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Experiencia Panorama
10:30 AM / 22/11/2018
La nota verde: Conoce cinco árboles autóctonos del Zulia, sus cuidados y cómo plantarlos
María G. Fuenmayor
Agencias

La vegetación es una parte indispensable en un ecosistema en buenas condiciones. Cada zona tiene un clima y suelo que permite el crecimiento de ciertas especies que no se ven en otros lugares, lo que lo hace único.

Según el botánico Miguel Pietrangeli, en Venezuela tenemos entre 4 mil y 5 mil especies de árboles, mientras en nuestra ciudad solo hay 100 aproximadamente.

Esto se debe al crecimiento de la población, que para construir viviendas deforestan las zonas escogidas para establecerse permanentemente.

Esta práctica y otras razones que provocan la poda de árboles en la ciudad, ha desembocado en la poca frecuencia de vegetación autóctona sembradas sobre nuestro suelo.

“Hay una serie de árboles que eran originarios del bosque seco de Maracaibo, el cual tiene la misma vegetación que zonas cercanas a Mara, Jesús Enrique Lossada y Cabimas. Hay muchos árboles y aquí no hay ninguno de estos”, afirmó Pietrangeli.

“Son especies originarias de esta zona, pero es un lugar muy deforestado, muy intervenido, porque el ser humano desplaza la vegetación original”, develó.

Algunos de estos árboles son:

El curarire

 

Pietrangeli  relata que el curarire es uno de los árboles más abundante de los bosques de Maracaibo, que además es fuerte, de mayor crecimiento y más adaptado.

Recalcó que uno de los ejemplos de la presencia de este árbol en Maracaibo estuvo en el Jardín Botánico a principios de este año.  “Esa fue la prueba más evidente de que ese árbol fue y ha sido muy importante pero muy afectado por la deforestación”, expresó.

Este árbol crece muy rápido, da muy buena cobertura y protege el suelo;  además, porque es propio de esta zona, se ajusta a las condiciones de lluvia.  

“Cuando es época de lluvias crece muy bien y cuando es época de sequía, desprende sus hojas para evitar una deshidratación. Queda descubierto, pero no quiere decir que esté muerto, solo está en una etapa”, explicó. Puede tener grandes tamaños de hasta  dos metros de altura o más.

El director del Jardín Botánico de Maracaibo, David Morales, asegura que debido a sus características, este podría ser un árbol adecuado para la ciudad. “Su floración es muy corta, pero aguanta mucho verano, tiene  raíces profundas y no levanta las aceras. Podría ser un árbol de calle”, opinó.

Pietrangeli añadió que incluso puede sembrarse en una casa sin problemas, en especial por la sombra que ofrece y la rapidez de su crecimiento.

El olivo negro

 

“Es un árbol excelente haciendo bosques; no es muy alto, llega hasta 10 o 12 metros de altura, pero es un árbol siempre verde”, apuntó Pietrangeli.

El olivo negro produce muy buena sombra y crece rápido bajo riego. También, puede durar muchos años.

“En Maracaibo hay muy pocos y debería ser uno de los principales que deberíamos tener, porque es bellísimo, crece con poca agua, no rompe las aceras, se puede podar bonito y no ensucia”, describió.

 

El guayacán

 

 

Otro árbol autóctono es el guayacán, el cual, según Morales es de muy lento crecimiento pero longevo y aguanta verano.

“Hay una zona en Maracaibo donde está un guayacán que debe tener como  50  o 60 años. Es pequeñito porque no crece rápido, pero es bonito. Se usa mucho para bonsái porque da buena forma”, contó. Muchas semillas se tomaron de este y se están propagando en el Jardín Botánico de Maracaibo.

Morales agregó que en algunas calles de la ciudad se han sembrado hace siete años y están pequeños porque son árboles que tardan en crecer. “No es paisajismo instantáneo o a  corto plazo”, destacó.

Igualmente, Pietrangeli manifestó que aunque tarda para crecer, el proceso es más rápido cuando los riegas constantemente.

Este árbol puede alcanzar hasta ocho metros de altura, debido a que los arboles de Maracaibo no son muy altos por la baja cantidad de precipitaciones.

Resaltó que es un árbol “encantador, muy vistoso, siempre verde, que produce mucha sombra, hay de distintos colores, aguanta mucho la sequía, no necesita tanta agua y la corteza es bellísima”. 

El cují

 

 

Pietrangeli sostuvo que este árbol es “uno de nuestros elementos autóctonos más bellos”

“Donde está el Aula Magna, esa avenida es hermosa porque estos árboles están creciendo en un terreno adecuado para ellos”, detalló.

Este es un árbol resistente a la sequía, muy longevo, de crecimiento intermedio, que aguanta muy bien las altas temperaturas y las bajas precipitaciones.

El botánico añadió que “posee una copa extraordinaria, da muy buena sombra, es muy hermoso y no ensucia”.

Además, por ser parte de las familias de las leguminosas tiene otra características y  es que nutrifica la tierra donde vive pues incorpora nitrógeno al suelo y así se fertiliza menos veces el árbol.

“La familia leguminosas produce mucho nitrógeno porque tiene una ‘asociación’ en las raíces con una bacteria: el cují le da azúcar, proteínas y lípidos y la bacteria le otorga nitrógeno”, ilustró.

El cotoperí

 

 

El cotoperí  es otro árbol muy bueno para la ciudad.

Morales explicó que este es muy bueno para brindar sombra en la ciudad, al mismo tiempo que da fruto; su flor es bellísima y sus flores las visita las abejas, lo que produce miel con el néctar de mamones y cotuperí que son de la misma familia.

 

Otros árboles emblemáticos del Zulia son el dividivi, el samán, el yacure, el guamache, el palo verde, el yabo, el flamboyán, la lara y el apamate.

 

¿Cómo plantar?

Morales aseguró que depende de la variedad, la profundidad que se necesita para plantar el árbol escogido.

“Hay árboles que bajan tres y hasta seis metros hacia abajo como hay unos que están superficiales completamente”, acotó.

“Todos los árboles son de semilla, aunque hay árboles que te permiten sembrarlos de estacas. Para esto,  tomas un palo, lo entierras y te saca raíz, pero esa raíces no son tan fuertes como las que se forman con semillas”, dilucidó. También, se puede sembrar de raíces que extraen del árbol.

Por ejemplo, el guamache, una especie autóctona del Zulia, se puede sembrar de estacas; en cambio,  el eucalipto es más de semillas que de estacas.

En el caso del búcaro, este si se puede sembrar de estaca y es muy fácil de propagar. “Un pedacito se entierra y echa raíces”. En el caso de la ceiba, este es un árbol de semilla; para plantarla solo debe quitarse el  algodón y sembrar la semilla que transporta.

Pietrangeli resaltó que los cuidados los primeros seis meses son cruciales y concordó con Morales de que es más conveniente plantar con semillas.

“Es mejor (que crezcan) en viveros hasta que tengan cierta altura y tengan más fortaleza porque arrancar de semilla en una ciudad es muy lento”, indicó.

En un vivero se agiliza el crecimiento y después se lleva poco a poco a sitios más soleados, se les disminuye el riego para que se adapten y luego  se exponen a la calle.

En viveros comerciales se consiguen muy pocos árboles autóctonos; sin embargo, en vivero del Jardín Botánico de Maracaibo sí pueden hallarse estas especies.

 

Riego

Pietrangeli advirtió que cuando estén recién plantados hay que regarlos constantemente para que pueda crecer. Cuando ya esté establecido, aproximadamente en dos años, se pueden espaciar los riegos.

“El árbol sufre mucho en la ciudad, entonces se debe garantizar un riego cada 15 días, inclusive con árboles que no necesiten mucha agua porque  los estás poniendo en condiciones no naturales”, señaló.

Esto se debe a las temperaturas que se producen por las calles pavimentadas y suelos desnudos pueden ser hasta de 50 grados, “entonces los árboles tienen que evaporar mucha agua, por más que estén adaptados a la zona”, afirmó.

Denunció que este año murieron muchos árboles por falta de agua, porque cuando no riegas se debilita el árbol y lo puede atacar el comején.

 “Dicen que el comején mata a los árboles, pero solo lo hace cuando están débiles o se enferman”, puntualizó.

 

Raíces

En cuanto a las raíces de estos árboles autóctonos, Pietrangeli resaltó que no hay árboles buenos ni malos, si no que el hombre canaliza la producción de raíz y propicia las condiciones para que ellos profundicen sus raíces.

“No hay árboles malos ni buenos, hay árboles mal plantados y bien plantados. Árboles bien ubicados y mal ubicados. El curarire tiene raíces profundas, pero si lo siembras muy superficial en la tierra, las raíces crecen a ras del suelo”, sentenció.

Recalcó que los árboles deben sembrarse muy profundos para que sus raíces bajen al fondo de la tierra y busquen el agua.

“Las plantas van a buscar que las raíces crezcan verticalmente hacia abajo, pero si hay un impedimento mecánico, como escombros,  las raíces no van a poder penetrar y crecerán de lado”, expuso.

Señaló que hay un problema en algunos terrenos donde existe una capa como a un metro de profundidad aproximadamente que impide el crecimiento de las raíces.

“Todos los árboles son iguales, cuando tienes el árbol pequeño tienes que cortarle las raíces laterales para que las raíces principales puedan profundizar. Muchas veces las plantaciones se hacen muy mal y te rompen las aceras”, insistió.

Aconsejó plantar los árboles a unos 40 o 50 centímetros de profundidad para garantizar que el suelo donde se desee plantar no tenga ese horizonte endurecido por debajo porque si está, las raíces quedan allí y crecen lateralmente.

“Aunque se plante a esa profundidad, debe romperse ese impedimento  que está a un metro de profundidad”, subrayó.

Esta capa dura puede estar superficialmente y se presenta como una coraza, en esos casos, el terreno no sirve para plantar.

Debe procurarse cavar una holladura grande, romper la capa endurecida, colocar hojarasca y materia orgánica, cortar las raíces laterales y plantar profundamente.

 

Longevidad

Así mismo, reveló que no todos los árboles son longevos y  que la dureza de la corteza, donde están los agentes vasculares que transportan el agua, señala cuánto puede vivir el árbol.

“Los árboles que tienen los agentes vasculares con poros muy grandes y que crecen muy rápido, son árboles que tienen ciclos de vida más cortos. Los árboles que crecen más lento, tienen ciclos de vida más largos y  son lo que sufren más cuando hay deforestaciones”, precisó.

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