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Actualizado hace 32 minutos

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Espectáculos
04:23 PM / 14/10/2018
Shakira hizo desbordar el Estadio Azteca
Nayib Canaán
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Agencias

Una ciudad colapsada; el metro sin capacidad para tantas personas. Todos caminando con sus impermeables hacia una sola dirección: el Estadio Azteca. La noche se apresura al ritmo de los desesperados fanáticos que creían no llegar a tiempo para ver a su ídola. La lluvia les hacía una jugarreta, pero la emoción por ver a Shakira era más grande que cualquier aguacero.

 

Las cuatro puertas del campo deportivo más grande del país estaban a reventar a las 9:00 de la noche, cuando el concierto era a las 8:30. Mujeres, hombres, niños sorteaban su entrada en medio de empujones y los vendedores que trataban de meterles por los ojos los souvenirs y artículos con la imagen de la artista colombiana.

 

Al entrar al estadio, el público se veía como hormiguitas. Las luces de los celulares parecían luciérnagas en medio de la oscuridad. Un imponente escenario con dos pantallas circulares a los lados estaba listo para que la ganadora del Grammy se presentara con su Dorado World Tour, iniciando así su recorrido por Latinoamérica.

 

De repente, y sin previo aviso, la barranquillera dijo: “Estoy aquí…”, desatando la euforia de 50 mil personas que se dieron cita para verla en vivo y directo después de 7 años de ausencia.

 

Esta vez no se esmeró tanto arreglándose el cabello, pues ya la noche anterior se tardó dos horas en eso para que al final se empapara toda y perdiera el peinado. Su look desenfadado y su pantalón de cuero con transparencia dejaron ver que las caderas no mienten y que a sus 41 años está mejor que una veinteañera. Su 1,62 de estatura se triplicó cuando se paseó por la pasarela que servía de conexión a las primeras localidades de adelante.

 

Shakira fue el huracán más agresivo que pudo llegar a Ciudad de México, la tormenta con más relámpagos, un volcán en plena erupción y el taco más picante de todos. Fue la adrenalina hecha mujer, la loba que más aúlla en la noche y un invencible fuego en medio de la lluvia que arropó a los aztecas.

 

“¿Dónde estás corazón?”,  “Si te vas”, “Perro fiel” y  “Underneath your clothes” fueron los primeros temas de un recital que puso a prueba la energía de una intérprete que se dio el lujo de llenar dos veces el Estadio Azteca y además, hacerlos esperar durante una larga hora en la que cervezas y cotufas calmaron la ansiedad de los asistentes que demostraron más algarabía por las canciones de sus inicios que por las actuales, en las que trata de ser reggaetonera. Definitivamente los clásicos siguen siendo la bandera más representativa de la rubia, que agotó su primera función en horas, obligándola a planificar una segunda al día siguiente.

 

Con boletos que oscilaban entre 30 y 300 dólares, la diva del pop en español se paseó por toda su discografía, sin dejar “picado” a nadie. Efectos visuales, luces led, pirotecnia y fuegos fríos al finalizar cada pieza fueron los atractivos de esta nueva gira en la que apareció encadenada, sudando pasión, moviéndose como si no hubiese un mañana y bailando la danza del vientre como una verdadera Diosa.

 

“Gracias a todos por estar aquí, me hacen muy, muy feliz. Esta es mi casa de siempre”, expresó Shakira en un escenario rodeado por miles de seguidores que no dejaban de grabarla.

 

Dirigida por Tim Mitchell, cantó temas dedicados a Piqué, como “Me enamoré”, y “Suerte”, a Antonio de La Rúa. Aunque Oswaldo Ríos no fue recordado, pues no interpretó “Moscas en la casa”, pero sí clásicos como Antología, de su disco Pies descalzos.

 

La propuesta de esta gira, comparada con las anteriores, es sin duda menos estrambótica. Ya no hay candelabros, máscaras de Bin Landen, o Donald Trump. No hay tanto contoneo, ni escenarios que intimidaban. Shakira evolucionó, quiso mostrar una nueva cara, una mujer madura, con dos hijos, que quiere ser reconocida por su voz, por su talento. Y es que ya no habrá nadie como ella, eso está claro. El viernes en la noche pisó fuerte en México, marcó su territorio y embriagó al público como el tequila más potente.

 

“Tú”, “Inevitable”, “La tortura”, “Chantaje”, “Can’t remember to forget you”, “Waka Waka” y “La la la” hicieron corear a miles de personas en pleno éxtasis. El cierre con “La bicicleta” la trajo descalza a la tarima, con un vestido rosado que se ondeaba a medida que corría de extremo a extremo. ¿La sorpresa?: Un fanático llamado Axel Escobar se subió a la pasarela y justo en la despedida la abrazó intentando un selfie que fue atropellado por los efectivos de seguridad que trataron de bajarlo, pero Shakira accedió y hasta lo abrazó.

 

El show terminó a las 11:30 con un cielo iluminado por miles de bengalas que decían ¡hasta pronto! a una colombiana universal que hipnotiza apenas pone un pie en el escenario. Una colombiana que puede ser el sol en la noche y la primavera en el invierno. ¡Híjole, Shakira!, qué grande eres…

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