Publicidad

Actualizado hace 292 minutos

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Experiencia Panorama
12:44 PM / 13/08/2018
Reportaje// El cine según Alfred Hitchcock
Daniela Bracho
1
Archivo

El maestro del suspense, Alfred Hitchcock, un hombre robusto de 1,70 metros de altura, con expresión dura y voz pausada, cuya sola presencia podía generar tanta tensión como cualquier personaje de sus películas, era esencialmente tímido…y miedoso. Nació en Londres, el 13 de agosto de 1899, en el seno de una familia muy religiosa, siendo criados siempre bajo el temor a errar, a pecar. No quería ser asociado a lo que está mal. De hecho, no tuvo amigos en su infancia y jugaba sus propios juegos inventados.

“Soy alguien muy miedoso. Hago todo lo posible por evitar las dificultades y las complicaciones. Me gusta que mi alrededor sea límpido, sin nubes, perfectamente tranquilo”.

Aunque su oficio primario a los 19 años consistió en ser especialista en cables electrosubmarinos en la Compañía Telegráfica Henley, luego de estudiar mecánica, electricidad, acústica y navegación, las tareas científicas nunca apagaron su imaginación. A la mano siempre tenía revistas de crítica cinematográfica, acudía a todos los estrenos en cartelera y era un visitante asiduo del teatro, que nutría su hambre y amor por el arte visual y dramático.

Sus pasos hacia la realización cinematográfica fueron lentos pero certeros. Tanto, que podía encargarse desde la escritura del guion hasta de los decorados, pasando por la fotografía e iluminación. “En el film de acción, es el director quien es un Dios, quien debe crear la vida”.

Y comenzó creando dibujos luego de tomar varios cursos en la Universidad de Londres, a la par de sus trabajos en la telegráfica. Su talento y entusiasmo le valieron un ascenso al departamento de publicidad de la compañía, en la que dibujaba los anuncios. La confianza que generó en sí mismo esta tarea lo animó a enviar unas muestras de intertítulos para películas mudas dibujadas por él mismo, para un proyecto de Paramount.

Contratado. Y no se despegó nunca más de un set de grabación ni de los storyboards que dibujaba, donde reflejaba minuciosamente cada paso y movimiento de sus personajes.

Su debut en el cine mudo –grabó diez películas en total, siendo la última The Manxman (1929)--, hizo de Hitchcock un estudioso milimétrico de la imagen. “El rectángulo de la pantalla debe estar cargado de emoción”, le comentaba al cineasta y crítico francés François Truffaut en la mítica entrevista que dio origen al libro El cine según Hitchcock, una ‘biblia’ para todos los que se inician en el arte cinematográfico.

Hitchcock no tenía nada contra el cine sonoro, aunque creía fervientemente que el cine mudo era la forma más pura del arte cinematográfico. Por eso su obra se diferenciaba del resto de su época: tan solo la escena de la ducha en Psycho (1960), de una duración de 3 minutos, incluye 50 planos, la mayoría son acercamientos gracias a los cuáles el público puede palpar el horror del momento. “Cuando se escribe una película, es indispensable separar claramente los elementos de diálogo y los elementos visuales y, siempre que sea posible, conceder preferencia a lo visual sobre el diálogo. Sea cual sea la elección final, con relación a la acción que se desarrolla, debe ser la que con mayor eficacia mantenga el interés del público”.

Rostros encantadores, carismáticos y muy queridos por el público fueron los protagonistas de sus historias: Audrey Hepburn en Dial M for Murder (1954), Cary Grant en la inolvidable Suspicion (1941), Grace Kelly en Rear Window (1954), James Stewart en Vertigo (1958) o Joan Fontaine en Rebecca (1940). Pero no hizo de este recurso una vía fácil para captar la atención del público o ganar su reconocimiento: “Hay que sumar la técnica a la acción (…) La belleza de las imágenes, la belleza de los momentos, el ritmo, los efectos, todo debe someterse y sacrificarse a la acción”.

A menudo, los críticos tenían una relación de amor-odio con el director británico, que terminó alcanzando reconocimiento mundial en Hollywood. El mismo Truffaut cita en su libro una crítica de Charles Higham, de la revista Film Quaterly, en la que se refería a Hitchcock como un “guasón, un cínico astuto y sofisticado”, hablando de su “narcisismo y frialdad”.

También recibía ataques moralistas o era acusado por la inverosimilitud de algunos de sus filmes. Cary Grant en el campo perseguido por una avioneta de fumigación, su escape con Eva Marie Saint, colgando de las cabezas de los presidentes estadounidenses en el Monte Rushmore (North By Northwest, 1959), o el vaso de leche que resplandece en el vaso (Suspicion, 1941), así como un pacto de muerte entre dos extraños en un tren (Strangers on a Train, 1950).

Poco importaban a Hitchcock las críticas a su trabajo o a su manera de dirigir sus películas. Nadie le quitaba el placer de filmar sus obras, y con la misma pasión que lo hacía, así lo defendía. Su objetivo no era hacer de sus películas un reflejo de la vida real porque eso, sencillamente, lo podía encontrar el espectador en su propia casa, en su supermercado, al cruzar la calle.

“Pedir a un hombre que cuenta historias que tome en consideración la verosimilitud me parece tan ridículo como pedir a un pintor que represente las cosas con exactitud (…) Un crítico que habla de verosimilitud es un tipo sin imaginación”, mantenía Hitchcock, agregando que la historia, si bien podía ser inverosímil, “no debe ser jamás banal”.

Para Hitchcock, el primer trabajo es “crear la emoción y el segundo trabajo es preservarla”, por lo que se entregaba a plenitud en cada proyecto junto a su esposa y eterna asistente, Alma Reville. “…Rechazo productos de fantasía porque es importante que el público pueda reconocerse en los personajes. Rodar películas, para mí, quiere decir en primer lugar y ante todo contar una historia”.

Estudiar la psicología del público, tratar de comprenderlo, fue una constante durante su carrera que se extiende por 53 películas. Supo seducir a las audiencias, atemorizarlas, siempre dándole aquello que no esperaban. Era consciente de las masas y su afán de cuestionar aquello que ven, tratando de quitar la máscara, el engaño, sentir que son superiores: Hitchcock siempre supo cómo ganar y no se doblegó, no perdió su esencia por la taquilla.

“Si un director rueda sus películas exclusivamente para la taquilla, se deja arrastrar por la rutina”.

Psycho (1960), considerada una de las mejores películas en la historia del cine, estuvo cerca de no salir a la luz: Paramount, cuyo contrato con Hitchcock garantizaba la producción de esta película, no quería trabajar en este proyecto ya que consideraban que el libro en el que estaba basada la cinta era “demasiado repugnante”. De esta manera, el director británico se puso la meta de rodar este filme tan solo con un presupuesto de 800 mil dólares, renunciando a su sueldo de 250 mil y empleando equipo de rodaje de televisión, el mismo que usó para la serie Alfred Hitchcock presenta. Luego de su estreno, recaudó 60 millones de dólares.

“Creo que es para nosotros una gran satisfacción utilizar el arte cinematográfico para crear una emoción de masas. Y, con Psycho, lo hemos conseguido. No es un mensaje lo que ha intrigado al público. No era una novela de prestigio lo que ha cautivado al público. Lo que ha emocionado al público era el film puro. La manera de construir esta historia y de contarla ha llevado al público a reaccionar de una manera emocional”.

Usualmente se emplea al término suspense como sinónimo de terror o miedo para calificar la obra de Hitchcock. Nada más lejos. Para el realizador, suspense significa mantener en vilo al espectador en un momento de tensión dado en la película. Así lo revela a Truffaut: “Para mí, el misterio es raramente suspense (…) En la forma corriente de suspense, es indispensable que el público esté perfectamente informado de los elementos en presencia. Si no, no hay suspense (…) El suspense es el medio más poderoso de mantener la atención del espectador, ya sea el suspense de situación o el que incita al espectador a preguntarse, ¿y ahora qué sucederá?”.

El cine es un arte inmortal. Hace 119 años nació Hitchcock y hace 38 que murió, pero sigue esperando a sus espectadores en 37 de 53 de sus filmes en sus famosos cameos, ya sean en el asiento de un autobús, saliendo de una tienda de pájaros o esperando un autobús, una costumbre que al inicio de su carrera era meramente utilitaria y luego se convirtió en una especie de amuleto, superstición.

Con todo y sus manías, nunca cedió ante la mediocridad: “No trabajo nunca con lo mediano, no me siento jamás a gusto dentro de lo corriente, lo cotidiano”.

 

Grace Kelly en Dial M for Murder

 

Vertigo

 

Cary Grant y Grace Kelly en To Catch a Thief

 

Joan Fontaine en Rebecca

 

¿Te gustó la nota?
Publicidad
1
TOP 5 DE NOTICIAS
Publicidad
1Comentarios

1

domador antiopositores 14/08/2018 07:25 AM

Un genio!.


AVANCES
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
TOP 5 DE NOTICIAS