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Actualizado hace 336 minutos

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Espectáculos
08:14 PM / 10/01/2016
“El viejo romance nunca muere”: Delia Fiallo a PANORAMA (+ Audio)
Elvira Villasmil
Delia Fiallo
Delia Fiallo / Archivo

El suave tac de las teclas y el zumbido que produce el desplamienzo del carro de una máquina de escribir eléctrica es lo único que puede escucacherse en las solitarias noches que pasa Delia Fiallo en el estudio de su residencia en Coral Gables (Miami). A sus 91 años, la autora cubana, que saltó a la fama por el éxito mundial de telenvovelas como Topacio, Cristal, Esmeralda y Kassandra, sigue trabajando. La desvela la narración de sus memorias y la adptación de sus más notables historias de amor para el mercado editorial en español. “Soy noctámbula —comparte con  voz fuerte y clara durante una sincera y extensa charla telefónica desde Estados Unidos—. Veo el noticiero hasta las 12:00 de la noche.  Luego, doy la comidita a una gatica que se llama Candelita (era vagabunda, pero la traje a casa y ya es mi amiguita íntima). Nos vamos a la habitación, nos acostamos, me pongo a leer y me dan las 3:00 de la madruguda. Me puedo dar el lujo de levantarme a las 11:00 de la mañana tranquilamente”. 
Aunque desde 1985 no escribe telenovelas por decisión propia, Fiallo es crítica de las producciones de la televisión en EE UU y América Latin, las cuales, a su juicio, cacerecen de emociones y sentimientos.

 

—¿Qué significado tiene para usted que hoy sea conocida como la madre de la telenovela latinoamericana?
—Es como un premio a todos los años de trabajo, de esfuerzo, de sacrificio, de horas sin dormir. Es muy lindo que, después de todas esas cosas, veas que eso ha tenido un fruto, que se reconoce tu esfuerzo, el amor que tuviste por lo que hiciste. De verdad, me satisface mucho.

 

—¿Recuerda cómo era su proceso de creación de telenovelas?
—Mi labor siempre fue muy solitaria (...) y la profesión la hizo todavía más. Vivía encerrada entre cuatro paredes únicamente con los personajes ficticios de mis obras. Y, cuando me casé y tuve mi familia y mis hijos, la imperiosidad del capítulo diario me obligaba a vivir por el día. Por la noche, esperaba a que todo el mundo se acostara a dormir y me encerraba en mi estudio a escribir hasta que amanecía. La telenovela es un género muy específico. No se aprende, no tiene una reglamentación. Es algo que nace de los sentimientos de la persona. Creo que se nace para escribir telenovelas. Y yo nací para escribirlas. 

 

—¿En algún momento sintió que se le agotaba la inspiración?
—La primera preocupación era pensar: Ya todo está hecho. ¿Qué puedo dar que parezca diferente? Entonces, trataba de encontrar un ángulo distinto. Por ejemplo, en “Leonela” traté la violación. El violador  era un buen muchacho que cometió un error producto de que se tomó unos tragos y no estaba acostumbrado a beber. “Leonela” fue como un estudio de la violación, no solo para el culpable sino para la víctima, para la familia, para la sociedad. Era un enfoque diferente de algo que se había hecho muchas veces. También he variado mucho con los escenarios. Por ejemplo, buscaba la novela del llano, como Esmeralda; la novela del mar: María del Mar; la novela de los hospitales, como Rafaela. Eso me enriquecía mucho la historia. Eran recursos que una aprovechaba.

 

 

—¿Existe ese romanticismo que usted llevaba a la pantalla  en la vida real?
—El romanticismo está asociado a los sentimientos del ser humano y eso nunca muere. El viejo romance nunca muere. Ves ahora, a veces, en las paredes, escrito: “Rosita, te amo”, “Fulanita, no te puedo olvidar”. Eso sigue ocurriendo y es gente joven que lo está escribiendo. Son mensajes llenos de romanticismo y llenos de poesía. Creo que eso es innato del ser humano. Y creo que una de las cosas lindas que ofrece la telenovela es el derecho a soñar, a tener ilusiones frente a la pantalla. Soñar con cosas que, quizá, no has podido alcanzar, identificarse con las esperanzas, con las realizaciones de los personajes de las historias.

—Pero ha sido un género vejado... No obstante, es el producto televisivo más importante.
—Esas historias llenas de sentimientos fueron las que hicieron el género y conquistaron a millones de personas en todos los países del mundo (...). No importa la época en que se haya nacido, dónde vivas, el grado de instrucción que tengas. El odio, el amor, los celos, la ambición... Todas son emociones comunes del ser humano y la telenovela tiene una penetración tan grande que llega a todo el mundo. Una novela mía de éxito llega a 2 mil millones de personas en todos los países. Sin embargo, hay muy muchos escritores, y sobre todo ejecutivos modernos, que piensan que eso es antiguo, que hay que buscar cosas nuevas y se han ido a otros recursos: la violencia, el espectáculo, las drogas, al sexo. Están equivocados. Y la prueba es que te dicen: esta novela trata de drogas y está en primer lugar. Y yo les pregunto con qué rating: 18 puntos. Y yo les digo: Mira, cuando yo tenía 35 puntos estaba preocupada. El encendido ha bajado. Podrán ser realidades, pero no es una realidad común. Yo no veo una novela de drogas. Y, te confieso, reconozco que están muy bien producidas, muy bien escritas e interpretadas, pero no es mi realidad. Para mí es una realidad ajena y no me interesa. 

“Estoy plenamente convencida de que cuando vuelva una telenovela de sentimientos, bien escrita, volvemos a los 30 y a los 40 puntos”: Delia Fiallo.
 

 

—El internet ha desplazado a la televisión...
—Pero estoy plenamente convencida de que cuando vuelva una telenovela de sentimientos, bien escrita, volvemos a los 30 y a los 40 puntos. Espero que volvamos a recuperar el género. Y fíjate si es así que están viniendo ahora novelas de Europa y de otros países ( turcas y húgaras, por ejemplo) que están recuperando el género porque tratan esa cosa romántica con la que la gente sueña todavía.

 

—En 2015, se cumplieron 30 años de la telenovela Cristal. ¿Recuerda cómo concibió esa historia?
—Buscando una temática un poco fresca, se me ocurrió el mundo de la moda.  Ahí lancé a Jeannette Rodríguez, que estaba verdecita entonces, confié en ella. Me acuerdo que la noche del debut, Jeannette dijo: Espero cristalizarme con esta novela. Carlos Mata también estaba muy verdecito. A mí me gustaba mucho lanzar gente nueva, gente joven a la que yo le veía talento. Tenía un olfato especial para ver dónde estaba el protagonista ideal. Y, ahora, después de esa etapa,se vendieron a México mis novelas y no me permiten elegir elenco, ni música ni nada. Ahí no puedo meter mi mano.

 

 

—Venezuela estaba a la cabeza de la industria de telenovelas. ¿Cómo ve la situación a la distancia?
—A mí me duele mucho que eso se haya perdido. No sé cómo pudo ocurrir. No solo eran mis novelas, había muy buenos escritores en Venezuela y muy buen material y eso fue decayendo, se le fue quitando valor y se fue diluyendo. Incluso, en Miami, Venevisión ha filmado algunas novelas y también ha dejado de funcionar. Duele que un medio tan poderoso como es la telenovela, un producto de una penetración tan formidable, que llega a todas partes del mundo y, además, da dinero, no le concedan valor y cómo esas grandes empresas que pueden hacer tantas cosas no las hacen. A veces digo, ¡Dios le da barba a quien no tiene quijada!.


—¿Algunas vez se enganchó con alguna historia?
—La brasileña Baila conmigo (1981) me encantaba. Maravillosa. Dije: Al fin encontré a alguien que escribe mejor que yo. Me gustan mucho las telenovelas brasileñas. El Clon fue genial, muy linda. Conozco a Gloria Pérez, es mi amiga, ha estado varias veces en mi casa. Cada vez que viene a Miami, me visita. Es encantadora. De las latinoamericanas, Mirada de mujer fue una gran novela. Soy novelera. A mí me gusta ver una buena historia por televisión, me entretiene, me gusta comunicarme con las emociones, conocer a los personajes. Sentirme cerca de ellos, sufrir y llorar con ellos. La única que estoy viendo ahora es Bajo el mismo cielo (Telemundo). Tiene su violencia, es una historia de pandilleros, pero también hay cosas muy humanas, cosas de muchos sentimientos, personajes con mucha humanidad, conflictos que llegan al corazón.

Cristal será una película. La alegría embarga a la escritora cubana al contar que el cineasta uruguayo Martín Sastre está encargado de revivir el amor de Cristina Expósito (Cristal) y Luis Alfredo Ascanio, que hace 30 años cobró vida en la piel de los actores venezolanos Jeannette Rodríguez y Carlos Mata y que el público disfrutó por Rctv.
“Estuve en Cuba hasta el año 1966, que salimos mi esposo y yo, con mis cuatros hijos pequeños, al exilio. Y llegamos a Miami donde realmente no había un campo para desarrollarme. Ahí tuve la suerte de caer con Venezuela. Estoy muy agradecida a Venezuela, que confió en mí, respetó mi creatividad y me ayudó a triunfar”, compartió Fiallo desde Miami. En la imagen, con su esposo Bernardo Pascual.
 

 

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