Análisis / El Riesgo Planeta y el Covid-19

¿Hasta cuando el confinamiento será una alternativa?  El financiamiento global y nuevos roles del Estado frente a la otra crisis del virus: la económica.

Por:  M. Delgado Marcucci 


Al alza, como si del riesgo país de Venezuela se tratara, amanecen todos los días los índices de casos del Coronavirus en el mundo y, lamentablemente, los decesos también.

Por ahora potencias, naciones emergentes, colonias y hasta los más subdesarrollados parajes de La Tierra están enfocados en contener la expansión del virus y sus efectos mortales en la población (bueno, eso a excepción de algunos escépticos que consideran que los que tiene que morirse pues que se mueran -Bolsonaro dixit-). 

Pero a medida que las semanas pasan y la economía mundial se paraliza por una orden global de aislamiento y confinamiento, ya comienzan a preocupar los efectos nefastos en la recesión económica que le sobrevendrá y en cuánto tiempo será posible superarla (incluso sostener la cuarentena).

La firma Ecoanalítica calcula que se perderán 860 mil millones de dólares. Los flujos comerciales de inversión extrajera se desmoronarán hasta 40% y nada más que 25 millones de personas en el mundo se quedarán sin empleo.

A esto, las siempre desastrosamente proféticas clasificadoras auguran que Mexico vivirá la recesión más pronunciada de su historia de 8%. La previsión inicial del Bank of America fue de 4,5% pero además del nefasto Covid-19, la crisis en los precios del crudo también puso su parte en el desastroso augurio económico para los aztecas.

Su presidente, Manuel Lopez Obrador, sin embargo descartó una moratoria o incluso posponer pagos de la deuda de su país porque, según dijo, estaban en condiciones de seguir pagando. Además para el 2021 podría su economía podría recuperarse en 4,5%, según reportó la siempre juiciosa Reuters.

Dichoso él y los mexicanos, porque es obvio que Venezuela es la nación del globo terráqueo que más duro le va a golpear la recesión mundial por la sencilla razón de que ya tenía otro año terrible para su pertrecho PIB que ha tolerado seis consecutivos de recesión acumulando una pérdida del 70%. ¡Eso sin coronavirus! Ahora imagínense con sanciones, derrumbe histórico de precio de crudo (13 dólares por barril con una exigua producción de apenas 600 mil barriles al día, y que según la misma Ecoanalítica serán 378 mil en diciembre de este año), más los consabidos  efectos de la pandemia. 

Varios economistas nacionales han alzado su voz para pedir medidas urgentes tanto al gobierno como a la oposición, y también a la comunidad internacional.

Más allá de las sanciones

Francisco  Rodríguez y Víctor Álvarez han solicitado reiteradas veces el replanteamiento de las sanciones internacionales al país, la posibilidad de vender el crudo por razones humanitarias a través de organismos neutrales y el acceso a las cuentas bloqueadas. Han pedido a la dirigencia nacional cordura para alcanzar un acuerdo nacional que permita salir de esta gravísima coyuntura.

Otros exministros del chavismo, como Rafael Ramírez y Hector Navarro, también se han pronunciado. El primero llamó este domingo a la conformación de una junta Patriótica siguiendo algunas pautas de la Constitución, con la mira puesta en la crisis que como bien define Álvarez (también exministro) podría pasar de sanitaria a “catástrofe humanitaria”.

Miraflores también tendría que hacer lo suyo y, por ejemplo, reducir el encaje legal a la banca y revaluar el cobro de impuestos para tratar de paliar el drástico momento, según Alvarez.

Maduro, confiado en que su gestión podrá sortear la terrible pandemia indemne, ha dicho que después de superado el coronavirus el mundo necesita un nuevo acuerdo para los precios del petróleo y volvió a apelar a su siempre fiel aliado en el Kremlin para que esto sea posible. 

Claro de nada vale que los precios se recuperen si Venezuela no logra levantar su producción petrolera y eso requiere de más que buenos deseos.

Otra dura prueba para el país, así como para todos sus vecinos, es una larga cuarentena. Sobre ello advierte el analista Carlos Torrealba, quien asegura que “si no se cambia el enfoque hacia uno que considere de forma conjunta a la gente, a la sanidad y a la economía, lo que se gane con la cuarentena y el distanciamiento social se perderá y la posibilidad de avivar nuevas oleadas de contagio será una realidad. No creo que haya países que resistan 3 o 4 meses con una economía paralizada. En Venezuela la situación es más problemática, porque más de la mitad de la población vive al día, por ello es que sigue habiendo tanta gente en las calles, particularmente en las zonas populares”.

Lo cierto es que la pandemia coloca todo de cabeza, no solo para Maduro y para la pobre Venezuela, sino para todo el planeta. Parece casi un consenso que se requerirá un gran plan de financiamiento mundial, quizás menos local y más solidariamente global.

“La pandemia ha llevado a la economía mundial a un declive económico que exigirá una enorme financiación”, admitió la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva. Para ella lo que se ha puesto a prueba una vez más, según dijo,  es la resiliencia de la economía mundial. “Los países víctimas del virus ya han ejecutado importantes acciones de corte económico para proteger a las empresas y también a sus ciudadanos. En mayor o menor medida, se busca pasar la nueva recesión, que podría no tener precedentes”.

Y efectivamente no tiene precedentes y algunos intentan compararla con la gran depresión del 29; y la siempre inefable JP Morgan asoma incluso que puede ser peor que la crisis financiera del 2008.

Sin embargo, las medidas abordadas por las naciones en cuestión han sido similares unas a otras: apoyo a las pequeñas y medianas empresas, refuerzo de los presupuestos de salud y defensa de los puestos de trabajo, además de bonos destinados a las familias. 

Los Estados Unidos, por ejemplo, en detrimento de su ya inmenso déficit fiscal de un millón de millones, pero sacando provecho de ser los únicos cuya deuda no es descalificada jamás, signaron un paquete de ayuda de millones de millones de dólares. Algo que Europa, aún sumida en la larga cuarentena, no tiene la holgura para poder hacer.

Los organismos multilaterales han comenzado a pender las alarmas también y el Banco Mundial ya destinó un préstamo para países de America Latina. Entre Las primeras beneficiadas, con $35 millones, se encuentra  la endeudada Argentina (que a diferencia de México, sí decidió postergar el pago al FMI por la emergencia del Covid-19). Los otros dos fueron Paraguay y la golpeada Ecuador, cada uno con 20 millones de dólares.

“Aún no hemos comenzado a ver la verdadera dimensión de lo que ocurre, ni cuál será su impacto real en los sectores más pobres y desprotegidos, pero sabemos que ese impacto pronto será una consecuencia más del coronavirus.

Familias

 A la gente hay que darle esperanza, pero a la esperanza hay que alimentarla con acciones”, confesó, a través de su blog, Humberto López, Vicepresidente en funciones y director de Estrategia y Operaciones del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

“Al mismo tiempo que estamos trabajando en atender la emergencia sanitaria, nos encontramos ya trabajando en la siguiente fase donde tendremos que afrontar el impacto social y económico de la crisis. Y no nos engañemos, las necesidades van a ser inmensas en el medio y en el largo plazo”, añadió López quien destacó “la emocionante ola de solidaridad que recorre las calles de nuestras ciudades y pueblos”, la misma que, a su modo de ver, debería estimularse con más recursos.

Para sorpresa de la región, Perú anunció un inédito plan de estímulo para la economía de su país con una inversión de 25 mil millones de dólares, el 12% del PIB inca, anunciados por su ministra de Economía y Finanzas, la millenial María Antonieta Alva, quien aseguró que "el impacto económico de lo que está sucediendo no tiene precedentes y el plan económico que tenemos que aplicar es un plan sin precedentes". 

En una primera etapa de contención se gastarán $8.500 millones, después una segunda fase con igual monto pero destinada a las empresas  y los últimos $8.500 serán destinados a la reactivación.

Con una inflación escurridiza a medición alguna, por razones de confinamiento y cierres de locales,  y la amenaza terrible del creciente desempleo global (solo en EE UU ya supera los 10 millones de personas), el coronavirus tiene en la mira en el continente rey de las desigualdades a la economía informal y a los cada vez menos visibilizados trabajadores domésticos latinoamericanos, que según reporte de la OIT de 2016, citado por Reuters, estiman en 18 millones, de ellos el 90% mujeres sin mayores amparos laborales. 

El #quedateencasa resulta impensable más allá de la clase media. Esta masa de niñeras, jardineros y empleadas domésticas no tienen más remedio que subirse al transporte público (los más afortunados con una mascarilla) y ganarse el pan de cada día.

Para el Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, lo que esta crisis “está demostrando el error fundamental del liberalismo y es que los mercados por sí solos no la pueden manejar, por eso estamos acudiendo al Gobierno. Los mercados tampoco nos prepararon porque siempre tienen una visión incompleta de los riesgos”.

En tono más filosófico y hasta esperanzador declaró a El País de España, Larry Fink, CEO de la mayor firma gestora de activos del mundo BlackRock, “cuando salgamos de esta crisis, el mundo será diferente. La psicología de los inversores cambiará. Los negocios cambiarán. El consumo cambiará. Y confiaremos más profundamente en nuestras familias y entre nosotros para mantenernos a salvo”. 

¡Que así sea y al menos tanta crisis y tanta pérdidas habrá  valido de algo!

Más Noticias