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Experiencia Panorama
05:30 PM / 07/06/2019
Reportaje: A 90 años de Ana Frank
Julio Gutiérrez
Casa Museo Ana Frank / Agencias

No fueron ella y sus siete acompañantes los únicos. Entre 300 mil y 330 mil personas se escondieron durante la invasión y persecución nazi en Holanda, a partir de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial. Unos 28 mil eran judíos, del total de 140 mil personas que conformaban esa comunidad tan odiada por Adolfo Hitler. Gobernaba desde 1933. Los consideraba la causa de todos los problemas de Alemania.

La adolescente Annelies (en español Ana) Marie Frank  permaneció 761 días, entre el 6 de julio de 1942 y el 4 de agosto de 1944, en la casa de atrás del edificio que su padre había alquilado en 1939 para su compañía Pectacon. El próximo miércoles 12 de junio cumpliría 90 años. Nació en 1929, en la ciudad alemana de Fráncfort del Meno.

Allí, en la calle Prinsengracht número 263, en Ámsterdam, a donde había migrado la familia por el odio a los judíos y la mala situación económica, estuvo la primera semana junto con sus papás, Otto y Edith, y su hermana Margot. Una semana después llegaron  Hermann, Auguste y Peter van Pels, y cuatro meses después el dentista Fritz Pfeffer.  Todos judíos. Contaron con seis protectores. Les ayudaron a sobrevivir durante su confinamiento.

“Cuando Margot, hermana de Ana, fue convocada a trabajar en un campo alemán en 1942, la familia, que vivía en otra parte de la ciudad, decide esconderse en la casa de atrás de la compañía. Viven allí, especialmente en la segunda y tercera planta. La única forma de llegar hasta el lugar del escondite es a través de la entrada secreta, detrás de la estantería giratoria”, indica el sitio oficial de la Casa Museo que lleva hoy su nombre.

Funciona allí mismo. En 2018, cuando fue renovado, recibió a más de 1,2 millones de visitantes. El pasado abril recorrió sus espacios el trujillano Jesús Valero, quien desde Basilea, en Suiza, cuenta a PANORAMA la experiencia.

“De todos los lugares que visité en Ámsterdam, en Semana Santa, la Casa Museo de Ana FranK fue el que se robó mi mayor atención, porque el primer libro que mi regaló mi  madre, cuando cumplí 16 años, allá en Valera, fue su diario. Y marcó para siempre mi forma de pensar y de vivir. Es un museo maravilloso, con salas donde se exponen los escritos originarios, ediciones traducidas del diario y se explica la historia de la familia Frank y de la vida de los judíos en la ciudad durante la ocupación nazi. Es una visita obligada en los Países Bajos, sobre todo para quienes hemos leído el diario”, relata el administrador.

Encerrada, Ana comenzó a leer y escribir en un diario de color rojo y blanco que había recibido días antes, por su décimo tercer cumpleaños, lo que acontecía en su escondite, así como también  lo que sentía y pensada. Plasmaba su miedo y las relaciones con sus siete acompañantes. Igualmente, describió los cambios tras la ocupación, como la utilización de la estrella de David en sus ropas. Ella misma escogió el regalo en una librería. Antes vivía una vida normal, lejos del nazismo. Iba a la escuela.

“Espero poder confiarte todo lo que no he podido confiarle a nadie”, dice la primera anotación. Las dirigió a Kitty, su amiga imaginaria favorita.  La última la hizo el 1 de agosto de 1944, tres días antes del arresto. Escribió en neerlandés. De vez en cuando utilizó palabras en alemán e inglés. “Escribir un diario es una experiencia muy extraña para alguien como yo. No solo porque yo nunca he escrito nada antes, también porque me parece que más adelante ni yo ni nadie estará interesado en las reflexiones de una niña de trece años de edad”.

Además, “escribe cuentos, comienza una novela y escribe citas en su Cuaderno de frases buenas, que copia de los libros que lee. Así es como la escritura la ayuda a que el tiempo transcurra”, revela la página web. El 16 de marzo de 1944 plasmó: “Me parece que lo mejor de todo es que, lo que pienso y siento, al menos lo puedo escribir, de lo contrario, me asfixiaría completamente”.

Esos diarios sueltos los comenzó a reescribir después, cuando ya tenía 15 años, en una sola historia, cuando escuchó al ministro de Educación del Gobierno holandés hacer un llamado, el 28 de marzo de 1944, a guardar diarios y documentos de guerra desde Inglaterra, a través de Radio Orange.

“Este llamado le da una idea a Ana: quiere publicar un libro, después de la guerra, sobre su período el escondite. A ella también se le ocurre un título: La Casa de atrás. Comienza el 20 de mayo de 1944. Ana reescribe una gran parte de su diario, omite textos y también escribe muchos textos nuevos. Escribe estos textos en hojas separadas. Describe el período entre el 12 de junio de 1942 al 29 de marzo de 1944. Ana trabaja muy duro: en esos pocos meses escribe más de 215 páginas, aproximadamente 50.000 palabras”, narra la página web de su casa museo.

Pero, antes de  terminar la tarea, los oficiales nazi los descubren y arrestan, al igual que a dos de sus protectores, y los escritos son rescatados por dos protectoras, Miep Gies y Bep Voskuijl, antes del desalojo del lugar.

Tras ser liberado del campo de concentración y exterminio de Auschwitz, en Polonia, el mayor de los establecidos durante el régimen nazi, su padre, el único sobreviviente del escondite, recibe, emocionado, los papeles de parte de Miep Gies cuando esta se enteró que Ana había muerto.

“Así lee que Ana quería convertirse en escritora o periodista y que tenía la intención de publicar las historias sobre la vida en la Casa de atrás.  Los amigos convencen a Otto para que publique el diario y, el 25 de junio de 1947, Het Achterhuis (conocido en español como El Diario de Ana Frank) es publicado -en neerlandés- en una edición de 3.000 ejemplares.  Y desde entonces no se detiene: el libro se traduce a cerca de 70 idiomas, se escribe una obra de teatro y una película. La gente de todo el mundo se familiariza con la historia de Ana y en 1960 el escondite se convierte en un museo: la Casa de Ana Frank”, relata su sitio electrónico.

“Hace mucho que sabes que mi mayor deseo es llegar a ser periodista y, más tarde, una escritora famosa”, escribió el 11 de mayo de 1944.

Después de la edición holandesa, Otto Frank “encuentra editores en la República Federal de Alemania y Francia que desean publicar el libro Het Achterhuis. Ambas traducciones aparecen en 1950. La primera edición en alemán es de 4.600 ejemplares y no es un gran éxito de ventas. Mientras que la versión Das Tagebuch der Anne Frank (El diario de Ana Frank), en 1955 sí lo es, en un formato de bolsillo, un poco más económico. Y cuando la pieza teatral es un éxito en la República Federal de Alemania aumentan las ventas del libro a una cantidad total de unos 700.000 ejemplares. El éxito de la obra teatral lleva a que 1957 aparezca una edición en la RDA (República Democrática Alemania)”, prosigue.

Cinco años después de su primera edición en Holanda se publica en Estados en 1952, con una modesta edición de 5.000 copias Anne Frank: The Diary of a Young Girl (El diario de una joven). Las ventas crecieron tras la publicación de una crítica del escritor Meyer Levin en The New York Times Book Review, llegando a tiradas de 15 mil en una segunda edición y 45 mil en la tercera, alcanzado así a millones de lectores estadounidenses.

Luego, en 1986, se publica una edición científica de los textos de Ana. “En esta se comparan el texto del diario de Ana, su versión reescrita y la versión de Otto Frank. Esto deja en claro lo que Ana hizo con sus textos originales, pero también las opciones que realizó Otto Frank y lo qué adaptó, omitió o cambió”, añade.

En la actualidad, siendo uno de los libros más famosos de la segunda mitad del siglo XX y declarado por la Unesco patrimonio de la humanidad, suma más de 34 millones de ejemplares vendidos en el mundo.

El pasado mayo se  publicó por primera vez, en inglés, en versión original completa, sin las correcciones y retoques que hicieron en su momento la propia autora y su padre antes de la publicación.

“La novedad que ha supuesto esta edición, y una nueva biografía escrita por Bart van Es, ha permitido recobrar la voz del único superviviente que conoció personalmente a Ana Frank. Albert Gomes, que en la actualidad tiene 89 años, y que, de hecho, aparece citado por ella en sus cuadernos, quien lo define como alguien ‘realmente listo”, informa el diario español La Razón, en su página web.

El desgarrador relato del día a día de los ocho escondidos se convirtió en la memoria colectiva en el símbolo más conocido de los millones de víctimas del Holocausto, según destaca Jeffrey Shandler, catedrático de estudios judíos en la Universidad Rutgers, de Nueva Jersey, en Estados Unidos, y autor del libro Holocaust Memory in the Digital Age: Survivors’ Stories and New Media Practices (La memoria del holocausto en la era digital: historias de sobrevivientes y nuevas prácticas de medios).

“Escuchar el nombre de Ana Frank siempre me causa tristeza, pero me calma saber que ella quedó en la historia como un ser humano fantástico y su testimonio quedó para recordarnos lo que hemos hecho mal, las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial, que el mundo nunca olvidará y que espero nunca se repita”, comenta Jesús Valero.

Para la marabina Mexi De Donato el Diario de Ana Frank “es una historia que no ha pasado de moda ni pasará, es historia viva y contemporánea de lo que puede ser la discriminación, la violencia y el odio en la sociedad”.

Considera la  periodista cultural que el primer aporte de uno de los textos más leídos del mundo “es narrar los hechos de cómo toda una familia tuvo que permanecer escondida precisamente por discriminación, por esa obsesión de exterminio a los judíos, cómo es una vida de encierro con las perspectivas muy cortas y sin alternativas para trascender, sin salida, desde la visión y mirada de una adolescente si se quiere, una narración en primera persona pura y madura para su edad, pero sin vicios, nada influenciada por otras personas, simplemente aderezada por el entorno, penurias y carencias que le tocó vivir”.

“Para la literatura es como asignatura y libro obligado, su contribución más grande y fehaciente no solo fue contar lo vivido y dejar constatación histórica de los nazis,  de lo que sucedió, sino contribuir a la caída del régimen y a que todo el mundo supiera que fue lo que pasó, es historia permanente para todas las generaciones futuras con un mensaje de tolerancia y paz”, expone la comunicadora social.

Tras ser llevados hasta la oficina de la policía de seguridad alemana, a la prisión en Ámsterdam y al campo de tránsito Westerbork, en el noroeste, las ocho personas que permanecieron clandestinamente en la casa de atrás fueron trasladados hasta Auschwitz en tren junto con otros mil prisioneros. Allí, Ana fue enviada al campo de trabajo para mujeres junto con su hermana y su madre.

En noviembre de 1944, es deportada nuevamente, ahora solo  junto con su hermana, a otro campo de concentración en Alemania. Viajaron durante tres días en tren. Las alojan en carpas. “Las condiciones en Bergen-Belsen también son miserables: casi no hay comida, hace mucho frío y Ana, al igual que su hermana, contrae fiebre tifoidea. En febrero de 1945, ambos fallecen a consecuencias de esa enfermedad, primero Margot, poco después Ana”, añade el portal.  Hace 74 años. Tenía 16 años. Unas semanas después fue liberado el campo.

“¿Habrá llegado por fin la liberación tan ansiada (…)? ¡Ay, Kitty, lo más hermoso de la invasión es que me da la sensación de que quienes se acercan son amigos!”, ansiaba, según lo plasmó el 6 de junio de 1944.

“Ana Frank es un recordatorio de tantos hechos dolorosos que no pudimos presenciar. Ella logró ver que dentro de tanta maldad y tantas injusticias, había mucha inocencia y también mucho coraje. El diario que dejó  muestra eventos que no deberían repetirse, y la vez nos habla del hecho increíble que a pesar de lo grande que puedan llegar los problemas, siempre, siempre hay una salida, un camino, una esperanza”, señala el ingeniero zuliano Larry Vásquez.

La adolescente alemana de origen judío escribió en su diario: “Es difícil en tiempos como estos pensar en ideales, sueños y esperanzas, solo para ser aplastados por la cruda realidad. Es un milagro que no abandone todos mis ideales. Sin embargo, me aferro a ellos porque sigo creyendo, a pesar de todo, que la gente es buena de verdad en el fondo de su corazón”.

“La figura de Ana Frank en el mundo debe ser siempre ejemplo de templanza, fortaleza y libertad a través de ese gran poder que es la palabra escrita, expuesta en ese libro, su diario”, destaca De Donato.

“No me mantendré en la insignificancia, tendré un lugar en el mundo y trabajaré para la gente”, escribió Ana el 11 de abril de 1944.

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