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Actualizado hace 33 minutos

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Experiencia Panorama
12:26 PM / 18/10/2019
La partida de Alicia Alonso: Grand jeté de la memoria
Alexis Blanco

La pequeña húngara dejó olvidado ayer su cuaderno de dibujos corpóreos. Antes, la prima ballerina assoluta había revisado de nuevo las zapatillas que con tanta vehemencia se negó a usar, allende el siglo pasado, cuando Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo, Alicia Alonso, volaba por los escenarios del mundo exhibiendo un incomparable talento, una personalidad increíblemente seductora y poderosa, así como unas convicciones acerca de la importancia de su oficio para la gente común que terminaron en convertirla en la leyenda más grande del ballet iberoamericano. Ayer sufrió una baja de tensión arterial que, a sus casi 99 (cumpliría el 21 de diciembre) redundó en este silencio que hoy da paso a una eterna ovación, cuando miramos su obra artística.

Compitió, enamorada de su arte, con la moscovita Maya Plisetskaia (1925-2015) como la más grande bailarina de su época. Y vaya que logró serlo. El gran maestro francés, Maurice Béjart, puso un toque de gracia a su legendaria prima donna: "Alicia nació para que "Giselle" no muriera". Como tampoco moriría ninguna de sus inmortales personajes, una vez que ella los asumía, diosa del aire y del gesto espacioso.

Dejó, decía, su cuaderno con sus apuntes maravillosos. Alicia Alonso, la universal dama que renuncia a ejercer su condición de gran bailarina del mundo para preferir quedarse en su país y construir en él a una de las instituciones balletísticas más importantes en la historia del arte de los dioses danzarines

Esa instiitución que, junto con Jorge Esquivel, la trajo a Maracaibo, donde su anfitriona y dilecta amiga y hermana, la maestra Marisol Ferrari, la trajo para que repartiera sus dones y prodigios para un oficio que la hizo varias vecespionera en muchas áreas: la que más resistió ponerse unas zapatillas para bailar, la primera nonagenaria en demostrar que la coreografía es un arte inmanente e inmortal, ella, viajera con más horas de vuelo acumuladas en su misión de llevar arte a todos los rincones del orbe, una tarea con la que quizás desafió a los mismos dioses que la mantuvieron ciega durante media vida.

"Fue en el año 1959 que por primera vez conocí a Alicia Alonso, en Montevideo. Había ido con su compañía a actuar y mi hermana Luna y yo fuimos al hotel adonde se alojaba y tocamos su puerta. Nos dio una enorme emoción verla,  hablar con aquella mujer que parecía distante pero no, estaba ahí, un ser humano excepcional.

Luego en 1973 un nuevo encuentro en Berlín, República Democrática Alemana. Allí organizamos un  foro   en la Universidad de Humboldt con las delegaciones de América Latina que participábamos  en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Ella nos habló de la danza en Cuba, de  la situación de su país,  sus artistas, del bloqueo que no permitía que se supiera qué pasaba en un país tan cercano pero a la vez tan distante.

En 1974 me invita a Cuba con motivo del Festival Internacional de Ballet de La Habana,  y así,  se fue forjando una amistad que perduró toda la vida,  que valoró y estimuló permanentemente mi trabajo al frente de Danzaluz.

 En 1975 el Ballet Nacional de Cuba viene a Maracaibo invitado por nuestra máxima casa de estudios. Alicia viaja  a la guajira, Nemesio Montiel nos recibe en la Laguna del Pájaro  y allí baila la Yonna, cae al suelo sobre esa maravillosa tierra, se entrega de alma y corazón a ese pueblo originario digno representante de nuestra región zuliana. Muchos encuentros, muchos viajes de intercambio entre el Ballet Nacional de Cuba, Danzaluz y luego Azudanza.

Y siempre Alicia con una palabra de estímulo, de reconocimiento a nuestro humilde trabajo en esta ciudad en pro del arte ligado al más profundo sentir del ser latinoamericano. Su aporte al desarrollo de la danza en América Latina es invaluable. Nuestro profundo respeto por la artista que nunca  vendió ni traicionó su arte,  que estuvo al lado de su pueblo con un férreo compromiso,  con la dignidad del verdadero  creador que lucha y consolida su trabajo con pasión  y entrega revolucionaria".

Esa niña hermosa, a quien le decían "Hunguita" o "Hunga", por su rostro de profundos rasgos clásicos y cabello azabache, la "pequeña húngara", respondió nuestras preguntas cuando este diario celebró su aniversario con una antología de entrevistas y donde la de ella bien pudo ser la más esclarecida y esclarecedora, porque allí expuso los motivos que la llevaron a decidir quedarse en Cuba y colaborar con la revolución, antes que mantener su estatus de súperestrella. De esa gran lección siempre hablaría con Marisol Ferrari, quien siempre encontró en ella una cómplice perfecta para su espíritu emprendedor.

La niña prodigio que, a sus 18, contrae nupcias con su partenaire, Jorge Alonso, con quien tendrá su única hija, Laura. Tesón, disciplina, sacrificio, todos son términos incluidos en la canasta de vida de Alicia Alonso. Sus precoces problemas de desprendimiento de retina constituyeron su más tenaz enemigo, el cual ella se encargó de revertir su poder malhadado. Superó la operación deretina y la patética inmovilidad que la misma le suscitaba. En esos estadios de ceguera absoluta, su pasión la hace preconfigurar decenas de imagenes coreográficas con las que después asombraría a sus espectadores. Después de la operación, cuidadad por su madre, decide superar unj problema adicional, devenido de la ingesta de cortisona para el problema de visión. Ello le genera una tendencia a subir de peso y entonces decide suprimir el medicamento para consagrarse a su arte. Es decir, prefirió seguir encegueciendo paulatinamente antes que perder la figura y la condición física para desafiar la gravedad en tenpos magníficos. Paradoja de su inmortalidad.

En 1948 funda el Ballet Nacional de Cuba y entonces ya son famosos sus trucos y artificios para que la ceguera no afectara su desempeño sobre el escenario. Terneza oficiosa, amor y solidaridad hinchan su corazón y promueven su encanto mundial.

En el documental de Alberto García sobre su vida, Alicia Alonso cuenta de sus reticencia absoluta a parecer una bailarina extranjera: "Soy latina, mis raíces son latinas, yo bailo como latina, y estoy orgullosa de serlo y no me voy a cambiar el apellido". Esta latina amorosa, cuando vino a Maracaibo para bailar Edipo, rey, en el acondicionado espacio del gimnasio cubierto, visitó también la región Guajira, por su interés en las formas dancísticas del folclore local, e incluso hasta bailó algo de la Yonna, según contaba el músico Gabriel Torres, aunque las imágenes que se tomaron entonces permanecen inéditas.

La colega Helena Núñez Watch recalca: "Fundó y mantuvo con su propio dinero, más una pequeña subvención estatal, la compañía del Ballet Nacional de Cuba, hasta que, en 1959, tras el triunfo de la Revolución, Fidel Castro, fan número uno de la estrella, convierte en asunto de Estado el futuro de la institución y lo demás es historia de las artes fecundas.

En ese contexto, la colega Núñez reseña el libro La bailarina y el Comandante, de Isis Wirth, quien en 2013 publicó un crudo análisis de lo que ella consideró resultado de esa relación, calificada por ella como un mero acto de propaganda de parte de el líder y una lúcida defensa de su trabajo por parte de ella, quien, según Wirth, "le interesaba la difusión del ballet y mejorar cada día más su compañía (..) Y también aprovechó ese poder para proteger a algunos de sus bailarines de las persecuciones a los homosexuales..". La misma Alicia, en su momento, desestimó tales aseveraciones anteponiendo la "total y absoluta libertad que siempre hemos tenido para hacer todas las giras y difundir así la cultura cubana. Eso también se le llama corazón de patria antillana.

Sus cenizas volarán, como ella. "Espero que me recuerden como una artista honesta con su arte y su época, que amó la danza sobre todas las cosas", declaró a este reportero en 2004. Sentíase su corazón hablar, como sus manos, como su rostro de Anacaona mezclada con esa virgen de la Caridad del Cobre. Largo vuelo hacia el Olimpo de los danzarines, declarados hoy en fúnebre ditirambo. Alicia Alonso reina en nos..Pedro Simón, su viudo, conducirá hasta el mar sus restos y allí, Hunguita, con el mar, ya nunca dejará de danzar. Dios bendiga sus pasos de reina diosa..

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