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Experiencia Panorama
11:22 AM / 03/10/2019
Análisis: ¿Quién será el nuevo presidente de la Asamblea Nacional?
Víctor Álvarez R. / @victoralvarezrPanorama

Un día después de que Juan Guaidó anunciara el agotamiento de las negociaciones de Barbados, representantes de cuatro partidos de la oposición minoritaria anunciaron la conformación de una “Mesa Nacional de Diálogo” con el gobierno de Nicolás Maduro. De cara a la unidad de la coalición opositora, el régimen abrió una nueva grieta entre sus adversarios al anunciar un acuerdo con un sector de la oposición electoral que habrá que analizar y evaluar con base en los resultados que genere.

Reincorporar a la AN los 55 diputados del PSUV/GPP significa reconocer al parlamento presidido por Guaidó

. Y la designación de un nuevo CNE con el voto favorable de la bancada oficialista sería reconocer que la AN no está en desacato y reconocer una falacia que sirvió para vaciar de funciones y anular la AN. Si se logra la reinstitucionalización del poder electoral se abrirán vías para avanzar hacia una solución política, electoral y pacífica del conflicto venezolano.

El fin de Barbados: sin pena ni gloria

En 2019 la oposición lanzó la estrategia de la Presidencia interina de Juan Guaidó con la ruta de los  tres pasos que al final se convirtió en un rígido mantra que le ha restado flexibilidad y capacidad de respuesta a toda la oposición. El G4 (PJ, AD, UNT, VP) liderado por Guaidó, con el respaldo de casi 60 gobiernos, no logró lo que prometió: la salida inmediata de Maduro.

La frustración es mayor cuando a pesar de la mediación del Reino de Noruega, la oposición radical no pudo lograr ningún acuerdo con el régimen de Maduro. Había una expectativa favorable pero nadie sabía lo que se discutía. Dominicana, Oslo y Barbados fracasaron porque al ser procesos poco transparentes no despertaron el decidido apoyo y movilización de la opinión pública nacional. Agotado el mecanismo de Barbados, vale preguntarse ahora ¿qué otras opciones pueden relanzarse desde la AN que no estén en catálogo de las salidas violentas que invocan al TIAR o al numeral 11 del artículo 187 de la CRBV que faculta a la AN a autorizar misiones militares extranjeras en territorio venezolano?

En Venezuela el enorme rechazo a la gestión del gobierno pone a ganar a cualquier candidato no oficialista. La oposición es una potencial mayoría electoral, pero todavía hay partidos muy influyentes que prefieren invocar al TIAR y llamar a una invasión militar, antes que prepararse con tiempo para medirse en una próxima contienda electoral y así enfrentar con éxito el ventajismo oficialista.

Ante el fracaso de Oslo y el relanzamiento de la opción de una intervención militar que desate una espiral de violencia y amenace con sembrar al país de odio y afanes de venganza, el diálogo y la negociación siguen siendo la mejor opción. A la luz de las lecciones que dejan los anteriores intentos fallidos de diálogo y negociación en el extranjero, se impone la nacionalización del diálogo con una agenda abierta y transparente, a la vista de la opinión pública nacional e internacional, que garantice que los asuntos que se están negociando son los que realmente importan a la Nación y que no responden única y exclusivamente a las ambiciones personales ni a las agendas de los partidos políticos.

 Lo contradictorio es que esa misma oposición de los partidos mayoritarios que negociaba con el gobierno la firma de un Acuerdo, es la que ahora acusa a los partidos minoritarios de falsa oposición, traidores y colaboracionistas por firmar un Acuerdo semejante al que ellos mismos negociaban en Barbados.

¿Cuál es el margen de maniobra para que la nueva coalición logre la presidencia de la AN?

Si se cumple el acuerdo de rotación de la presidencia de la AN -que para el próximo año corresponde a los partidos minoritarios-, la designación recaería en un diputado del partido minoritario que tiene más parlamentarios (Cambiemos). Esto le pondría fin a la Presidencia interina de Juan Guaidó y obligaría a replantear las posiciones de los casi 60 gobiernos que desconocieron a Maduro para reconocer a Guaidó como Presidente interino. ¿Cómo lograrán el quórum?

Para alcanzar el quórum parlamentario el día de la elección, la nueva coalición entre el gobierno y los partidos minoritarios de la oposición tendrían que lograr al menos 84 diputados asistentes. Y para cambiar  la presidencia de la AN es necesario que a los 55 diputados del oficialismo se sumen los seis de su partido, el de Avanzada Progresista, así como los diputados que el gobierno logre desmarcar de la bancada del G4 para que no se manifiesten a favor de Guaidó.

¿Cuál es el margen de maniobra del nuevo G4 (Cambiemos, AP, MAS y Soluciones) frente al gobierno y resto de la oposición para conformar nuevas alianzas de cara a la elección de la nueva directiva de la AN para el 2020? De los 167 diputados, la oposición tiene 112 y el oficialismo 55. De estos, 25 diputados opositores están refugiados, en el exilio o encarcelados. Solo 87 diputados opositores están habilitados y activos.

En un escenario al que la bancada opositora liderada por Guaidó decida ausentarse de la votación, con un quórum de 84 asistentes la nueva coalición necesitaría 43 parlamentarios para tener la mayoría que hace falta para nombrar al nuevo Presidente de la AN. Si se suman los 55 diputados del PSUV/GPP y los 7 diputados de Cambiemos y Avanzada Progresista, en total serían 62 diputados, cifra más que suficiente en un quorum de no más de 84 diputados que el oficialismo tendría que construir. En este escenario, el próximo presidente de la AN podría ser el diputado Timoneo Zambrano por ser el líder del partido minoritario que más curules tiene.

el próximo presidente de la AN podría ser el diputado Timoneo Zambrano por ser el líder del partido minoritario que más curules tiene.

La elección de un nuevo CNE

Para la elección de un nuevo CNE se necesita 110 votos a favor. En caso de no lograr los dos tercios que se requiere para elegir ese organismo en la AN, la nueva coalición apelaría por el recurso de la "inhibición parlamentaria" y trasladaría la elección del CNE al Tribunal Supremo de Justicia, tal como ya lo hizo el gobierno en el pasado reciente.

El nuevo CNE tendrá que resolver la situación de los partidos políticos inhabilitados, de lo contrario estos acuerdos parciales serían interpretados como una maniobra para mantener su inhabilitación y aumentar la opción electoral de los partidos pequeños que forman parte de la coalición con el gobierno.

En otro escenario, si se adelantan las elecciones para el primer cuatrimestre de 2020, se mantiene la inhabilitación y los partidos del G4 ratifican su decisión de no postularse si las parlamentarias se convocan antes que las presidenciales, tal como ya lo anunció Guaidó, lo más probable es que la AN quede en manos de la nueva coalición entre el oficialismo y los partidos opositores que firmaron el acuerdo para activar la Mesa de Diálogo Nacional.

Tengamos en cuenta que con la modificación de la Ley Electoral se reactivaría la representación de la minoría para que en la elección parlamentaria de 2020, otros partidos minoritarios logren sacar curules en la AN y así se puedan incorporar a la nueva coalición entre el gobierno y los partidos minoritarios. Y si esta nueva coalición logra la Presidencia de la AN, se acabará la Presidencia interina de Juan Guaidó y se quebrará la coalición internacional que lo reconoció como Presidente encargado.

Dos oposiciones que se acusan mutuamente de ilegítimas y en lugar de unirse se dividen

Desde 2002, en la oposición se han manifestado diferencias que tienen su  origen en dos visiones distintas para resolver el conflicto venezolano. Por un lado, la visión extremista o maximalista que apuesta al todo o nada, al ganador se lo lleva todo, y lo que más ansía es la rendición incondicional y humillante de su adversario. Por el otro, la oposición electoral o gradualista que opta por recuperar espacios de poder a través de su participación en los procesos electorales, aún si no se logran todas las garantías y condiciones electorales y se tiene que postular enfrentando el ventajismo oficialista.

Lamentablemente, cuando las diferentes tendencias de la oposición se unieron, a la larga no pudieron administrar bien la contundente victoria lograda en las Parlamentarias de 2015. Al instalarse la nueva AN controlada por la oposición, en lugar de aprovechar su mayoría parlamentaria para obligar al gobierno a negociar un programa común de interés nacional, el mismo día de la juramentación se lanzó un grito de guerra a Nicolás Maduro, amenazándolo de que en solo seis meses definirían la ruta para sacarlo de Miraflores. Este grito de guerra provocó la más feroz reacción del régimen que impuso la ANC como un poder legislativo paralelo y vació de funciones a la AN.

Con la activación de la Mesa Nacional de Diálogo las dos oposiciones se deslindan y una acusa a la otra de "ilegítima". Después de haberlos subestimado y excluido de toda decisión, las reacciones del G4 en contra de los partidos minoritarios que firmaron el Acuerdo con el gobierno han sido desmesuradas. Lo contradictorio es que esa misma oposición de los partidos mayoritarios que negociaba con el gobierno la firma de un Acuerdo, es la que ahora acusa a los partidos minoritarios de falsa oposición, traidores y colaboracionistas por firmar un Acuerdo semejante al que ellos mismos negociaban en Barbados.

A su vez, los partidos mayoritarios de la oposición están siendo cada vez más cuestionados por la oposición más extremismo y radical, la cual los acusa y descalifica por “haber caído en la trampa del gobierno que utiliza el diálogo para ganar tiempo”. Al no lograr el cese a la usurpación, los partidos del G4 han reaccionado de manera muy negativa ante la iniciativa de la Mesa Nacional de Diálogo y descalifica a sus promotores como colaboracionistas y traidores. La agresividad con la que se ha manifestado este nuevo desencuentro entre las distintas tendencias de la oposición revela que no hay un verdadero espíritu unitario sino un afán de protagonismo. Si el Acuerdo lo firma la oposición radical es bueno, pero si lo firma la oposición electoral, entonces es malo. Queda claro que para unos es más importante su protagonismo que el la pertinencia, relevancia y alcance de los acuerdos.

La oposición venezolana tiene por delante el reto de preservar un mínimo reconocimiento y respeto entre sus diferentes tendencias. Pero esto no es posible si se imponen los prejuicios, ofensas y descalificaciones.

A pesar de que en Barbados se planearon los mismos objetivos que en Caracas, ahora que el nuevo mecanismo comienza a lograrlos, entonces se le atribuyen consecuencias negativas. Lo que se anunció en la Mesa Nacional formaba parte de la agenda de Barbados y es parte de la agenda que la comunidad internacional ha exigido y no puede ser ahora descalificado. ¿Qué va a decir la UE y el Grupo de Contacto, la OEA y el Grupo Lima, todos los que exigían una solución política y negociada?

En la oposición siempre habrá diferentes visiones de lo que debe ser el país. Pretender borrar esas diferencias y erigirse como depositario del sentir del pueblo y el clamor nacional solo degenerará en más autoritarismo. Los diferentes partidos políticos y movimientos sociales son libres de suscribir o no acuerdos entre ellos sin que por eso se les estigmatice y someta al escarnio de los sectores más extremistas y radicales.

La oposición venezolana tiene por delante el reto de preservar un mínimo reconocimiento y respeto entre sus diferentes tendencias. Pero esto no es posible si se imponen los prejuicios, ofensas y descalificaciones. Todos los que firmen un acuerdo con el gobierno para propiciar una solución pacífica no dejan de ser de oposición, no son unos colaboracionistas ni vendidos, no los compraron. Firmaron ese acuerdo y conformaron la Mesa de Diálogo Nacional porque están convencidos de que esa es la forma correcta de destrancar el juego y construir una solución política y negociada.

La agresividad con la que se administran las diferencias solo contribuye a alimentar las desviaciones divisionistas que aumentan y prolongan la esperanza de vida del régimen. Si no se acuerdan los mínimos términos de una cooperación básica, llegará el 2020, el gobierno maniobrará para convocar las parlamentarias lo más pronto posible y la oposición no habrá escogido candidatos unitarios para postularlos. Peor aún, ni siquiera tendrá los testigos en todas y cada una de las mesas electorales para asegurar la defensa de cada voto de la Venezuela sufrida y opositora que quiere un cambio. Y así será prácticamente imposible superar por la vía electoral y pacífica la crisis de gobernabilidad que hunde al país en una crisis humanitaria sin precedentes. Quizás haya que mirarse en el espejo de los rusos y turcos que, a pesar de denunciar el ventajismo oficialista, se postularon, cooperaron y obtuvieron importantes espacios para la lucha y el avance hacia la toma del poder político que se habrían perdido de no haber participado.

¿Qué hacer? ¿Abstenerse o participar? Decida usted con mucha sensatez y conciencia, que el próximo presidente de la AN será el que entre todos elijamos con nuestro voto o con nuestra abstención. Tengamos en cuenta que no votar también es una forma de elegir.

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