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Actualizado hace 334 minutos

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Experiencia Panorama
09:01 AM / 04/08/2016
Minero chileno Mario Sepúlveda a 6 años del accidente: Soy tremendamente feliz
Ronal Labrador Gelvis
Agencias

Han pasado más de 2 mil días de una escalofriante pesadilla que se eternizó durante mil 659 horas. El 5 de agosto de 2010, 33 mineros quedaron atrapados en la mina de San José, ubicada en Copiapó, 850 kilómetros al norte de Santiago, en la región de Atacama, Chile, durante 69 a más de 622 metros bajo tierra.

Ese día, extrañamente, Mario Sepúlveda no quería trabajar. La idea de abandonar la mina lo invadía desde hace días. Estaba cansado de 16 años de trabajo en ese lugar. El desánimo hizo que llegara después de las 8:00 de la mañana. Solía ser puntual. Y se preguntó:  ¿Qué me pasará?,  ¿por qué estoy así?.

A las 2: 20 de la tarde un estruendo traspasó sus protectores auditivos. Dejó la maquinaria pesada que operaba y corrió a enterarse de dónde provenía ese ruido. Se encontró con sus compañeros en el área que usaban para comer. La incertidumbre y desesperación se apoderó de todos los que escarbaban buscando cobre y oro. Estaban atrapados, enterrados vivos.  

Recuerda, vía telefónica desde su casa en Chile: “Como uno no es adivino, no pude echar un pie atrás.  Segundos antes pude haber decidido no venir, es como  cuando uno toma malas decisiones en la vida, es en la milésima de segundo en la cual uno eligió, es el momento, donde no hay vuelta atrás”.

 Lo primero que hizo fue echarle la culpa a Dios . “Empecé a cuestionar, a hacer muchas preguntas, por qué le suceden a uno estas cosas, empezáis a buscar culpables y al primero que culpas es a Dios. Pero Dios no es culpable de estas cosas, el ser humano siempre tiene culpa de todo esto”.

Un día antes se despidió de su familia, les dijo que algo extraño le iba a pasar, pero no le creyeron porque siempre bromeaba con ese tipo de situaciones.

—¿Cómo fue el primer encuentro entre los 33?

Fue desesperación, desesperanza, teníamos que organizarnos, muchos de nosotros seguíamos buscando culpables, en lo personal culpé al supervisor de seguridad, quien  no fue capaz de prevenir el desastre. Varios compañeros empezaron a escuchar ruidos a las 9:00  de la mañana, se lo hicieron saber, y no tuvo la capacidad de resolver.

—¿Por qué usted toma el liderazgo?

—Mi crianza me ayudó a ser fuerte, cuando tomé la iniciativa, lo hice por la sobrevivencia. No sé si tuve que ejercer en ellos, autoridad o no, lo que si sé es que la experiencia fue muy bonita. Nadie me eligió como líder, yo me impuse porque teníamos que sobrevivir. Hice lo que sé hacer en la vida y es sobrevivir.

  —¿Cómo los organizó?

—Todos trabajamos unidos. Dividimos las tareas, unos se hicieron cargo de las medicinas, otros de la comida. Organizábamos turnos de trabajo de ocho horas donde cada grupo tenía su líder para hacer diversas tareas, entre ellas, estar alertas ante una réplica y un posible rescate. Compartimos todo, bromeábamos entre sí, nos  reíamos de todo, el compañerismo nos mantuvo fuertes.  

—¿Cuánto tiempo les duró la reserva de alimentos?

—Solo alcanzaba para un día y para 15 personas. La organización hizo que nos durara hasta dos días antes de que nos encontraran. Racionamos tanto que en últimas nos sustentaba una cucharadita de té diaria.

El 22 de agosto el equipo de rescate logró encontrar a los mineros. Sepúlveda experimentó momentos difíciles que sobrellevó gracias al apoyo de sus compañeros. Mario lloró y sostuvo sus lágrimas en sus amigos. Aferró su esperanza a sus hijos. En ocasiones siente la necesidad de compartir nuevamente ese siniestro sombrío con los mismos protagonistas.

Fue el segundo en subir a la cápsula Fénix. Durante su recorrido gritaba de alegría. Gritaba tan fuerte como las ansias que tenía de salir de allí y ver a sus seres queridos. El camino a la superficie era de 622 metros, se cumplió en 22 minutos.

 —¿Cuándo sintió miedo?

— ¡Uy!, no tuve miedo durante los 69 días, pero tuve terror cuando me echaron a la Fénix. Yo solo pensaba en un terremoto, en algún sorpresivo sismo. ¡Oh Dios, sufrí mucho! Mientras ascendía solo se veían unas pequeñas rocas, no se podía ver nada más. Lo  único que quería era salir de ahí.

—¿La causa del desastre se la atañen a la negligencia de la empresa?

—Sí, al orgullo y ego de los seres humanos por no saber escuchar a los trabajadores. Muchos compañeros ya habían reportado las fallas.         

—¿Qué fue lo primero que hizo al llegar a su casa?

—Comer garbanzos y compartir con mi familia. Me costó mucho acostumbrarme a dormir en casa, un año pasé para adaptarme, fue muy complicado.

Cuando el equipo de rescate logró ubicarlos por medio de la perforación del taladro, ¿Qué les hicieron llegar a través de ese canal?

De todo, nos hicieron llegar comida, ropa, la verdad que de todo. En ese momento, José Ojeda escribió la nota mágica que le dio la vuelta al mundo que decía: “Estamos bien en el refugio los 33”.

—Se ha dicho que después de la tragedia los 33 mineros pasaron a la historia...

—Es que nadie va a golpear tu puerta para ofrecerte dinero o para pagar la educación de tus hijos porque sobreviví a la tragedia. Mientras esté vivo, voy a seguir luchando. Si el día de mañana me toca salir a limpiar baños o vidrios yo lo haría feliz porque trabajar es lo que mejor sé hacer en la vida.

—¿Tiene trabajo?

—Sí, hoy trabajo  entre 15 y 18 horas diarias. Duermo muy poco porque soy un incansable trabajador. Dedico mi  vida a motivar grupos de jóvenes en diversas áreas, dentro de las que destaca el deporte. He viajado por el mundo con la charla  “El sobreviviente de la tierra”.  

—Usted sostiene que nada hay imposible para un chileno. A seis años del siniestro, podemos decir que ese accidente dividió la vida de Mario Sepúlveda en un antes y un después,  ¿quién es usted hoy?

—Sigo siendo el mismo trabajador de siempre, risueño, quiero mucho a la vida, a mis amigos, a mi familia, soy de población marginal en mi país y soy tremendamente feliz de seguir con los míos. No quiero perder mis valores ni mi esencia.

—De la noche a la mañana, sus vidas cambiaron, lo que antes era usual se convirtió en extraordinario,  ¿qué sintieron al saber que los ojos del mundo estaban sobre ustedes?

—Fui víctima de un trabajo mal elaborado, eso lo mantengo hasta el día de hoy, eso me ha mantenido a estar bien. No creo en algo más de lo que no es. La fama no afectó mi calidad humana, ni mi autenticidad. Estoy claro de donde vengo y hacia donde voy. Vivo de manera sencilla, nada me sobra ni nada me  falta. Convivo entre caballos y perros. Cada día visito a mi padre, un  campesino que amo. Mis padres me enseñaron a ser fuerte y perseverante.

—¿De dónde sacó fuerzas para sostener la esperanza y poder contagiarla al resto de los mineros?

De mis sueños, de las ganas de seguir viviendo, de las ganas de seguir con el proyecto que siempre he tenido que es educar a mis hijos mejor que yo para que ellos tengan una vida más digna que la mía.

—¿Se originaron conflictos entre ustedes?

Hubo muchos conflictos, diferencias de opiniones, diferencias religiosas  lo importante fue que los supimos enfrentar, nosotros como unos humildes trabajadores tuvimos la capacidad de hacerle frente a cualquier conflicto y resolverlo.

—¿De dónde adquirió el apodo ‘Súper Mario’?

Eso fue la gente de la prensa que me llamó así, la gente que me ama me dice: ‘Marito’.

—¿Tuvieron momentos de diversión y entretenimiento?    

Hacíamos de todo, nos reíamos mucho, pasaron cosas muy bonitas allí dentro. No sabes tú cuantas ganas a cada rato me da de estar allá nuevamente con mis compañeros, si sucediera de nuevo, me gustaría estar con los mismos compañeros para reflexionar acerca de las cosas maravillosas que la vida nos ha dado y para hacer mejor las cosas.

—¿Qué le pareció la película ‘Los 33’?

La película estuvo muy bonita. Eso fue un trabajo que unos actores hicieron, yo sigo mi historia. Mientras un actor hace un gran personaje, yo tengo que seguir trabajando y no me puedo rendir.

Usted ha ofrecido diversas entrevistas a los medios de comunicación internacional, —¿Ha contado realmente todo lo que sucedió?     

Yo soy un hombre sin protocolo, el problema es existen pocos medios de comunicación serios que quieren escuchar una gran historia, ese es el tema, historias con verdades, porque casi todos reseñan la historia que les parezca mejor, no como es la verdadera historia.

—¿Han impedido que exprese su testimonio?

 Yo no soy un tipo que se cuadra, no estoy dispuesto a cuadrarme, siempre digo lo que siento, lo que mi corazón y mi alma me dictan. No soy político por lo mismo, me han buscado para muchas cosas pero me niego a cuadrarme. Por ser verdadero y creíble, la gente me quiere y me respeta mucho. Podría estar mucho mejor económicamente y no lo estoy por lo mismo, porque no tengo la mentalidad para estar cuadrando con nadie. 

—¿Estuvo Dios presente durante los momentos difíciles?

—Dios fue el protagonista principal de toda esta historia, nuestro Padre Jehová Dios. Él nos sostuvo en los peores momentos. Jehová es nuestro héroe. Pase lo que pase, mientras uno tenga la claridad de seguir viviendo uno se tiene que levantar con ganas de luchar. Me gustaría estar en el mismo lugar para reflexionar acerca de las cosas maravillosas que la vida nos ha dado y para hacer mejor las cosas. Cito a Miguel de Unamuno dijo: “Los hombres  no sucumbimos a las grandes penas y grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, niebla. La vida es una nebulosa”. Mario Sepúlveda entendió el propósito de la tragedia. Es una nueva persona que vive al máximo cada uno de sus días.   

Después de habernos contado su historia de supervivencia, — ¿Alguna reflexión final?

Gracias a mi crianza me hice un hombre de bien, las oportunidades para hacer el mal en la vida son muchas pero siempre me fui por el camino bueno de la vida. Me crié en una familia numerosa y humilde, donde lo que aprendimos desde chicos fue a ser fuertes, perseverantes y gente de bien, en la vida, pase lo que pase, mientras uno tenga la claridad de seguir viviendo uno se tiene que levantar con ganas de luchar, uno no puede quedarse esperando a alguien que por misericordia venga, le toca la puerta y le diga: ¡Levántate que tienes que hacer algo!, uno tiene que tomar la iniciativa de levantarse todos los días.

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