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Actualizado hace 459 minutos

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Experiencia Panorama
09:00 AM / 20/03/2019
Crónicas del apagón (3) “Me negaba a ver los destrozos de mi negocio”
Rosa Alejandra Silva
AFP

“Mi mamá me dijo: ‘¡Agarrá todo lo que podáis!’ y yo corrí por todos lados. Mucha gente también corría de aquí para allá con las manos full de cosas”, contaba a sus vecinos un niño de 9 años que ha crecido en la comunidad Primero de Mayo de Maracaibo. Mientras relataba su experiencia, agitaba sus manos envalentonado y con su pecho inflado, mostraba un forro para volante de carro que permanecía aún empaquetado. Frente a él, un grupo de niños y jóvenes escuchaban atentos y a pocos metros Raiza, su madre, conversaba con otros vecinos.

Foto: AFP

Era la noche del lunes, habían pasado más de 80 horas desde que  la mayor parte de Venezuela se había quedado sin suministro eléctrico. En la capital del  Zulia, estado crucial en la economía venezolana por su producción petrolera, el terror había invadido los sentimientos de los comerciantes, luego de que se desatara una ola de saqueos por toda la ciudad.

“Por ahí me contaron que los gringos entraron”, “a mí me dijeron que metieron preso a Guaidó”, “dicen y que los comerciantes se están suicidando”, “no hay luz en ningún estado” eran los murmullos que se escuchaban en las calles oscuras llenas de personas que, en sillas y colchones improvisados, trataban de escapar del vapor concentrado dentro de sus hogares, producto del calor que caracteriza a esta zona del país. El silencio sobre lo que ocurría, había instalado en los habitantes de la ciudad angustia e incertidumbre, mientras que los  rumores se apoderaban de toda una población frente a un apagón sin precedentes en Venezuela.

Entre risas y ocurrencias, Raiza contaba su versión de lo que fue el saqueo a la sucursal de una de las empresas mayoristas más grandes del país: Makro. “Nos fuimos en el carro el ‘Pepe’, los dos niños y yo. Ay mija, y yo sí les decía agarrá por allá, agarrá por aquí… ¡esos dos son unos aviones! ¡JA, JA, JA!”, contó casi a gritos la madre de dos niños, quien dedica alrededor de 72 horas a la semana a ejercer su profesión: la enfermería.

Foto: AFP

A lo largo de su estudio, las enfermeras deben aprender sobre la atención de pacientes, fisiología, anatomía y patología. Además de esto, para ejercer en una institución de salud es indispensable que los profesionales de esta área conozcan y apliquen un trato pertinente hacia los pacientes y sus familiares, incluso cuando se encuentran en situaciones complicadas… en fin, la enfermería no solo se trata de ciencia, sino del sentido humanista que influirá en el bienestar de quienes atraviesan algún padecimiento.

Este sentido humanista debe ser aplicado en medio del actual contexto venezolano, sin embargo, en los últimos años, son infinitas las denuncias sobre personal de salud que sustrae medicamentos e insumos de los hospitales a fin de revenderlos… ¿Será Raiza una de estas personas?

La actitud delincuencial e irresponsable de esta mujer demuestran que los años de estudio y de ejercicio de la profesión no han podido evitar su ignorancia sobre las graves consecuencias desafiaría si se enfrentara a las leyes venezolanas.

Una sentencia de  dos a ocho años podría enfrentar la mujer de 35 bajo el cargo de hurto, según los artículos 452 y 453 del Código Penal de la República Bolivariana de Venezuela. Igualmente, bajo el artículo 125 de la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, a los dos menores podrían alejarlo de su madre por las medidas de protección pertinentes luego de exponerlos a actos delincuenciales.

 “Cuando se fue la luz –el jueves- no me preocupé, ya estamos acostumbrados a eso, pero cuando se empezó a escuchar que la falla había sido en el Guri y que muchos estados estaban sin electricidad pensé: ‘La cosa es grave’. Lo que no me esperaba eran tanta delincuencia y destrozos”, explicó José Luis Briceño habitante en el oeste del municipio.

Ya desde la tarde del domingo –tercer día de apagón- iniciaron irrupciones violentas en panaderías y pequeños establecimientos, mientras que en las calles se hablaba sobre la “planificación” de saqueos a grandes comercios.

“En Belloso esta noche empiezan los saqueos, ya que la gente no tiene dónde comprar comida y las pocas partes donde venden no quieren vender con punto solo efectivo, a precios altos y en dólares”, dijo Roberto González la noche antes del caos. Hasta entonces, la calma era perturbadora.

Foto: Lui Fernández

“¿Cuándo viene la luz?” se preguntaban hora tras horas los venezolanos frente a la lucha contrarreloj por extender y conservar sus alimentos lo más posible.

Las cifras de los comercios afectados en Zulia entre el tercer y cuarto día de apagón no quedan claras, mientras Fedecámaras contabilizó más de 500 comercios afectados con un 60 % de pérdida, el ministro de Interior venezolano, Néstor Reverol, aseguró que fueron 102 establecimientos con afectaciones. A la vista, los destrozos parecen producto de un desastre natural: vidrios rotos, paredes destrozadas y suelos abarrotados de desechos en los principales centros comerciales de la ciudad.

“Para mí fue muy angustiante”, dijo Naim Dib, quien forma parte de la comunidad de Venezolanos que salieron del país debido a la crisis económica, en su caso, el destino fue Panamá, sin embargo, su familia tenía una charcutería en el sector Belloso de Maracaibo. “Saquearon nuestro negocio y apedrearon un carro. Por este suceso cerraremos y cinco personas quedarán desempleadas (…) personalmente ya no tengo ilusión de ir. Cuando me enviaron las fotos del local, me negaba a ver los destrozos, cuando por fin me decidí fue muy doloroso”, afirmó.

Foto: Luis Bravo

Los saqueos no fueron los únicos hechos que afectaron a Naim desde la distancia, sus padres, se vieron en la obligación de viajar hasta Venezuela para saber sobre el estado de salud de un familiar. “Cuando mis padres llegaron allá para ver a mi tía que padece cáncer, se encontraron con que no había podido conseguir una bomba de oxígeno que requería con urgencia… les costó mucho, pero finalmente lograron adquirirla pagando en dólares”, relató el joven de 25 años.

Además de Naim, otros venezolanos en el exterior atravesaron una incertidumbre que afectó su cotidianidad y sus trabajos. “Fue horrible para mí… no poder comunicarme con ellos y luego, saber que pasaron las peores calamidades en más de 100 horas sin luz. Mi sobrino, con 12 días de nacido padeciendo las picaduras de mosquitos y el calor”, expresó Arantxa Palmar, quien se migró a México hace casi un año.

Como en otras zonas, en el sector Nueva Vía de Maracaibo, los habitantes enfrentaban el calor, los mosquitos y la incertidumbre. Esta comunidad conformada por varias calles llenas de casas con pintura desgastada que reflejan los años de crisis económica.

Cada mañana los vecinos se saludan, los padres y sus hijos caminan juntos hasta la parada donde pueden abordar algún vehículo de transporte público para llegar a las escuelas o sus trabajo, y, durante las tardes, los jóvenes juegan con una pelota comprada entre varios.

Durante el apagón, no se vieron niños uniformados de blanco, celeste o beige por las calles, sin embargo, el tiempo de juego y distracción aumentó. Los adultos fueron los espectadores de los partidos y entre conversas, las ideas sobre cómo enfrentar la situación surgían.

 A dos hermanos de 60 y 65 años no se les veía por el barrio desde que se les fue la luz, preocupados, algunos vecinos tocaron la puerta de su casa y al ver los rostros soltaron: “¿Cómo están ustedes?, aquí les traemos un arrocito”.

“Menos mal que llegamos hasta allá, no tenían nada que comer”, contó Desiré Ávila, quien tiene 38 años viviendo en la comunidad.

Acciones como estas se extendieron en toda la ciudad, edificios, cuadras y comunidades enteras organizaron almuerzos en conjunto, con el objetivo de apoyar a quienes no tenían recursos para alimentarse, además de brindarse compañía durante los días que se hacían más largos de lo normal.

“No tenía nada que comer, pero cerca de mi casa hay una tienda de tortas. Ellos organizaron a la gente. Como son vecinos, sabían quiénes eran los más necesitados y a ellos les dieron prioridad. Repartieron todo lo que tenían sin cobrar nada”, relató Yesenia Mass, quien vive en las adyacencias de la Circunvalación 1.

Leticia Medina de 22 años y madre de un niño de 2 fue firme en su idea acerca de los acontecimientos que alteraron a la ciudad: “No es correcto dañar los negocios, mucha gente buena salió afectada”,  afirmó. “Estas situaciones sacan lo mejor y lo peor de las personas”, apuntó.

Durante los días sin energía, entretener a su hijo era un reto para la joven madre. Hacerle olvidar el calor y que descansara las horas necesarias fue su objetivo cada día. “Prácticamente no dormí, porque pasaba todas las noches echándole fresquito con un cartón”, contó con ojos hinchados el miércoles, un día después del restablecimiento energético.

“Mi familia me ayudó. Cuando me veían muy cansada llamaban al bebé y jugaban con él, mientras yo dormía”-dijo antes de criticar a aquellos que ejercieron acciones violentas – “Todos pasamos por dificultades estos días, pero no podemos actuar como animales… hay que ayudarnos”, destacó en medio de la insólita situación  que afectó en mayor proporción a la que fue la primera ciudad de Latinoamérica en tener energía eléctrica: Maracaibo.

Entre sus historias y el relato del saqueo, Raiza justificaba su actuar: “Ya no hay nada más que hacer por eso yo sí salí a aprovechar (…) cuando uno piensa que no puede pasar más nada, todo se pone peor”, exclamó la enfermera.

El niño continuaba con su forro de volante y de vez en cuando miraba a su madre. Las risas y las ocurrencias eran el manto que ocultaban la terrible idea que, justo en ese instante, se estaba sembrando en la mente de un pequeño que formará parte de quienes dirigirán a un país.

En Maracaibo, muchas Raizas contaban sus historias y otros tantos niños estaban orgullosos e invadidos de una sensación que interpretaron como “valentía”, aunque se trataba de todo lo contrario: una actuación delincuencial que afecta y empeora la actual situación del país.

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