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Niños...¡a leer!
10:00 AM / 10/02/2018 Pablo Hernández

En la era digital, la lectura parece avocada al ostracismo. O no. Diversas corrientes pedagógicas advierten de la sobreestimulación en la que viven los niños que consumen más de 3 horas diarias de dispositivos electrónicos.

Frente a la tendencia actual de imponer en aulas y en el día a día de los pequeños una rutina tecnológica, diversos colectivos de educadores, padres y pedagogos han iniciado varias campañas de concienciación para repensar el futuro de la educación de los pequeños.

Fuentes de estos colectivos remarcan el papel de la lectura como una de las llaves más sólidas para el completo desarrollo del niño. De ahí su especial cruzada para fomentar la lectura en el niño. Aprender a leer es mucho más que engullir libros, comentan. Y no todos los libros para aprender a leer ayudan en el camino de la buena lectura.

Estos colectivos trabajan especialmente en el entorno de los niños para establecer una serie de rutinas adecuadas para estimular al niño a que sea por voluntad propia que tome la iniciativa de tomar un libro y leerlo.

En este sentido, cobra gran importancia la actitud y la colaboración de los padres. Estos, con sus propias rutinas ejercen de modelos de conducta: en el comportamiento y en las aficiones. De ahí que los colectivos concienciados con el papel de una lectura habitual en todas las edades insistan en que para que un niño sea lector debe ver en casa modelos similares.

Sin embargo, explican, el papel de los padres y de los familiares más cercanos trasciende el momento mismo de la lectura. Así, antes de aprender a leer, el entorno y los círculos más íntimos al niño deben crear un entorno proclive: un espacio adecuado, libros para aprender a leer, el momento apropiado...Los pedagogos insisten en la importancia de aprender a leer en un entorno adecuado y motivador para el niño.

Si un niño encuentra que se lee con él y se está incómodo, tenderá a identificar el momento de la lectura como un instante de incomodidad para su padre o educador cuando el efecto habría de ser el opuesto.

Cuándo comenzar

Son diversas las investigaciones y corrientes que sitúan el momento idóneo para comenzar la interacción del niño con la lectura. Sin embargo, existe un nexo común en que a partir del primer año, el entorno familiar debe inculcar los primeros pasos para aprender a leer. ¿Qué tipo de libros para aprender a leer se recomienda en esta etapa inicial? Aprender a leer implica más que seguir un enunciado, por ello se pone especial énfasis en que estas primeras lecturas deben primar las grandes y coloridas imágenes frente a los textos extensos.

¿Qué beneficios tiene a una edad tan temprana la exposición a la lectura? Los pedagogos lo tienen claro.

Además de fortalecer los lazos entre el adulto y el niño, llevan al niño a una familiarización natural con los textos. Construir el hábito puede resultar una tarea dura, pero si se consigue que el niño identifique el libro con un elemento más de su día a día, en el momento en el que entre en juego el colegio, la lectura será una actividad atrayente para él.

Al mismo tiempo, la combinación de imágenes y textos abren la mente del niño al entorno real y figurado. Es una buena forma para conocer un mundo que para él ahora es incomprensible.

Las capacidades que desarrolla el niño

Más allá de los lazos afectivos entre niño-adulto y niño-objeto, estos primeros libros para empezar a leer suponen un revulsivo para su propio desarrollo, ya que estos están pensados para aprender a leer con una conjunción de elementos comunicativos como son la imagen, el texto y la voz. Este tipo de libros para comenzar a leer son válidos hasta los 6 años.

Para ello, tanto desde el núcleo familiar como en el entorno educativo, se debe trabajar con ellos para desarrollar su capacidad de memorización e identificación de imágenes con historias que conocen. Asimismo, supone un potente medio para ampliar el lenguaje del niño, alimenta su imaginación y educa su capacidad de abstracción.

Cómo motivar a los niños para que lean más

Sin embargo, esta tarea no siempre resulta sencilla. Desde el punto de vista de los pedagogos, la principal baza con la que juegan los padres es su propio modelo. Al fin y al cabo, explican, los niños son auténticas esponjas que absorben modelos de conducta de su entorno.

Más allá, las pautas para motivar a los niños para que lean más y variado pasan en un primer estadio en la diversidad de lecturas. Los niños tienden a solicitar la lectura de un mismo cuento durante etapas continuas. En estos casos, es importante intercalar otros libros. La lectura continuada de un mismo libro merma la efectividad del mismo.

En un segundo estadio, se adecuarán las lecturas a su desarrollo e intereses. Leer debe convertirse en un medio de entretenimiento más para el niño. Al mismo tiempo, los libros generan nuevos intereses, por lo que suponen un continuo círculo de aprendizaje para el niño.

Sin embargo, no todo tiene que ser dirigido. Una parte esencial de la relación del niño con la lectura parte del hecho de que él mismo elija algunas de los cuentos a leer. Dicha elección ayudará al niño a lidiar con aquellas decisiones acertadas (si el libro le gusta) o equivocadas (si no termina la lectura).

En estos casos, no se debe reñir al niño: quizás el cuento hoy no lo termina pero puede que en futuras etapas lo finalice. Crear posos negativos en su experiencia lectora generará rechazo en el futuro.

Finalmente, los pedagogos insisten en que no hay que limitar los formatos de contenidos que pueda demandar el pequeño. Muchos padres tienden a eliminar los cómics de las lecturas a los niños, sin percatarse que el seguir el hilo de las imágenes en coordinación con la letra complementa su desarrollo.

Un último apunte en el que insisten los expertos: fomentar la lectura en voz alta ayuda a mejorar la capacidad de comunicación del niño.

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