Fotos / La pediatra siria Amani Ballour, del hospital de guerra a los focos de Hollywood

La protagonista del documental The cave (La cueva), nominado a los Óscar, espera que los focos de Hollywood sirvan para recordar al mundo una guerra que entra en su décimo año.

Por:  AFP / Fotos: Tomadas de National Geographic / AFP

Trató a miles de niños en la penumbra de un hospital subterráneo de Siria. Ahora, la doctora Amani Ballour, protagonista del documental The cave, nominado a los Óscar, espera que los focos de Hollywood sirvan para recordar al mundo una guerra que entra en su décimo año.

Para esta pediatra, de 32 años, todavía atormentada por las imágenes de niños muertos y en sufrimiento, el hospital clandestino apodado "La cueva" cerca de Damasco no tiene nada de película.

"Para mí, esto no es un filme. Es mi vida, mi realidad", afirmó a la AFP Ballour a finales de enero, de paso por París.

Casi dos semanas después de esta entrevista, obtuvo el visado para Estados Unidos y se encuentra en Nueva York, antes de partir a Los Ángeles, donde el domingo tendrá lugar la 92º ceremonia de los Óscar.

El documental, de 102 minutos, producido por National Geographic y Danish Documentary Films, encadena imágenes dolorosas: la pediatra limpiando la sangre del rostro de los niños, en la sala de operaciones, llorando, y también víctima del sexismo de hombres que no aceptan que una mujer dirija el hospital, cosa rarísima en una sociedad siria muy patriarcal.

"Al principio, oía comentarios como 'no lo lograrás'... Tenía que demostrar que las mujeres éramos capaces" de dirigir.

Un exilio sin paz 

Dirigido por el sirio Firas Fayyad, "The cave" está en liza por el Óscar junto a otra durísima cinta sobre el conflicto, "For Sama", de la directora Waas al-Kateab, premiada en Cannes en 2019 y galardonada con el Bafta británico al mejor documental.

"La nominación a los Óscar arrojará más luz a la causa siria, alentará a más gente a apoyarnos", confía esta doctora que vive en Turquía desde 2018, tras la caída del exbastión rebelde de la Guta oriental, donde se hallaba el hospital.

Esta región fue descrita por el secretario general de la ONU Antonio Guterres como un "infierno en la Tierra".

Una década después de su inicio, la guerra no cesa, con una ofensiva del régimen y de su aliado ruso contra rebeldes y yihadistas que provocó medio millón de desplazados en los últimos dos meses en el noroeste del país, una de las mayores olas de éxodo en Siria.

Como millones de sirios refugiados o desplazados, la doctora Ballour, con una voluntad de hierro detrás de una apariencia tímida, asegura no poder sentirse en paz desde que se exilió.

En Siria, "cuando ayudaba a la gente, estaba más serena, pese a todas las dificultades, los bombardeos, el hambre y la situación trágica de la que éramos testigos todos los días".

Esta treintañera que acaba de recibir el premio Wallenberg del Consejo de Europa por sus "logros humanitarios excepcionales", sigue traumatizada por el sufrimiento de los miles de sus pequeños pacientes.

"¿Por qué nos bombardean?"

"Los niños no entendían nada (...) Siempre preguntaban qué pasaba. Por qué nos bombardeaban, por qué tenían hambre. Era muy difícil explicarles", asegura.

Conmovida, recuerda en especial a Abdel Rahmane, de 11 años, que se hallaba en su aula de primaria cuando su escuela fue bombardeada, hiriendo a la mayoría de alumnos. "Él perdió sus dos piernas. Cuando despertó de la anestesia, preguntó +¿dónde están mis piernas? ¿por qué me las amputaron?+".

"No podía mirar a los niños a los ojos mientras los atendía, nadie podía".

Su recuerdo más doloroso se remonta al ataque químico con gas sarín de agosto de 2013, atribuido al régimen. Al menos 1.429 personas, entre ellas 426 niños, murieron, según Estados Unidos.

"En el hospital de +La cueva+, ya no teníamos espacio para colocar los cadáveres en el suelo, los amontonábamos", recuerda.

Escenas espantosas que no impiden momentos casi felices en el documental, como una fiesta de cumpleaños secreta con guantes quirúrgicos inflados a modo de globos. "Tratábamos de hallar momentos alegres para sentirnos nuevamente humanos".

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