo y a sus familiares de contraer una enfermedad potencialmente letal, y la creencia, por infundada que sea, de que quienes la contraen tienen cierta responsabilidad.

“La enfermedad es uno de los temores fundamentales que los humanos han estado enfrentando durante toda su evolución”, opinó Jeff Sherman, profesor de psicología en la Universidad de California en Davis. “No es realmente sorprendente que sean hostiles hacia alguien que creen que es responsable de traer la enfermedad a su comunidad”.

Bella Lamilla se mudó a España hace tres años para disfrutar de la jubilación. Acompañaba a una hija y tres nietos en un tranquilo suburbio de Madrid. Al menos una vez al año volaba de regreso a Ecuador, donde una bandada de familiares la recibía en el aeropuerto.

El 14 de febrero hizo el vuelo de 12 horas a Ecuador y pasó frente con las autoridades de inmigración, sin que le hicieran preguntas, a pesar de que comenzó a tener fiebre.

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