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Víctor Cámara a FACETAS: Me siento siempre joven
09:00 AM / 14/04/2017 Archivo de Facetas
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Nunca parece envejecer y eso lo disfruta el actor de teatro y televisión venezolano Víctor Cámara. En esta entrevista recordamos lo que dijo a FACETAS en 2006, cuando grababa la telenovela Soñar no cuesta nada, por Venevisión:

Alegre y conversador, Víctor Cámara atiende el teléfono celular. “Mi pana estoy camino al aeropuerto internacional de la Ciudad de México, voy de fin de semana a mi casa en Miami”, alcanzó a decir antes de iniciar la entrevista con Facetas. “Creo que tenemos como treinta minutos”, aclaró. 

Cámara es de los artistas que evade las conversaciones atropelladas. Sin embargo, esta vez, el tiempo le hizo una mala jugada. Se comprometió a hablar de su carrera y vida personal cuando llegaría retrasado a tomar el avión.

Fue una entrevista en tres tiempos. Primero, 30 minutos: Chequeo de boleto. Luego, 20 minutos más: Inmigración y, finalmente, 10 minutos: embarca al avión. En resumen, las palabras fluyeron. En ninguna de las interrupciones dejó de ser cortés y amable. Al contrario, fueron muchas las disculpas ofrecidas.

Nada de divismo. Lógico, no se trata del galán recién salido de las filas de un concurso de belleza, ni de un reality show. Pertenece a la generación de las mejores telenovelas hechas en Venezuela como Topacio (1984), La intrusa (1987), entre otras.

Sigue vigente y sin arrugas. Joven y protagonizando. Venevisión transmite su reciente trabajo, Soñar no cuesta nada, a la 1:30 de la tarde. 

El galán está radicado, desde hace seis años, en Miami, Estados Unidos y, en menos de un mes, viaja constantemente a Ciudad de México, donde fue requerido para uno de los papeles principales de la telenovela Amor secreto, de TV Azteca. “¡Que suerte tengo!”, respondió al ser cuestionada su permanencia en las telenovelas. 

—30 años en la actuación siendo protagonista. ¿Hasta dónde llega su capacidad de personificar?

—Imagínate, te voy a contestar haciéndome yo la pregunta. ¿Qué opino de un actor que tenga tanto años en la carrera y siga protagonizando? La respuesta es sencilla: Hay actores que tienen una tipología para un personaje específico y se encasillan. Yo he tenido la fortuna de tener la tipología de galán e igual me he encasillado, pero en mi caso me conviene. Te explico: económicamente he sido muy bien remunerado. Tengo una imagen de exportación. Consigo mayor proyección porque en cada novela tengo el mayor peso porque soy el protagonista. En conclusión, para mí no ha sido malo ser protagonista durante tres década de carrera.

—¿Está agradecido?

—Los protagonistas no son personajes que, histriónicamente, el actor pueda sentirse agradecido. Son papeles que están ajustados a un esquema y dentro del género cumplen una función muy específica. Llevan la responsabilidad, en sus ojos, de la imagen, el éxito o el fracaso del proyecto dramático. Lo que te quiero decir es que ser protagonista no es ser bonito y ya. Tiene mucha responsabilidad, mucho trabajo, más escenas, más entrevistas, viajes y un itinerario muy pesado.

—¿Se le puede cuestionar su capacidad de interpretar porque el escritor César Miguel Rondón dijo, en un libro, que en la telenovela Topacio quedó claro que usted es el galán de la familia Cámara y el verdadero actor es su hermano Carlos?

—Yo he hecho mucho teatro y unitarios. Vengo de una familia de actores. Mis abuelos fueron actores, mis padres también. Creo que sí tengo bastante capacidad de interpretación dentro de este medio tan difícil. Lo que sucede es que mi rol de galán no tiene mayor oportunidad de demostrar versatilidad histriónica. Los escritores siempre crean a los protagonista un poco acartonados, es más culpa de ellos que mía. 

¿Ha pensando en lo que opina el público?

—La calidad histriónica de un actor sólo se puede medir, percibir y criticar entre compañeros actores, quizá el público no se mete mucho en eso. Los espectadores pueden señalar quien es el bueno y el malo, pero no con tanta profundidad como lo evalúa un director. Incluso, pasa que un actor es excelente pero, lamentablemente, no traspasa la pantalla porque no tiene feeling, carisma.

Usted cómo se considera: mal actor y carismático o buen actor y sin carisma. ¿Cuál es su ecuación?

—He tenido la suerte de tener 30 años en pantalla, de cuales 22 he estado protagonizando. Puede decir que mi ecuación es: un poco de suerte, una cuota de carisma y un alto porcentaje de talento. No quiero ser pedante ni vanidoso porque soy una persona muy sencilla y humilde, pero creo que mis años hablan por sí solo de mi profesionalismo. Cualquier actor venezolano no puede decir que tiene 22 años protagonizando. Pocos galanes venezolanos han protagonizado tantas telenovelas como yo. Eso se lo debo al carisma. No puedo salir con que he permanecido en ese puesto porque soy buen actor, eso me queda feo. El público me ha apoyado.

—No queda duda que es el eterno galán. ¿Cuál es el pacto?

—No hay ninguno. En todo caso, se lo debo al público que me abre su corazón y me aceptan en sus casas.

—¿Se siente quemado?

—En Venezuela tuve la oportunidad de realizar una novela tras otra. Estuve en pantalla en el mismo horario y no entiendo como el público, gentilmente, no se cansó de mí. Desde entonces, me quedó claro que son los espectadores quienes tienen la última palabra y estaré mientras ellos lo permitan.

¿Se conformó?

—Aunque yo haya trabajado para subsistir —algo lógico porque tengo que vivir y me gusta ganar buen dinero—, eso no quiere decir que en algún momento he olvidado que me debo a los espectadores. Yo aprendí que en el medio televisivo, a pesar de que estés atravesando por los peores momentos de tu vida, siempre hay que dar la cara y una sonrisa cuando se encienden las luces y las cámaras.

Tiene la buena suerte de que la naturaleza fue generoso con usted. ¿Está dotado de buena piel?

—Sabes, cuando la gente me dice: ¡Oye Víctor, qué bien te ves. Qué conservado estás! Descubro que la televisión tiene una cuota extra de sacrificio, la belleza. Yo no puedo ser hipócrita y decir que siempre he sido bello. Como otros compañeros, me he sometido a un régimen alimenticio.

— Y a las cirugías también.

—Aún no me sometido a ninguna y eso me da más longevidad de vida artística.

—¿Se presenta rejuvenecido en la telenovela mexicana?

—Como en todas las que comienzo. En cada una de las telenovelas que participo luzco más joven que antes. Tengo suerte. Eso es lo que me permite estar vigente. Si me pregunta cómo, no sé. Cada vez que inicio un nuevo proyecto adelgazo, me emociono. Un nuevo reto en mi vida me motiva a verme bien y a sentirme joven.

—Tenía 19 años que no trabajaba en México. ¿Está nervioso?

—Las novelas que he hecho en Miami se han visto en México, al menos eso me pone en ventaja con el público de este país. Sin embargo, el sistema de hacer telenovelas en México es muy extraño para mí porque se trabaja de otra manera, es otro el equipo técnico. En este caso, tengo de mi lado al director que es venezolano (Renato Gutiérrez) y al productor (Ivor Manríquez).

Su papá está en pantalla, en Televisa, al igual que su hermano Carlos. ¿Ellos se la ponen fácil?

—No mucho porque seremos competencia en cuanto a empresas, yo estoy contratado por TV Azteca. Pero en realidad no existen rivalidades. Estoy muy contento de que los Cámara nos posicionemos en un mercado como el mexicano. Eso me tiene feliz. 

¿Cuál es la referencia de mayor peso que viene de su papá?.

—Mi papá fue criado por Lupita Lázaro, una primera actriz, una mujer que hablaba siete idiomas y fue la dama joven de la radio venezolana durante muchos años. Ella fue la instructora, maestra, amiga de mi padre en su fogueo profesional en la radio. Esa es la mayor herencia que yo puedo tener de mi padre. Incluso, tengo un legado artístico que viene desde mis tatarabuelas (Lázaro y Hernández), quienes fueron las primeras actrices en España. Ellas están en un libro de efemérides como las primeras actrices.

Para usted, ¿la actuación debe ser una batalla ganada?.

—No. Estamos en la batalla. La actuación es una batalla para toda la vida. Todos los días se aprende algo. En todos los personajes existe un nuevo reto y en los actores hay nuevos valores.

—¿Cómo ha sido su evolución?

—La madurez te da mayor aplomo escénico y seguridad para asumir nuevos retos. En televisión, el género dramático se repite con facilidad y más ahora. Las novelas siempre son iguales porque cumplen con una fórmula que, si se quiere, se puede actualizar, pero no sucede.

—¿Tiene una meta en deuda?

—La meta más importante es vivir y tener calidad de vida. Eso abarca en la connotación felicidad y tranquilidad. Quiero hacer algo en función de un gremio que mejore la respetabilidad. Ahorita, en la televisión gana el esnobismo. Creo que los actores venezolanos necesitan un mayor refugio en la tercera edad. No hay un respeto hacia la vieja guardia, los que tienen 40 años en este medio.

Alegre y conversador, Víctor Cámara atiende el teléfono celular. “Mi pana estoy camino al aeropuerto internacional de la Ciudad de México, voy de fin de semana a mi casa en Miami”, alcanzó a decir antes de iniciar la entrevista con Facetas. “Creo que tenemos como treinta minutos”, aclaró. 

Cámara es de los artistas que evade las conversaciones atropelladas. Sin embargo, esta vez, el tiempo le hizo una mala jugada. Se comprometió a hablar de su carrera y vida personal cuando llegaría retrasado a tomar el avión.

Fue una entrevista en tres tiempos. Primero, 30 minutos: Chequeo de boleto. Luego, 20 minutos más: Inmigración y, finalmente, 10 minutos: embarca al avión. En resumen, las palabras fluyeron. En ninguna de las interrupciones dejó de ser cortés y amable. Al contrario, fueron muchas las disculpas ofrecidas.

Nada de divismo. Lógico, no se trata del galán recién salido de las filas de un concurso de belleza, ni de un reality show. Pertenece a la generación de las mejores telenovelas hechas en Venezuela como Topacio (1984), La intrusa (1987), entre otras.

Sigue vigente y sin arrugas. Joven y protagonizando. Venevisión transmite su reciente trabajo, Soñar no cuesta nada, a la 1:30 de la tarde. 

El galán está radicado, desde hace seis años, en Miami, Estados Unidos y, en menos de un mes, viaja constantemente a Ciudad de México, donde fue requerido para uno de los papeles principales de la telenovela Amor secreto, de TV Azteca. “¡Que suerte tengo!”, respondió al ser cuestionada su permanencia en las telenovelas. 

—30 años en la actuación siendo protagonista. ¿Hasta dónde llega su capacidad de personificar?

—Imagínate, te voy a contestar haciéndome yo la pregunta. ¿Qué opino de un actor que tenga tanto años en la carrera y siga protagonizando? La respuesta es sencilla: Hay actores que tienen una tipología para un personaje específico y se encasillan. Yo he tenido la fortuna de tener la tipología de galán e igual me he encasillado, pero en mi caso me conviene. Te explico: económicamente he sido muy bien remunerado. Tengo una imagen de exportación. Consigo mayor proyección porque en cada novela tengo el mayor peso porque soy el protagonista. En conclusión, para mí no ha sido malo ser protagonista durante tres década de carrera.

—¿Está agradecido?

—Los protagonistas no son personajes que, histriónicamente, el actor pueda sentirse agradecido. Son papeles que están ajustados a un esquema y dentro del género cumplen una función muy específica. Llevan la responsabilidad, en sus ojos, de la imagen, el éxito o el fracaso del proyecto dramático. Lo que te quiero decir es que ser protagonista no es ser bonito y ya. Tiene mucha responsabilidad, mucho trabajo, más escenas, más entrevistas, viajes y un itinerario muy pesado.

—¿Se le puede cuestionar su capacidad de interpretar porque el escritor César Miguel Rondón dijo, en un libro, que en la telenovela Topacio quedó claro que usted es el galán de la familia Cámara y el verdadero actor es su hermano Carlos?

—Yo he hecho mucho teatro y unitarios. Vengo de una familia de actores. Mis abuelos fueron actores, mis padres también. Creo que sí tengo bastante capacidad de interpretación dentro de este medio tan difícil. Lo que sucede es que mi rol de galán no tiene mayor oportunidad de demostrar versatilidad histriónica. Los escritores siempre crean a los protagonista un poco acartonados, es más culpa de ellos que mía. 

—¿Ha pensando en lo que opina el público?

—La calidad histriónica de un actor sólo se puede medir, percibir y criticar entre compañeros actores, quizá el público no se mete mucho en eso. Los espectadores pueden señalar quien es el bueno y el malo, pero no con tanta profundidad como lo evalúa un director. Incluso, pasa que un actor es excelente pero, lamentablemente, no traspasa la pantalla porque no tiene feeling, carisma.

—Usted cómo se considera: mal actor y carismático o buen actor y sin carisma. ¿Cuál es su ecuación?

—He tenido la suerte de tener 30 años en pantalla, de cuales 22 he estado protagonizando. Puede decir que mi ecuación es: un poco de suerte, una cuota de carisma y un alto porcentaje de talento. No quiero ser pedante ni vanidoso porque soy una persona muy sencilla y humilde, pero creo que mis años hablan por sí solo de mi profesionalismo. Cualquier actor venezolano no puede decir que tiene 22 años protagonizando. Pocos galanes venezolanos han protagonizado tantas telenovelas como yo. Eso se lo debo al carisma. No puedo salir con que he permanecido en ese puesto porque soy buen actor, eso me queda feo. El público me ha apoyado.

—No queda duda que es el eterno galán. ¿Cuál es el pacto?

—No hay ninguno. En todo caso, se lo debo al público que me abre su corazón y me aceptan en sus casas.

¿Se siente quemado?

—En Venezuela tuve la oportunidad de realizar una novela tras otra. Estuve en pantalla en el mismo horario y no entiendo como el público, gentilmente, no se cansó de mí. Desde entonces, me quedó claro que son los espectadores quienes tienen la última palabra y estaré mientras ellos lo permitan.

—¿Se conformó?

—Aunque yo haya trabajado para subsistir —algo lógico porque tengo que vivir y me gusta ganar buen dinero—, eso no quiere decir que en algún momento he olvidado que me debo a los espectadores. Yo aprendí que en el medio televisivo, a pesar de que estés atravesando por los peores momentos de tu vida, siempre hay que dar la cara y una sonrisa cuando se encienden las luces y las cámaras.

—Tiene la buena suerte de que la naturaleza fue generoso con usted. ¿Está dotado de buena piel?

—Sabes, cuando la gente me dice: ¡Oye Víctor, qué bien te ves. Qué conservado estás! Descubro que la televisión tiene una cuota extra de sacrificio, la belleza. Yo no puedo ser hipócrita y decir que siempre he sido bello. Como otros compañeros, me he sometido a un régimen alimenticio.

— Y a las cirugías también.

—Aún no me sometido a ninguna y eso me da más longevidad de vida artística.

—¿Se presenta rejuvenecido en la telenovela mexicana?

—Como en todas las que comienzo. En cada una de las telenovelas que participo luzco más joven que antes. Tengo suerte. Eso es lo que me permite estar vigente. Si me pregunta cómo, no sé. Cada vez que inicio un nuevo proyecto adelgazo, me emociono. Un nuevo reto en mi vida me motiva a verme bien y a sentirme joven.

Tenía 19 años que no trabajaba en México. ¿Está nervioso?

—Las novelas que he hecho en Miami se han visto en México, al menos eso me pone en ventaja con el público de este país. Sin embargo, el sistema de hacer telenovelas en México es muy extraño para mí porque se trabaja de otra manera, es otro el equipo técnico. En este caso, tengo de mi lado al director que es venezolano (Renato Gutiérrez) y al productor (Ivor Manríquez).

Su papá está en pantalla, en Televisa, al igual que su hermano Carlos. ¿Ellos se la ponen fácil?

—No mucho porque seremos competencia en cuanto a empresas, yo estoy contratado por TV Azteca. Pero en realidad no existen rivalidades. Estoy muy contento de que los Cámara nos posicionemos en un mercado como el mexicano. Eso me tiene feliz. 

—¿Cuál es la referencia de mayor peso que viene de su papá?.

—Mi papá fue criado por Lupita Lázaro, una primera actriz, una mujer que hablaba siete idiomas y fue la dama joven de la radio venezolana durante muchos años. Ella fue la instructora, maestra, amiga de mi padre en su fogueo profesional en la radio. Esa es la mayor herencia que yo puedo tener de mi padre. Incluso, tengo un legado artístico que viene desde mis tatarabuelas (Lázaro y Hernández), quienes fueron las primeras actrices en España. Ellas están en un libro de efemérides como las primeras actrices.

—Para usted, ¿la actuación debe ser una batalla ganada?.

—No. Estamos en la batalla. La actuación es una batalla para toda la vida. Todos los días se aprende algo. En todos los personajes existe un nuevo reto y en los actores hay nuevos valores.

—¿Cómo ha sido su evolución?

—La madurez te da mayor aplomo escénico y seguridad para asumir nuevos retos. En televisión, el género dramático se repite con facilidad y más ahora. Las novelas siempre son iguales porque cumplen con una fórmula que, si se quiere, se puede actualizar, pero no sucede.

—¿Tiene una meta en deuda?

—La meta más importante es vivir y tener calidad de vida. Eso abarca en la connotación felicidad y tranquilidad. Quiero hacer algo en función de un gremio que mejore la respetabilidad. Ahorita, en la televisión gana el esnobismo. Creo que los actores venezolanos necesitan un mayor refugio en la tercera edad. No hay un respeto hacia la vieja guardia, los que tienen 40 años en este medio.

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