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Facetas
Dayana Mendoza: "Aprendí a ser drástica"
02:51 PM / 03/04/2015 Nayib Canaán

Su nueva vida transcurre en Nueva York, entre audiciones, entrenamientos y mucho frío. ¿La meta?: triunfar en el cine y la televisión. Dayana Mendoza lo tiene claro, por eso se está preparando con clases de animación y actuación, busca ser la nueva diva latina que triunfa en Estados Unidos.

Ya pasaron seis años de su coronación como miss Universo, fue la quinta venezolana en obtener el título y desde entonces su historia cambió. Siguió el camino de la farándula,
el modelaje y las causas sociales.

Estuvo en programas de TV, desfiló en grandes pasarelas y hasta estudió diseño de interiores. Es una reina inquieta, siempre está activa, moviéndose. Típico de los géminis.
A Mendoza no le fue tan fácil triunfar en su carrera; todo comenzó a los 15 años, según explica a Facetas, desde su residencia en La Gran Manzana: “No hablaba inglés, ni francés, ni italiano, solo español y quizás hasta machucado. Me gustaba conocer sitios nuevos, ajustarme a temperaturas que nunca había sentido, conocer gente de diferentes
partes del mundo y aprender de sus culturas. No sabía mucho del mercado en el que estaba trabajando, el modelare internacional, y la ingenuidad me llevó a vivir situaciones
que me hicieron confiar 100% en mis instintos, me hicieron más fuerte.

 

Aprendí a ser drástica para protegerme de las ciudades grandes, y en muchas ocasiones me funcionó muy bien, en otras no tanto. Luego tuve que aprender a ser más endeble. Crecí sola durante mis años de adolescencia, juzgué bajo mis valores aprendidos en casa y aquellos aprendidos en la calle, era mi manera de vivir mi vida. Disfruté como nunca de mi libertad”.

La joven de 28 años nunca planeó modelar, así lo hace saber: “En todo caso mi madre, desde que yo era chiquita, buscaba la manera de llevarme a un cursillo de ‘señoritas’ para aprender a portarme como niña correcta. Quizás pensó que de esa manera me interesaría
más por las clases de ballet, y no por otros gustos. 

A los 12 años le dije a mi papá que quería aprender a tocar batería, y ahí fue cuando desesperadamente empezaron a buscar academias de modelaje (risas). Justo mientras mis padres armaban el plan siniestro para convencerme de entrar en una academia se presentó un señor en una parada de autobús cuando yo salía del colegio, y me dio su tarjeta, proponía una oportunidad para mí y ofrecía recibir a mis padres en su agencia de modelos para explicar más al respecto. Yo llegué a casa del colegio, le dejé la tarjeta a mi papá y a la semana estábamos sentados todos en la oficina de este señor, un moreno alto y calvo. Él me decía que iba a viajar, y a vivir por el mundo, y sin más palabras quedé convencida.

Entendí que tendría que aprender a correr en tacones de 10 centímetros, pero eso ya era pan comido, siempre y cuando yo viajase por el mundo como me prometían. Y vaya que no me equivoqué, pues ese mismo señor, sigue siendo mi mánager, Alexander Guittins.

Para Dayana, la clave para triunfar en las pasarelas de Nueva York, Italia, Alemania, Francia, Atenas y España fue no sufrir de “mamitis”. Se enfocó en aprender a comer bien, a ser responsable; dormir sus horas correctas antes de trabajar, ser puntual. “Es un juego de resistencia, el que más aguanta y se queda tiene más chance de llegar a la meta”, exclama.

 

Al consultarle sobre la experiencia del Miss Universo, la beldad criolla se explaya en detalles
nunca antes revelados: “Creo que esto no lo he dicho antes en una entrevista, pero como Donald Trump no la va a leer, les echo el cuento: Resulta que yo me emocioné más cuando gané el Miss Venezuela que cuando gané el Miss Universo.

Si empezamos por ahí, te imaginaras que tres noches antes del Miss Venezuela no dormí, no porque no quería, la verdad tenía mucho sueño, tampoco era porque estaba inundada de emoción y nervios, me dolían mucho los pies de tanto bailar en tacones en los ensayos y la cabeza de tanto rollo y extensiones que me ponían. Mi sueño no era ser miss Venezuela, por eso cuando gané realmente me sorprendí, y al mismo tiempo me asusté al pensar que ahora me iba a ver todo el mundo, literalmente, caminando en traje de baño”.

“Llegué al Miss Universo sin mucha parafernalia mental, la que me había mandado
Osmel Sousa en las ocho maletas eran suficientes. Pero llegué a trabajar, podía estar desmayándome del sueño, hambre y cansancio, pero no permitiría que nadie se diera cuenta, porque yo era Venezuela, nadie más.

Gracias a Dios cuando le dije a Osmel que tenía mucha hambre, porque la comida de Vietnam no me gustaba y no me la comía, me llevó una hamburguesa y me la disfruté al frente de otras chicas, porque lamentablemente no teníamos a donde más ir, de hecho, no podíamos movernos de donde estábamos, ahí creo que me gané un grupito de enemigas,
pero yo me fui a dormir feliz con mi barriguita llena, que era lo que más me importaba
en ese momento. El que me conoce sabe que con hambre no funciono”, relata la miss Amazonas 2007.

Mendoza recuerda una de esas tantas anécdotas del concurso: “Estaba en una caravana y cuando escuché a personas en el público gritando mi nombre, que en ese momento era Venezuela, se me subió el corazón por encima del alma, estaba tan feliz que me dolía la cara de tanto sonreír, me sentía que me había ganado todas las rifas que perdí de niña en las piñatas. No había manera absoluta en que yo dejaría a mi país, mi gente, mi tierra, mal parada”.

De esa noche, justamente la del 14 de julio de 2008, Dayana no olvida los incidentes ocurridos con su arreglo. “El cabello no me había quedado como se había planeado, pero no me importaba porque sabía perfectamente cual era mi rutina y participación en este concurso. Efectivamente como dijo el profesor Briceño, Osmel me hizo ver lo feo de mi pelo después que gané el certamen (risas) y creo que le puse mi corona de miss Universo en su cabeza como respuesta a su comentario. Yo amo a Osmel. Esa noche fue muy bella, para todos nosotros. Compartimos en mi habitación, celebramos, lloramos, y salimos a festejar", cuenta la reina que trabajó en diversas campañas relacionadas con el sida en los países más afectados por la enfermedad.

 

Aunque vivía fuera de Venezuela antes de coronarse miss Venezuela, la modeviajaba a casa de sus padres una vez cada seis meses para visitarlos y recibir su "dosis de amor y moral".

"Después que entregué la corona de miss Universo se me dio la gran oportunidad
de estudiar actuación en una reconocida escuela en Nueva York con una beca brindada
por la Organización Miss Universo. Honestamente yo me iba a ir feliz a estudiar lo que fuese. ¿En Nueva York con beca estudiantil? No muchos pierden ese boche", prosigue la belleza de ojos verdes.

Ahora planea ir más al yoga "porque me están doliendo mucho las rodillas,
no se porqué. También quiero pulirme en la cocina para deleitar a mi esposito porque
le gusta, aunque no me quede bien la comida".

En Nueva York vvie con su esposo, Michael Pagano, y su perrito. "Es muy duro porque no tengo a mi familia de crianza cerca de mi, los cumpleaños y feriados pegan un poco. Son ocho meses al año con mucho frío, durante esa temporada imaginamos que vivimos en una casita bella debajo de un árbol grandote frente una playa espectacular. Vivo tranquila, gracias a Dios".

Venezuela sigue siendo su motor para seguir adelante. "Es el país donde nací y crecí, donde vive toda mi familia, la tierra que me brindó grandes oportunidades, el país más bello y rico al que yo he ido. Ninguna tierra tiene todo eso que nosotros tenemos: nieve, desierto, selva, playas cristalinas de arena blanca, montañas. Lo tenemos todo, la gente más carismática, la mejor cocina del mundo. Extraño mucho mi país, el que siempre
fue", dice la estrella del reality show The Apprentice.

Aunque no es muy experta, Mendoza confiesa que parepara unas ricas arepas. "También hago los panes de jamón en diciembre y como hallacas, ¿pero por quién me tomabas? (risas). No sé cocinar bien pero resuelvo. En mi casa guindamos las llaves de una casita tricolor que dice Venezuela, escuchamos siempre a Simón Díaz y Luis Silva porque siempre fui Fan. Como ves, a mi país no me lo arranco del pecho".

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