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Facetas
Psicóloga hace la siguiente reflexión: ¿Ansiedad o miedo a los tiburones?
08:40 AM / 24/01/2019 Ikerne Mandaluniz (Médico psicólogo)
Cortesía Santiago Soto

Cuando tenía ocho años me llevaron al cine a ver la película tiburón, la cual quizás no era la película más adecuada para mi edad, ya que pasé las dos horas que duró la película con las piernas encogidas arriba del asiento mientras me tapaba los ojos. A los ocho años creía que al subir las piernas en la silla evitaría que el tiburón se las comiera, sin darme cuenta de lo imposible que era que hubiese un tiburón en el cine.

Durante muchos años después de ese día, cuando nadaba en una piscina muy profunda, solía dar una mirada previa para asegurarme que no habría un tiburón. Al ir creciendo, lógicamente fui entendiendo lo absurdo de mi miedo y así fue desapareciendo. Aunque confieso que aun al nadar a mar abierto me recuerdo de la musiquita de la dichosa película.

A lo largo de la vida uno experimenta muchos miedos, unos racionales y otros no tanto. El miedo no es una emoción negativa, pues en muchos casos nos estimula a protegernos. El miedo suele tener cierta proporción con el agente que lo ocasiona. Generalmente, sabemos con claridad a qué cosas o situaciones tememos. Sin embargo, hay otros momentos en que esto no es así. Solemos referirnos a este tipo de situaciones como ansiedad o nervios.

Es la idea de que algo malo va a pasar en cualquier momento. la describen muchos como una sensación de inseguridad, angustia, susto o preocupación que generalmente no es proporcional a la situación con que se relaciona. Sobre todo, la persona que lo siente no está clara de porque lo siente o porque en esta ocasión lo percibe de manera diferente.

Es esa persona que ha hablado mil veces en público, y de pronto le angustia pensar que la próxima vez que lo haga todo saldrá mal. Una paciente me lo explicaba de esta forma el otro día:¨Yo sé muy bien de lo que soy capaz, yo creo en mis fortalezas, soy una mujer segura de mi misma y ahora me siento hecha un mar de nudos. No me reconozco a mi misma. Yo nunca he sido insegura y ahora estoy que por cualquier cosa tiemblo.”

A medida que conversábamos, ella iba haciéndose más consciente de su relato, hasta el punto en que ella misma llegó a la siguiente conclusión: ¨Me escucho a mi misma y me da tanta rabia, parezco tonta, cómo es posible que una mujer como yo se este ahogando en un vaso de agua.”

Ahora bien, esto que ella relata es mucho más común de lo que cualquiera pudiese creer. Todos, absolutamente todos, en algún momento experimentamos ansiedad. La diferencia es que unos la experimentan en escasas oportunidades, otros de forma más frecuente. La ansiedad se siente muy mal. Se presenta de muchas formas. Las más comunes, son sensación de frío en las manos, el corazón acelerado, la respiración más rápida de lo habitual, sensación de incomodidad estomacal, ganas de ir rápido al baño, en conclusión: nos sentimos muy, muy asustados.

La cabeza se apresura a pensar, una y otra vez el mismo pensamiento. Recuerdo una frase que leía en algún lugar que me encantó: ¨Que alguien le diga a mi cerebro que necesito descansar.” Y es más o menos así. Mientras se siente la ansiedad la persona está consciente de que lo que siente es exagerado para lo que lo ocasiona.

Es muy desagradable sentirse así, pero es importante aceptar que es así cómo te sientes. Debes enterarte que esto que te pasa a ti, le pasa a cualquiera. Es imprescindible comprender que contarlo no te hace ver débil. Tienes que permitirte reconocer que en determinados momentos te sientes, y de hecho eres, vulnerable. Hacerlo es dar un gran primer paso.

No es tonto tener miedo. No existe una barra de medir que establezca el nivel de miedo o ansiedad adecuado para cada situación. Sin embargo, el sentido común nos puede ayudar a plantearnos por lo menos la idea de si nuestras manifestaciones tienen una cierta correspondencia con el evento que la genera. Entendiendo también que hay veces que ni siquiera estamos muy claros de que es lo que genera en nosotros estas sensaciones.

Lo que, si es claro, es que, si te sientes así, es bueno contarlo, conversarlo. No es momento de auto-exigirte. Muy probablemente sea momento de descansar, de salir a conversar. Soy de las que creo que hacer ejercicio ayuda. Y mucho. Trotar, sudar, drenar, dormir, hablar…

Cuídate un poco más. Si pasa de ser un mal momento y se convierte en algo constante, busca ayuda. Recuerda que por arriba de todas las cosas y situaciones, no hay nada más importante que vivir con calma y en paz.

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1 Comentarios

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domador antiopositores 24/01/2019 09:15 AM

Muy interesante! Sin embargo, cuando a usted con 8 años la dejaron pasar a para ver la película tiburón, quiere decir que, con ansiedad o no, le pasaron por encima a las leyes que califican a una película para ser vista (desde) determinadas edades.