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Experiencia Panorama
08:00 AM / 14/05/2016
El ‘milagro’ de Medellín, la ciudad que superó la violencia
Margioni Bermúdez
Panorama
Margioni Bermúdez/ Jhon Ferley ‘Ciro’, estudiante de Ciencias Políticas narra parte de la historia de Medellín.

Su pasado es estremecedor, pero en su presente hay oxígeno, libertad. De 7 mil muertos por año para la década de los noventa, los índices de criminalidad bajaron a 800 muertes por año. El cambio comenzó en las escuelas, educando. Varios de sus protagonistas narran cómo ocurrió el “milagro”.

“Ya no nos queda en Medellín ni un solo oasis de paz. Dicen que atracan los bautizos, las bodas, los velorios, los entierros. Que matan enplena misa o llegando al cementerio a los que van vivos acompañando al muerto. Que si cae un avión saquean los cadáveres. Que hay treinta y cinco mil taxis en Medellín desocupados atracando...Que lo único seguro aquí es la muerte”.


La descripción hace parte de La Virgen de los sicarios (noviembre 2002), novela del escritor colombiano Fernando Vallejo, una mezcla entre ficción y realidad que plasma a la Medellín sangrienta. En la que todos tenían miedo.


 La de ahora, la que   describe Carolina Lopera, quien creció hace 38 años en Envigado, lugar que fuera el ‘centro de operaciones’ de Pablo Escobar, es otra. Secuestrada por bandas de sicarios y  grupos insurgentes, es ahora  un ‘atractivo’ para  turistas que preguntan ¿Y cómo lograron superar  tanta violencia?
 
“Pasamos de una época en las que estábamos acuartelados en nuestras casas, no podíamos salir, ni  ir a nuestras fincas más cercanas a disfrutar del aire libre,  teníamos temor a que nos secuestraran, nos robaran, que pasara un gatillero y  disparara porque simplemente se enamoró de tí (...) Ahora podemos salir a cualquier hora, no tenemos temor de hablarle al vecino, es agradable escuchar ¡muy buenos días¡, se ha vuelto una ciudad amable,  querendona”.

El miedo a internarse entre las comunas ha cedido. Se puede caminar, incluso con celulares en mano. De 7 mil muertos por año  para la década de los noventa, los índices de criminalidad bajaron a 800 muertes por año. Medellín trabaja para bajarlos aún más.
A la Comuna 13 San Javier, con un pasado de balas  y muerte,  se puede subir en escaleras mecánicas que serpentean entre los cerros de Medellín, la capital del departamento de Antioquía que cobija a 4,2 millones de habitantes. Casas  que simulan una galería de arte,  se observan en un recorrido de 400 metros.  Obras como este sistema de escaleras mecánicas a cielo abierto, sumaron méritos para que Medellín fuera escogida en 2013 como la ciudad más innovadora del mundo en el concurso City of the Year. 

“Pasamos una época de mucha violencia. Tuvimos que tocar fondo para poder tener lo que tenemos ahora”, relata  Carolina.

Todo empezó —asegura— “con un proyecto  llamado Medellín la más educada, se le hizo una apuesta muy fuerte a la educación, de regresar a los chicos a la escuela porque teníamos niveles de analfabetismo muy grandes. Desde el mismo colegio se comenzó a sembrar la idea de apropiarnos de la ciudad, habitar sus espacios. También hubo  proyectos como la construcción del metro”.
 

El ‘milagro’ comenzó educando, explica Lopera. “Llegar a los colegios y enseñarle a los chicos que no todo es violencia, que se debe ayudar al vecino y  mantener la ciudad limpia, que eso es equivalente a tener tu casa limpia.  Nos dimos cuenta que nuestros niños nos educan. Cuando le decimos vamos a mantener la calle limpia ellos se encargan de educar a sus padres”. 
Este logro se  ve en la pulcritud de la capital de los ‘paisa’. “Les agradecemos que nos colaboren con  la basura, no lancen nada a la calle”, advierten amables a los que pisan por primera vez el lugar  .

La paz en Medellín tiene episodios dolorosos y Jhon Ferley ‘Ciro’, estudiante de Ciencias Políticas, artista plástico y cantante de hip hop de la Comuna 13, extiende su brazo derecho para señalar la ‘escombrera’, lugar que le recuerda lo que considera excesos de la fuerza pública.
La Comuna 13 integrada por  32 barrios dividios en 23  sectores “ha sido una zona que durante mucha tiempo ha tenido problemas armados, de violencia, pero la gente a través de sus ganas ha salido adelante y ha empezado a transformar sus vidas (...) Antes salíamos de este lugar a pedir trabajo, presentábamos nuestra hoja de vida y al saber que éramos de la Comuna 13 no nos daban trabajo, nos tildaban como delincuentes, guerrilleros,  tocaba colocar que éramos de otras zonas  para que nos dieran trabajo”, expresó Ciro.
 
Ciro es uno de los miembros de Casa Kolacho, propuesta que nace en homenaje a un rapero asesinado en 2009 y promueve a la cultura del hip hop como herramienta de transformación.

  
El estudiante de Ciencias Políticas, quien  creció oyendo el zumbido de las balas, está  convencido que “a través de la entrega de los artistas, de los líderes sociales, la gente empezó a vernos de otra manera, no como ése territorio violento, si no como la gente soñadora, echada para adelante, con metas, con ganas de salir adelante, no solo decimos no a la guerra, sí a las otras alternativas. Como artistas les hacemos un llamado a conocer las otras zonas de la ciudad. La gente permite ahora que en sus casas haya graffitis, y  que personas quieran venir a conocer este lugar”.
En la gestión del expresidente Álvaro Uribe Vélez (7 de agosto de 2002 – 7 de agosto de 2010) la fuerza públicaingresó a los barrios de Medellín. 

Para Ciro solo hay malos recuerdos de esas incursiones. “A raíz de la operación Orión (comenzó el 16 de octubre de 2002 y terminó el 19 de octubre)  y Mariscal hubo alrededor de 500 personas capturadas indiscriminadamente.   Después de esto,   empezaron desaparaciones forzadas por parte de otro grupo ilegal, los paramilitares, las Autodefensas Unidas de Colombia, muchos de los capturados   fueron sacados de sus casas de noche por miembros de la Fiscalía o los paramilitares. Unas 350  fueron enterradas en la ‘escombrera’, algunos llamados ‘falsos postivos’ en la gestión del expresidente Álvaro Uribe, para muchos de nosotros el ‘innombrable’. Hemos pasado por enfrentamientos entre las milicias urbanas de las Farc-EP, el ELN. También hubo un grupo armado denominado los CAP, comandos armados del  pueblo”. 
  
 

  

Gustavo Tapias  nació el 19 de junio de 1960 y volvió hace 8 años a Colombia. Él ve con otros ojos los abordajes de la fuerza pública en Medellín.  A su juicio, Uribe les devolvió la tranquilidad.  


“Fueron barrios donde ni el Ejército entraba, eran controlados por grupos peligrosísimos. Los pistoleros de Pablo Escobar hacían fiestas. Era una violencia brutal. Les daban 1 millón de pesos por cada policía que mataban. Aquí tenía uno que caminar por el centro  mirando sobre el hombro. Me fui a Estados Unidos en el año 85 cuando empezó a recruceder la violencia, más que todo por el narcotráfico, de pequeño también viví la violencia en estos barrios. Pasé en Estados Unidos  25 años. Estando allá uno no hacía más que oír cosas malas de Colombia, una vez entró Uribe y empezó a cambiar dije ‘me regreso, no más Estados Unidos’.  Hoy la violencia en Medellín es casi cero, aún  hay barrios a las afueras, invasiones nuevas, que todavía están calientes”.

  El amor por encima de la violencia. Ésa es la premisa de los  miembros de Kolacho, quienes interpretan una suerte de himno que da la vuelta al mundo gracias a las redes sociales. “Aquí sí hay amor, ilusiones, por una mano en tu corazón (...) Te invito a que visites esta tierra de occidente, camina por mis calles, ven conoce mi versión, un mundo con otros colores (...) Somos nosotros los hacedores de propuestas contra el dolor, propuestas que te retumban y dicen que aquí si hay amor”.


¿Y qué aconseja a otros lugares que viven una violencia como la que vivió Medellín? Carolina Lopera no duda en responder: “Les diría que empiecen primero por perdonarse. Debemos perdonarnos, invitar al vecino, no solamente eres tú el que tiene problemas, el de tu lado también está sufriendo”.

El sistema de metro, integrado con un metrocable, facilitó la vida en Medellín. 
 
En la Comuna 13 la violencia ha dado paso al deporte y el arte.
 
 
 
Un trayecto en subida de 400 metros conecta a los  32 barrios de la Comuna 13.
 

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