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Mundo
09:33 AM / 09/01/2019
Centenas de miles de fieles acuden en Manila a la procesión del Nazareno negro
AFP
AFP

Centenas de miles de fieles participaron este miércoles en Manila en la procesión anual del "Nazareno negro", con la esperanza de tocar la imagen, dotada según los creyentes de poderes milagrosos, en una de las manifestaciones más impresionantes del culto católico.

Al menos 800.000 personas participaron en la procesión, según datos de la policía filipina.

Los creyentes se apelotonaban tratando de alcanzar la imagen, transportada sobre una plataforma metálica a lo largo de siete kilómetros por las estrechas calles de la capital de Filipinas.

"Sobreviví a un derrame cerebral gracias a él [Dios]. Haré esto cada año hasta que tenga 100 años", declaró Joaquin Bordado, de 70 años, quien lleva décadas asistiendo a la procesión.

"Dios me ordenó hacer esto y no me siento cansado", agregó, vestido con una túnica hasta los tobillos y luciendo una cruz hecha de alambre de púas.

En torno a él, la gente cantaba "¡Viva Nazareno!", jaleando y tratando de tocarlo, o haciéndose fotos con la imagen del Cristo.

- 'Un ritmo de paz' -

Los fieles, algunos descalzos como muestra de penitencia, trepaban unos sobre otros para tratar de tocar los paños de la imagen, que debe su nombre a su color oscuro.

Según la leyenda,la imagen sobrevivió a un incendio del navío que la transportaba desde México en el siglo XVII.

Horas después de que empezara la procesión, la Cruz Roja anunció que había decenas de heridos, algunos víctimas de desmayos o de cortes. Cada año, cientos de personas resultan heridas. A veces hay incluso muertos.

"Participar en la procesión es muy peligroso. Cuando ves a la gente echándose hacia adelante, es muy estresante", declaró Angelica Alcantara, una estudiante de 21 años.

"Mucha gente joven hace esto por diversión pero [este acto] trata de la fe en Dios", añadió.

La procesión, que dura unas 20 horas, es vista por algunos como un acto que se acerca demasiado a la idolatría y un riesgo innecesario para la gente que acude cada año.

Pero funcionarios eclesiásticos afirman que se trata de una expresión vibrante de la fe en un país de 105 millones de habitantes, la gran mayoría, cristianos.

"Cuando ves esto desde fuera, no escucharás, verás o sentirás esa fe. Solo verás caos", dijo el padre Danichi Hui, párroco en la iglesia Quiapo, donde termina la procesión.

"Pero dentro hay un ritmo de paz. Hay serenidad", declaró a la AFP.

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