La fe católica de Kobe Bryant y la denuncia de la que se habla tan poco

Lo denunciaron por violación de una empleada de hotel de 19 años, en Colorado.  En 2003 fue arrestado.  Bryant dijo que fue un sacerdote quien lo ayudó a hacer algunos importantes descubrimientos personales durante la dura prueba.

Por:  Aciprensa / AP

 Kobe Bryant es considerado uno de los más grandes jugadores de básquet de todos los tiempos. Se retiró en 2016 tras una carrera de 20 años con Los Angeles Lakers, donde ganó cinco campeonatos de la National Basketball Association (NBA), un premio del Jugador Más Valioso (MVP, por sus siglas en inglés), dos campeonatos de puntuación y muchos otros reconocimientos.

Más allá del baloncesto, Bryant era esposo y padre que en 2015 dijo que su fe católica lo ayudó a superar un periodo difícil en su vida y la de su familia.

Bryant fue criado en una familia católica, y pasó mucho tiempo de su niñez viviendo en Italia. Se casó en 2001 en una parroquia del sur de California.

En 2003, Bryant fue arrestado tras ser acusado de violar a una mujer en una habitación de hotel, en el estado de Colorado.

Bryant admitió que tuvo un encuentro sexual con la mujer, pero negó que la haya violado. Cuando la denuncia se hizo pública, Bryant perdió patrocinadores y enfrentó acusaciones criminales, que finalmente fueron retirados.

Bryant publicó una disculpa a su acusadora, con quien también llegó a un acuerdo en una denuncia civil.

“Aunque verdaderamente creo que este encuentro entre nosotros fue consensual, reconozco que ella no vio y no ve este incidente de la misma forma en la que yo lo vi. Después de meses de revisar los hallazgos, escuchar a su abogado, e incluso su testimonio en persona, ahora entiendo cómo se siente y que ella no consintió con este encuentro”, dijo el basquetbolista en su disculpa del 2004.

En 2015, el jugador de básquet dijo a la revista GQ que luego de que el tema se resolvió, decidió dejar atrás algo de la superficialidad que él sentía que había construido en su persona pública.

“Lo que llegué a entender, saliendo de Colorado, es que yo tenía que ser yo, en lugar de dónde estaba en ese momento”.

Bryant dijo que fue un sacerdote quien lo ayudó a hacer algunos importantes descubrimientos personales durante la dura prueba.

Describiendo su temor de ser enviado a prisión por un crimen que él creía que no había cometido, Bryant dijo a GQ que “lo único que realmente me ayudó durante ese proceso –soy católico, fui criado católico, mis hijas son católicas– fue hablar con un sacerdote”.

“De hecho fue algo gracioso: él me mira y dice ‘¿lo hiciste?’. Y yo digo ‘por supuesto que no’. Entonces me pregunta ‘¿tienes un buen abogado?’. Y yo estoy como que ‘uh, sí, él es fenomenal’. Así que entonces él dijo ‘déjalo ir. Sigue adelante. Dios no te va a dar nada que no puedas manejar, y está en sus manos ahora. Esto es algo que no puedes controlar. Así que déjalo ir’. Y ese fue un punto de inflexión”, dijo Bryant.

Una decisión de 2004 de depositar una confianza más profunda en Dios no significó que la vida de la estrella de básquet estuviera después libre de dificultades, o definida por la virtud.

En 2011, Vanessa Bryant pidió el divorcio a Kobe, alegando diferencias irreconciliables. Pero Bryant dijo que decidió no rendirse en su matrimonio, y dos años después su esposa retiró su solicitud de divorcio.

“No voy a decir que nuestro matrimonio es perfecto”, dijo Bryant a GQ en 2015.

“Aún peleamos, como toda pareja casada. Pero sabes, mi reputación como atleta es que soy extremadamente decidido, y que trabajaré duro. ¿Cómo podría hacer eso en mi vida profesional si no era así en mi vida personal, cuando eso afecta a mis hijas? No tendría ningún sentido”, añadió.

Bryant y su esposa habrían asistido regularmente a una parroquia de Orange County, California.

Además, el basquetbolista había conectado su fe católica con un compromiso familiar de ayudar a los pobres, a través de la Fundación Familiar Kobe & Vanessa Bryant. La fundación ayudó a financiar refugios para jóvenes sin techo, así como otros proyectos dirigidos a servir a los más pobres.

“Tienes que hacer algo que tenga un poco más de peso, un poco más de significado, un poco más de propósito”, dijo en 2012, de acuerdo a Los Angeles Times.

La falta de hogar, dijo, “es algo que se deja de lado porque es fácil culpar a quienes no tienen hogar y decir ‘bien, tú tomaste esa mala decisión. Esto es donde estás. Es tu culpa’”.

“En la vida todos cometemos errores y dar un paso atrás y permitir que alguien viva de esa forma y de alguna manera lavarte las manos… eso no es correcto”, señaló.

Un "complicado caso' 

Mezclado entre los detalles de lo que se describe al pasar como el “complicado pasado” de Kobe Bryant hay uno que pudo haberlo descarrilado.

Se trata de la denuncia de violación de una empleada de hotel de 19 años. Para algunos, dejar de lado detalles como ese en las semblanzas de Bryant fue lo que correspondía hacer en el día de su deceso. Pero hay quienes creen que ignorar elementos como ese es una nueva muestra de cómo los astros del deporte a menudo tienen vía libre para hacer lo que quieran sin tener que pagar los platos rotos.

Decenas de figuras prominentes, incluidos senadores, productores de cine, periodistas de televisión y comediantes (aunque no el presidente de Estados Unidos ni el miembro más nuevo de la Corte Suprema), han visto sus carreras truncadas por denuncias de abuso sexual o violencia doméstica. Los astros del deporte, sin embargo, sobreviven con mucha más frecuencia a ese tipo de situaciones.

“Lo que nos importa es que nos hagan ganar partidos”, afirmó Miki Turner, periodista de amplia trayectoria que hoy enseña en la facultad de periodismo de la Universidad del Sur de California. “Pero no sopesamos sus valores tanto como con los políticos o los presentadores de noticias”.

Numerosos deportistas se han visto envueltos en denuncias de este tipo en los últimos tiempos, incluidos el relevista Roberto Osuna, Cristiano Ronaldo, el running back Ezekiel Elliott, los quarterbacks Jameis Winston y Ben Roethlisberger, y el receptor de los Chiefs Tyreek Hill. Todos fueron blanco de graves denuncias y sobrevivieron sin grandes castigos de sus ligas, sus equipos, la policía ni la opinión pública.

“Los deportistas generan una gratificación instantánea por la noche en contraste con un actor al que le toma un año filmar una película”, comentó Courtney Cox, ex empleado de ESPN que hoy dicta una clase sobre la incidencia de la raza y el género en el deporte en la Universidad de Oregon. “Si (los astros del deporte) son tratados de otra manera, eso es en parte porque tienen una visibilidad instantánea y pueden rectificar su imagen” con el silbato final del partido siguiente.

En otras palabras, los ganadores tienen muchas ventajas.

El caso del receptor Antonio Brown es un buen ejemplo. Fue dado de baja por los Patriots al principio de la temporada al circular denuncias de violación. La NFL está investigando las acusaciones y hasta que no saque conclusiones no se sabrá si algún equipo se interesa en él.

Uno de los aspectos centrales de la historia de Bryant, y de cómo es recordado, es si el hecho de que no se haya hablado casi de la denuncia de violación en los obituarios y los comentarios de la gente responde al paso del tiempo o a las consideraciones especiales que se le tiene a los grandes deportistas.

Han pasado 17 años desde esa denuncia. Buena parte de los admiradores de Bryant no habían nacido por entonces, o eran muy pequeños como para comprender lo que pasaba.

Sin embargo, estamos en la era del #MeToo (#yoTambien), en la que se puede investigar fácilmente el pasado de cualquiera en la internet y detectar transgresiones o comentarios inapropiados en las redes sociales, que pueden cambiar la forma en que se percibe a una celebridad.

Los denunciantes son tratados con más respeto que en el pasado y sus denuncias son tomadas más en serio que en otras épocas.

“Si hoy sucediese algo así, incluso con Kobe Bryant, no sé si la gente sería tan tolerante”, dijo Turner.

Bryant era un astro del deporte, no un actor ni un periodista famoso, y eso seguramente incide en la forma en que se lo juzga.

“Todos nos indignamos al tuitear. Pero el tema no es sencillo. Pareciera que con los deportistas queremos historias pulcras, prolijas, incluso cuando no lo son”, dijo Cox.

A las celebridades que no son deportistas --y no tienen un partido noche de por medio ni un acceso tan frecuente a los medios de prensa que les permiten cambiar el tema de conversación-- les resulta más difícil proteger su imagen.

La andanada de denuncias contra el productor de cine Harvey Weisntein en el 2017 fue un momento clave en la era del #metoo en Estados Unidos. Kevin Spacey, Louis C.K., Al Franken, Matt Lauer, Charlie Rose and Placido Domingo son algunas de las más de 250 figuras del mundo del espectáculo, la política y los medios de prensa que han sido acusados de abusos. Las carreras de la mayoría fueron severamente afectadas, si no arruinadas.

Con pocas excepciones, como Woody Allen y Donald Trump, todas estas figuras recibieron un trato diferente al que reciben los deportistas.

El caso de Bryant no llegó a los juzgados. Si bien algunos patrocinadores le dieron la espalda, sus pérdidas no duraron mucho. Bryant ofreció una disculpa a través de su abogado y llegó a un acuerdo extrajudicial con su acusadora en una demanda civil.

Se perdió unos pocos partidos durante todo el revuelo, pero lo mejor de su carrera, y de su vida personal, estaba por delante.

En los 17 años siguientes Bryant fue un padre ejemplar de cuatro hijas y un defensor de las mujeres deportistas. Se hizo fama de jugador aguerrido y trabajador. Para muchos es el mejor basquetbolista de todos los tiempos.

Eso es algo debatible. Pero no lo único.

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