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Experiencia Panorama
08:00 AM / 14/02/2016
En el Día del Amor y la Amistad te contamos el tierno romance de los abuelos Dora y Leví
Patricia Quiñones
Panorama
Cortesía Patricia Quiñones

Hay leyes tan irrefutables como la de la gravedad que se cumplen igual en China que en Venezuela, pero tratándose del amor la única certeza que existe es que no hay ninguna fórmula. Estar alejados durante años o no gustarse desde el  principio, no parecen ser buenas señales de que una relación prosperará, pero en el caso de esta pareja ya son 50 años de matrimonio, tres hijos y tres nietos que dicen que ¡¡sí!!

Leví Vargas, de 81 años y Dora de Vargas, de 78 años, comparten con PANORAMA su historia juntos, precisamente celebrando el Día de los Enamorados y la renovación de sus votos matrimoniales justo en la misma iglesia en Maracaibo que fue testigo de su unión hace ya medio siglo.

 

Pasamos una tarde con esta alegre pareja que lejos de pretender dar “sermones” a los enamorados este 14 de febrero, simplemente se mostró tal y como es. “No fue un amor a primera vista. A mí en realidad quien me gustaba era una amiga de Dora. Tenía poco tiempo viviendo en Sabaneta y la que sería la madre de mis hijos no me llamó la atención desde el principio. Yo le estaba metiendo mano a otra, dice con picardía. Nos acabábamos de mudar del municipio Rosario de Perijá a Maracaibo y Dora era mi vecina”, rememoró don Leví mientras dejaba su bastón a un lado para ayudar a su esposa a sentarse.

 

Cupido y el tiempo se encargaron. Y entre ellos surgió el amor. “Duramos 11 años de novios. No nos casamos tan jovencitos. Él tenía 31 y yo 28 años. Creo que cuando uno decide estar con una persona y si está en Dios que sea tu pareja, se da. Nosotros estuvimos siete años sin vernos. Él se había ido lejos a estudiar; primero a Colombia y después a Argentina. En todo ese tiempo tenía noticias de él a través de su familia. Me escribía muy poco. No es como ahora que existe internet, las llamadas son más fáciles y hasta se pueden ver por los teléfonos. No fue nada fácil. Aunque no decía nada, me daba miedo de estar, como quien dice, perdiendo mi tiempo y quedar como novia de pueblo”, cuenta con nostalgia Dora.

 


“A mí él siempre me gustó, pero yo no se lo demostraba. Hay cosas que no deberían cambiar. Me dejé conquistar. Es una mezcla entre ser indiferente y dar señales a tu pretendiente de que va por buen camino (al estilo Arjona con la letra de su canción Dime que no).

“Cuando se fue lejos con la promesa de que volvería, con el tiempo yo le preguntaba a sus padres por él y ellos eran sinceros y me decían ‘Dora, él ni te nombra’”.
 

Don Leví, quien trabajó durante décadas en una pequeña finca de la que era propietario, confiesa  ¡volviéndose a sonrojar 50 años después! cuál fue la razón de su silencio: “Tenía pena de decirle que no había terminado ninguna carrera. Llegué a trabajar hasta de albañil en el extranjero. Mis padres esperaban que terminara la universidad, pero no era lo mío. Pero me siento bendecido y agradecido con Dios porque supe sacar adelante a mi familia, criar a mis hijos y proveer a mi esposa. Recuerdo que cuando regresé a Venezuela hablé con mi suegro y le dije que así me tocara salir a la calle a vender plátanos cargándolos en el lomo (espalda), yo estaba dispuesto porque Dora no iba a pasar necesidades por mi culpa. Vio mi determinación y que en verdad cuidaría de su hija y así retomamos el noviazgo y al poco tiempo nos casamos”.

 


La pareja cuenta que como le ocurre a cientos de matrimonios de hoy, no tenían casa propia cuando se casaron. “Vivíamos con los suegros. A los jóvenes yo les diría que fomenten el respeto, la tolerancia, porque lo ideal es que uno tenga ganas de regresar después del trabajo a la casa, aunque no tengas lujos”, dice el esposo y agrega: “La gente cree que los llamados ‘matrimonios de antes’ no peleaban. ¡Ahora es que peleamos! Pero el secreto está en no faltarse el respeto  y olvidar rápido. Si por ejemplo conversan y se perdonan, ¡olvídenlo! No saquen viejas heridas en el peor momento. Eso no es bueno. Y eso sí, aunque no quiero darles sermones ni echarle cuentos raros, sí les puedo decir con toda certeza de que uno no debe irse bravo a la cama. No se den la espalda. Dense un abrazo, conversen,  un sencillo ‘hasta mañana mi amor’ los ayudará a dormir más unidos y felices”.

Sobre la crianza de los hijos, doña Dora lo resume así: “No conviertan en ogro al otro. Decirle a los niños cuando se portan mal que en la noche cuando llegue papá de trabajar los castigará, además de que te resta tu propia autoridad, hace ver al padre como el castigador. Lo ideal es que ambos siempre conversen y se pongan de acuerdo sobre la manera de criarlos. Ellos aprenden muchísimo viendo cómo se llevan sus padres”.

 

¿Y qué hay del sexo? “Hagan el amor, no solo el sexo. Cuando haces el amor te importa la felicidad de tu pareja.  Ambos se dan tiempo para las caricias, las palabras. ¡Claro que  también hay su toque de pasión! Recuerda que si elegiste estar con esa persona es porque viste en ella lo que viste en otras. Hay hombres que solo toman a su mujer y ya. Y eso sí es triste. No hay ni besos. El amor es algo que se construye día a día, con pequeños gestos. Cuando era más joven tenía el detalle de llevarle de vez en cuando el desayuno a la cama. Ahora las dolencias y la edad no me dejan (ríe), pero le canto boleros de Gardel –como él nadie, apunta-,  y así uno va haciendo un poquito más feliz al otro sin que eso siempre signifique lujos o dinero”.


El pasado 29 de enero sus hijos Luis Ángel, Rocelín y Lenry, sus nietos y amistades fueron testigos de cómo Leví y Dora volvieron a jurarse ante el altar de la iglesia San Miguel Arcángel que estarían juntos en los tiempos malos y en los buenos,  en la salud y en la enfermedad. Hoy recuerdan los años juntos y pueden decir que han dado su mejor esfuerzo, la mejor versión de sí mismos. “Porque puedes estudiar lo que sea, pero la vida, como reza el dicho, es la universidad donde más aprendes”, coinciden.

 

“No somos perfectos, como nadie lo es.  A Dora se le quema hasta el agua (ríe). Yo le meto a la cocina. Su mamá no dejaba que nadie le pisara la cocina, ese era su reino y no es por justificar a mi esposa, pero es que a la suegra no se le podía llevar la contraria. Ya hace muchos años que murió pero siempre la recuerdo. La mamá de tu mujer se convierte también en familia, aunque como todos los seres humanos, tengamos diferencias”, dice el hacendado retirado.


Ya termina el encuentro con PANORAMA. La pareja comparte su álbum familiar. Tienen miradas cómplices. Ven las fotos de su boda y a modo jocoso Leví le dice a Dora: “¡Y cómo no ibas a esperar a ese muñeco!”. Ella asiente y se dan un cálido beso (sin poses de ningún tipo), en la mejilla.

 

Es toda una vida juntos. Una en la que destacan que nunca se aislaron. “Nosotros bailábamos más que un trompo. ¡Uff en la pista no había nadie que nos parara! Conserven a sus amigos. Disfrútenlos. Es sabroso también envejecer rodeado de gente cercana. No todo puede centrarse en la pareja como si el resto del mundo no existiera.  Creemos que donde hay confianza, comunicación y por supuesto, amor, no caben los celos. No la dejes al descuido pero tampoco llegues al extremo de la desconfianza. ¡Eso sí que es un cáncer para el matrimonio!”, se despiden los enamorados, porque eso es lo que han construido en cinco décadas: ¡Un 14 de febrero que dura todos los días!

 

Agradecimiento especial a Luis Ángel Vargas
Fotos cortesía familia Vargas

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