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Actualizado hace 40 minutos

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Experiencia Panorama
09:00 AM / 11/11/2018
Luis Alberto Lamata: “Hay que arriesgarse con el país”
Camila Ríos
Eduardo Sempúm

A propósito de la proyección especial del film venezolano “Parque Central”  en Maracaibo, Luis Alberto Lamata, director, guionista, productor de cine y televisión, habló con PANORAMA del nuevo proyecto y repasó el andar del cine, que a su criterio, se proyecta con algunos cambios de formato.

Lamata, quien ha estado a cargo de largometrajes como “Desnudo con Naranjas”, “La Primera Vez”, “Miranda Regresa”, “Taita Boves”, “Azú” y “Bolívar, el hombre de las Dificultades”, ha sido galardonado internacionalmente en diferentes áreas de la creación audiovisual.

El también historiador habla con pasión de un tema que es suyo, un proyecto de vida que lo ha llevado a sumar reconocimientos en países como Venezuela, Estados Unidos, Rusia, Italia, España, México y Perú, con trabajos presentados en festivales de ciudades como Londres, Buenos Aires, Berlín, San Sebastián y Montreal, entre otros.

Hubo una época del cine venezolano que fueron los 70 y 80, que era un cine con una temática muy referida a los submundos de las ciudades, pareciera que ahora estuviéramos apostando a temáticas más dirigidas hacia la inclusión, la esperanza, a temas más vitales, ¿Es así?

 

Si algo he sentido como respuesta del público con “Parque Central” es que es una película que invita de alguna manera a seguir peleando pero desde, no desde la amargura si no desde la imaginación, desde la creatividad. Alguien habló incluso de que es una película que invita a la resiliencia.

Una señora que me dijo saliendo de una de las funciones algo muy interesante, me decía “es una película muy amable” y entiendo qué es lo que ella quiere decir porque no deja de ser una película crítica con muchas cosas, con momentos de humor y momentos de drama fuerte, pero que no quiere verlo desde la derrota o desde la amargura absoluta, si no que los personajes van buscando soluciones a sus problemas aunque no todos tengan un final feliz.

 

 

¿Responde esto a la necesidad que tenemos de oxigenarnos?

Si, de ver que a veces en la vida no la tienes la fácil y tú tienes que resolver y salir adelante con muchas cosas. La cosa es cómo te enfrentas a la vida y si lo vas a hacer desde la derrota y la amargura. Es un poco a lo que los personajes de esta película se oponen, de una u otra manera y buscando soluciones distintas a las tradicionales.

 

Muchas de sus películas son películas históricas, comprendidas en un espacio particular, en un tiempo especifico, ¿Qué tiene de atrayente el ahora?

A mí me ocurre algo muy particular, y es que yo siento que venezolanos somos todos. Para mi es tan contemporánea “Azú”, que es una esclava del siglo XVIII, como puede serlo el personaje de Francis Rueda aquí en esta película, la maestra Lidia, porque al final es un gran tejido que se llama Venezuela que vamos elaborando todos.

Nosotros pasaremos también. No hay nada más fugaz que decir que algo es contemporáneo, dentro de poco tiempo ya nosotros somos pasado y alguien hará una película sobre nosotros, y alguien dirá “¿para qué ver una película sobre una gente tan vieja que ya pasó?”, entonces para mi somos todos venezolanos.

Me interesa hacer cine sobre nosotros sin que sea necesariamente un cine que quiera mirarse el ombligo o que parta de un nacionalismo primario que no nos sirve, pero si me interesa saber cómo llegamos hasta aquí y cómo vivíamos, entonces esa frontera de qué es contemporáneo y qué es historia no la veo, yo creo que la historia la vamos haciendo todo el tiempo y me imagino esta gran tela, este gran tapiz que va elaborándose constantemente.

¿Cómo ha cambiado ha cambiado la forma de narrar las historias en el cine venezolano actual?

“Parque Central” es una película hecha muy como yo sentí que podía contarla y comunicarla mejor, aunque no siguiera las modas, porque esas modas del cine también son muy fugases, también pasan rápido y es una tontería. Yo prefiero hacer algo que la gente pueda entender y que pueda expresar lo que yo quiero contra de la manera más directa posible, ese es mi objetivo cuando dirijo una película porque pienso que si tú te pones a saltar detrás de la moda es mentira al final siempre vas a estar retrasado.

Partiendo de que este presente va a pasar...

Claro, que ocurre mucho con películas que tratan de apuntar a cierto festivales, entonces hay cineastas que dicen “me interesa que esta película le guste al festival de tal”, eso es lo que le gusta al festival de tal hoy pero de de repente en 1  año y medio, 2 años, es otra cosa, entonces la moda en una presa que siempre pasó, que nunca podrás cazar.

Tengo entendido que este fue un guión escrito a 6 manos…

Si, si. Ninguno es mocho (risas). La escribimos Laura Antillano, Elio Palencia y yo, ahí lo interesante es que en el caso de Laura, aporta una mirada femenina, que es importante en la película y Elio, que es un grandísimo escritor de teatro, de televisión y de cine por su puesto, Elio vive en Parque Central, él conoce a fondo a lo que es esa arquitectura y esa relación entre esa arquitectura con esos personajes que hacen vida ahí.

¿Y cómo influyó en el resultado final que la narrativa la hayan hecho entre una escritora, un dramaturgo y un historiador?

Nos dividimos las historias. Hay una historia que está escrita por Laura con el aportes nuestro, hay una historia que está escrita a 4 manos entre Elio y yo, hay otra que es mía, hay otra que es de Elio solo, pero si quisimos siempre que fuera un trabajo colectivo o, al menos yo me encargaba de eso, de que todos supieran un poquito de qué iban las historias, porque Parque Central, al funcionar como una ciudad dentro de otra ciudad, genera una cantidad de grupos humanos que te invitan a echar los cuentos de lo que les ocurre.

La  película está hecha a base de historias muy particulares, de hecho la película dice “Historias mínimas de parejas singulares” porque además todas las historias tiene que ver con pareja, pero son cuentos en los que yo siento, el espectador puede identificarse aunque no sea de una manera directa.

Te pongo un ejemplo, una de las historias de la película son unos chicos con síndrome de down, cada uno vive en su casa en Parque Central. Cuando comienza la película ya están empatados. Ninguna de las dos familias lo sabe, y ellos lo que quieren es encontrar un espacio donde tener intimidad, un espacio donde besarse, donde amarse, y no es fácil porque Parque Central es muy hostil para eso, entonces esa es su aventura, buscar un espacio dentro de Parque Central, un espacio de libertad, un espacio de privacidad, es decir, yo creo que es algo que todos hemos vivido aunque no seamos chicos tan especiales como ellos.

Otra de las historias por ejemplo, está inspirada en una historia que ocurrió realmente. Un músico suizo que viene a Caracas a dar un concierto en el Teresa Carreño y se queda en lo que hoy es el Alba Caracas y le roban el stradivarius que trae, que cuesta 15 millones de dólares, te lo cuento como lo supimos los venezolanos en aquel entonces, que sentimos indignación de nosotros mismo, imagínate, viene este hombre y aquí lo roban, ¿por qué somos así?. Lo cierto es que después se descubrió que él había metido a una chica de la mala vida, en la habitación y esa chica de la mala o buena vida es nuestro personaje.

Ella (el personaje), le ha hecho creer a su madre y a su hijo que ella es enfermera y que trabaja de noche, pero al fin y al cabo es de esas madres venezolanas capaces de hacer cualquier cosa por su hijo. Al hijo, que toca en el sistema de orquestas ahí en Parque Central, le han robado su violín saliendo del metro y al robarle el violín ella descubre este otro violín en el cuarto del suizo y se lo lleva, resuelve su problema de esa manera, y de eso va esa película, de ese suizo buscando su violín, de esa madre tratando de darle una buena vida a su hijo, de estas personas tratando de resolver sus vidas de cualquier manera.

¿Estamos retomando esos gramos de humanidad que parecía que habíamos perdido como sociedad?

Quién sabe, yo lo comentaba en estos días con algunos amigos. Siempre las circunstancias difíciles sacan lo mejor y lo peor del ser humano y así como tú te encuentras cosas reprobables o que te disgustan, te encuentras esa solidaridad y yo siento que el venezolano siempre ha sido muy solidario y que eso no se va a perder. Yo soy hijo de inmigrantes mi familia es básicamente isleña con una parte Argentina, y mi viejo decía que este es el país más generoso del mundo y yo lo creo así también.

¿Qué futuro tiene el cine venezolano?

Yo creo que el cine venezolano, como todo el cine, debe reinventarse porque ese cine que conocemos, con la pantalla grande que está en un centro comercial al que vas a ver una película, ese cine está muriendo en todo el mundo.

En el caso de Venezuela es particularmente duro, porque a los venezolano nos cuesta ir al cine por un tema económico. Es muy fuerte ir al cine y si además queremos regalar unas cotufas a los que están con nosotros, pues más caro se hace, entonces ese cine está muriendo pero te insisto, no solamente en Venezuela, si no en todo el mundo. Tardará, tendrá un proceso, pero ya no es igual.

Lo que viene en el cine son muchas pantallas. Hoy hablar del cine es el cable, es el internet, es la televisión abierta, los quemaditos, que todavía existen, es decir, el cine son muchas pantallas. Yo siento que el cine venezolano tiene que reencontrar, que redescubrir ese camino para comunicarse con su público, porque yo sé que ese interés del venezolano de verse en pantalla está ahí todavía.

 

¿Ese interés es causado por una búsqueda de reafirmación, de identificación?

Es que el venezolano desde siempre, y ahí te lo digo desde mi experiencia en televisión, yo vengo de una televisión donde cualquier producto nacional, si estaba medianamente bien hecho, siempre le iba a ganar a cualquier enlatado, es decir, la base de la programación de los canales más competitivos era la telenovela y si algún canal se atrevía a ponerle una telenovela mexicana, argentina, colombiana, frente a una nacional, naufragaba, porque al venezolano le gustaba verse en pantalla.

¿Nos queremos?

Si,  o nos damos curiosidad y yo creo que eso es bueno, creo que eso es parte de la identidad y ojo te lo digo no desde un punto de vista cerrado, hay que ver de todo, es maravilloso ver de todo, pero yo si sé que está latente ahí ese interés nuestro por descubrirnos, por preguntarnos, por saber de nosotros y yo creo que eso es bueno.

¿Qué tipo de cine cree que debemos hacer en Venezuela?

Todo el cine posible porque ningún cine sobra. Yo le tengo mucho temor, a los que yo les digo “los agrimensores del cine”, los agrimensores son los que miden los terrenos. Les tengo temor a los que dicen “esto es cine, esto no es cine”. Yo creo que nos hace falta todo el cine, nos hacen falta comedias, nos hace falta drama, nos hacen falta películas realistas, nos hace falta la fantasía, porque lo importante del cine es justamente esa variedad y tú te encuentras como país en esa variedad.

Yo creo que todo cine es valioso y que todo cine vale la pena hacerlo. Hay gente que me dice cosas tan insólitas como “¿pero por qué hiciste telenovelas?”, a mi me encantaba hacer telenovelas, es más cuando yo hablo de cine yo aspiro que la industria de la televisión se recupere también y volvería a hacer telenovelas, yo las  disfruté mucho, claro no es igual que Jericó (película del cineasta ambientada a principios del siglo XVI), es otra cosa, pero es cine también y todo vale la pena.

¿Cómo se hace cine en tiempos de crisis?

Parque Central es un ejemplo, es una película grabada en 4 semanas, cuando normalmente nuestras películas se graban en 7 u 8 semanas, a veces en 6. Nosotros la hicimos en 4, claro, planificamos todo para que eso fuera posible y contaba con un quipo muy profesional, con un elenco muy profesional y logramos hacerlo. Eso implica que los costos no son muy grandes y además se probó un mecanismo que yo creo que es muy interesante, esta es una película que sin el apoyo de la Villa del Cine no se hubiera podido hacer, pero no es un película en la que el cine puso todos los recursos.

Yo puse los recursos, es decir, no es que la Villa del Cine me aprobó el dinero y yo la hice, no, la Villa puso unos recursos fundamentales para hacerla y yo puse los míos para completar la película, porque además creo que, y aquí yo hablo como productor, hay que arriesgarse con el país, hay quien dice que es una locura, sobre todo en estos momentos de crisis, pero, eso es lo que yo soy,  eso es lo que yo hago y le tengo confianza, a que en un mediano o largo plazo, la película se recupera sola.

¿Por qué tenemos que ir a ver Parque Central?

Yo pienso que es una película amable, como decía la señora (risas). Es una película que nos acerca a otros venezolanos como nosotros en situaciones bien particulares y que además de ser una película, pienso yo, aspiro yo, entretenida, también te refleja una mirada crítica a las circunstancias que estamos viviendo y se pregunta de qué manera afrontarlas. ¿Te sirve eso? (Risas).

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