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Actualizado hace 566 minutos

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Experiencia Panorama
06:20 PM / 16/05/2019
INFOGRAFÍA: José Gregorio y otros seis laicos venezolanos rumbo a los altares
Julio Gutiérrez
Infografía: Paola Sebriant

Venezuela cuenta solo con tres beatas. Y son monjas. Se trata de María de San José, Candelaria de San José y Carmen Rendiles. El Vaticano no ha aprobado ningún milagro atribuido a la intercesión de un seglar venezolano, aunque únicamente ha recibido tres posiblemente realizados por José Gregorio Hernández en los 70 años de su causa de beatificación.

Los dos primeros se llevaron hasta la Congregación para la Causa de los Santos en 1986 y en 2009. “Lamentablemente, no cumplieron las exigencias requeridas por esa Congregación para ser reconocidos como auténticos milagros”, recordó en 2012 el cardenal Jorge Urosa Savino, entonces arzobispo de Caracas, aun cuando son miles y miles de presuntos hechos milagrosos que pregonan los devotos paisanos del médico trujillano y de otras tierras.

El tercero atribuido al llamado médico de los pobres lo presentó ante el referido dicasterio, el cardenal Baltazar Porras, administrador apostólico de la Caracas, el pasado 18 de enero.  

Entregó el expediente con los testimonios y pruebas médicas sobre el presunto milagro realizado a la niña guariqueña Yulexy Solórzano Ortega en San Fernando de Apure, el 10 de marzo de 2017, tras recibir un balazo en la cabeza en el caserío Mangas Coveras, cuando delincuentes intentaron robarle la moto a su papá.

El “dossier” es revisado por los expertos vaticanos desde el 31 de enero y se espera por el decreto de validez jurídica que le permitiría su pase a la evaluación por médicos, teólogos, y cardenales y obispos, para que, tras su aprobación, el papa Francisco convierta al Venerable en beato.

 Aunque su proceso inició antes del que todos los demás, el doctor Hernández no es el único seglar en “la cola” de los 21 venezolanos o extranjeros que hicieron vida en el país, entre obispos, sacerdotes y religiosas, que aspiran a la declaratoria de beatificación por la Santa Sede. Se encuentran otros seis laicos más, incluida una niña.

Ninguno ha llegado tan lejos en el camino de la santidad como el médico nacido en Isnotú, en 1864, y quien falleció, al ser arrollado por un vehículo, en Caracas, en 1919. Es el único que ha sido declarado Venerable, la segunda etapa del proceso. Fue en 1986, con la emisión del decreto de heroicidad de sus virtudes por el papa Juan Pablo II. Los demás son Siervos de Dios.

La diócesis de San Cristóbal, en Táchira, adelanta tres causas de seglares. La de María Geralda Guerrero de Piñero, conocida como Medarda Briceño;  desde hace un año, la de Lucio León; y desde el pasado noviembre, de la niña Amanda Gisell Ruiz.  

“Las causas están en el proceso de revisión de lo que ellos hayan escrito por las comisiones encargadas, como en el caso de mi papá, que dejó más de 50 escritos, porque en los de Amanda y Medarda prevalecen más los testimonios, sobre todo de los papás y quienes conocieron a la niña. El de Medarda se ha tardado un poco más porque no escribió nada”, informó a PANORAMA -vía Whatsapp- el padre José Lucio León, rector del Seminario diocesano Santo Tomás de Aquino, de la capital tachirense, e hijo de Lucio León.

Madre de familia, con 10 hijos, y partera, Briceño tuvo una vida de entrega al prójimo, sobre todo a los enfermos de viruela negra, en la población de Soboruco hasta su muerte, de 87 años, en 1972.  Nació en 1885, en La Grita.  Juan Pablo II la nombró Sierva de Dios en 2002.

“En la casa de los Piñero Guerrero había una sala de tres metros por tres, allí recibían de 10 a 15 enfermos”, dice el escritor Antonio Sánchez en su libro Caridad hecha mujer, según señalaba la diócesis a través de una nota de prensa.

En el libro de Sánchez describen a una mujer que “se paseaba por las calles de Seboruco, con sus alpargatas rotas y sostenidas por una cabuya, en busca de dinero para comprar el ataúd del que partió de este mundo terrenal, acongojada por el fallecimiento; al tiempo que buscaba la comida del que aún luchaba por sobrevivir”, añade. Muchas personas recuerdan su frase “Dios le pague mijitico” cada vez que algún buen cristiano le ayudaba en su obra caritativa.

En 2014 comenzó la llamada fase romana de su causa, cuando el referido dicasterio recibió el expediente de la fase diocesana. Se espera aún la declaratoria de Venerable.

Por su parte, León, comerciante, albañil y padre de familia, quien nació en la aldea El Recreo, en 1932, desarrolló su apostolado en la Cofradía del Santísimo Sacramento en San Cristóbal hasta que falleció, en 2010, dejando tres hijos, uno de ellos sacerdote. Fue declarado Siervo de Dios por el papa Francisco.

La Santa Sede aceptó abrir su proceso el 6 de mayo de 2017, cuando lo anunció monseñor Mario Moronta. “Ahora tenemos la tarea de estudiar su fama de santidad y sus virtudes heroicas”, afirmó entonces.

El proceso diocesano se inició el 20 de noviembre del año pasado, con la juramentación de parte de monseñor Moronta del tribunal diocesano que sigue los pasos que exige la Santa Sede.

El obispo destacó que fue “un hombre de Dios, un hombre del pueblo, una persona muy conocida en el Táchira por sus apostolado como miembro de la Cofradía del Santísimo. Con grandes virtudes de amor a la familia, y devoción a la Eucaristía, conocido como un laico ejemplar y apóstol de la Eucaristía. Que sin ser ilustrado se ilustró con la doctrina de Dios, no fue a ninguna universidad pero era capaz de interpretar y dar a conocer magníficamente al Palabra de Dios porque lo conocía íntimamente en la sagrada Eucaristía”.

Como una persona “que solo estudió primaria, pero que tenía gran conocimiento de la doctrina de la Iglesia y su gran compromiso como laico sin abandonar nunca la familia ni su trabajo”, describe el padre León a su progenitor. Fue un hombre de Dios, que amó verdaderamente la Iglesia, la eucaristía, el sacerdocio”.

“Para la familia es algo muy hermoso y grande. Tenemos un Siervo de Dios en la familia, un santo. Papá se lo merece. Es un motivo de alegría, porque no nos lo esperábamos. Fue una sorpresa de Dios. Es una gracia de Dios en nuestra diócesis y en nuestra familia”, dijo.

El 22 de noviembre del año pasado, monseñor Moronta presidió la apertura de la fase diocesana causa de la pequeña Amanda, quien  sufrió a causa de la leucemia desde los 3 años y falleció a los 6, con la instalación del tribunal diocesano “para se estudie la posibilidad de declarar santa a una niña testimonio de alegría y esperanza en medio de la enfermedad, de nuestra comunidad, del Barrio La Bermeja”.

 “A veces pensamos que solo quienes pueden acceder a un proceso de beatificación son adultos, o sacerdotes y monjas, pero la historia nos muestra que no es así, tenemos el ejemplo de varios niños santos, como Domingo Savio, San Tarsicio, San Pancracio y muchos más”, dijo, entonces, el prelado.

Según la oficina de prensa de la diócesis, los padres de la niña, que nació el 11 de mayo de 1999, en el Hospital Central de San Cristóbal, y murió el 21 de septiembre de 2005,  siguieron la ceremonia a través de una videollamada de WhatsApp por encontrarse fuera  del país.

Otra mujer, monaguense, nacida el 22 de noviembre de 1926 en Barrancas, también integra la lista, aunque su proceso lo lleva la Iglesia estadounidense. Se trata de María Esperanza Medrano de Bianchini, a quien el 25 de marzo de 1984 se le apareció la Virgen María en la finca Betania, en el estado Miranda, como María, Virgen y Madre Reconciliadora de todos los pueblos y naciones

Cinco años después de su muerte en Long Beach Island, en Nueva Jersey, Estados Unidos, el 31 de enero de 2010, la diócesis de Metuchen del referido estado, dio apertura a la causa de la llamada mensajera de la Virgen de Betania.

Está igualmente en la cola una pareja. Los Calvani, Arístides y Adelita. La causa del político, diplomático y académico nacido en Puerto España, Trinidad y Tobago, en 1918, y de su esposa Adela Abbo Fontana, en 1919, la inició la arquidiócesis de Caracas, en 2012. Murieron juntos en un accidente aéreo en Guatemala, en 1986. Tuvieron siete hijos.

Los católicos y Venezuela entera esperan que la Santa Sede apruebe este año, en ocasión del centenario de su fallecimiento, el milagro para que José Gregorio Hernández se convierta en el primer hombre y laico venezolano en recibir culto público en las iglesias locales.

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