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Actualizado hace 146 minutos

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Deportes
09:00 AM / 01/05/2016
ENTREVISTA Dámaso: “No fui una súper estrella”
Sabrina Machado/[email protected]
Panorama
Cortesía Dámaso Blanco

De jugador de chapita llegó a saborear el éxito de las grandes ligas. Hoy en día es reconocida su labor en el campo y fuera de él, con varios años acompañando a las nuevas generaciones en las transmisiones de béisbol, como comentarista.

 

Comparte su estadía diaria entre Venezuela y Estados Unidos, así ha sido por muchas décadas. Su profesión lo llevó a ser siempre un incansable nómada. De temporada en temporada, se mantiene entre los dos países que se rindieron a su estilo y gracia. Dámaso Blanco, de jugador a comentarista, siempre con el béisbol como objetivo de vida.

Salido de un humilde hogar, en el estado Miranda, el béisbol se convirtió en su tabla de salvación, incluso sin proponérselo. De las chapitas, las bases improvisadas, pasó al uniforme amateur con apenas 14 años, luego llegó el profesional y casi sin quererlo la cima, las grandes ligas, con los Gigantes de San Francisco, donde vio “más comida” de la que nunca había visto en su vida.

En el béisbol nacional vistió cinco camisetas.
 

Sin embargo, el correr las bases o ser un fiable tapón por la tercera base no fue su única motivación. El micrófono se ganó a este apasionado de la comunicación, a pesar que todavía había gran interés en él en los Estados Unidos, como el mismo mirandino lo indicaría. Hoy en día es una de las principales voces del deporte del diamante, quien se ha ganado a la fanaticada con sus acertados comentarios y su carisma a flor de piel. 

“A mí jamás me han despedido de un trabajo, sí me llegaron a cambiar de equipo, pero nunca me botaron. Me fui una vez de VTV, pero fue mi decisión. Cuando me retiré estaba en plenas facultades como pelotero, teniendo contrato en los Estados Unidos y Venezuela. Decidí emprender una nueva actividad, pensé que tendría un nuevo reto, ser un comunicador. He pasado más tiempo de mi vida como comunicador que como pelotero activo”, afirma quien es el comentarista oficial de los Navegantes del Magallanes, desde hace 25 años. 

Residenciado en los Estados Unidos y disfrutando de sus hijos y nietos, reconoce que los comienzos no fueron sencillos, se fueron dando con mucho trabajo, esfuerzo y con la convicción de triunfar, de nunca fracasar, de no tener jamás que colgar el guante. De hecho la jubilación es un término que todavía no le cruza por la mente, mientras la gente lo reciba como lo siga recibiendo, hasta ahora, por Meridiano Televisión y Radio Caracas Radio no piensa en retiros. 

Se uniformó con los Gigantes de San Francisco.
 

Tenía que ayudar trabajando, lavando carros, cargando bolsas en los mercados libres, vivíamos en un rancho, éramos una familia muy pobre, mi padrastro que fue mi padre era quien trabajaba, mi mamá estaba dedicada a la casa. Yo no podía estudiar, llegué hasta secundaría. Tenía que trabajar y el compromiso con ellos siempre fue el de ayudar a la casa. El béisbol fue la posibilidad de ayudarlos”, señala desde su casa en el lado norte del continente. 

Dámaso nació en 1941, justo cuando se gestó una de las jornadas más importantes del deporte nacional que más seguidores aglutina en el país. Ese año el equipo local se coronó en La Habana, Cuba, como campeón de la Serie Mundial de Béisbol Amateur. Años más tarde al propio Blanco le tocaría vivir otra situación inédita para el país, al coronarse en los Juegos Panamericanos de Chicago, en 1989. Nunca antes se había logrado la presea dorada en esta competición y, de hecho, no se ha vuelto a alcanzar.

El viaje se produjo en un avión militar venezolano, generaba temor y expectativas en el grupo de hombres que asumían la responsabilidad de representar al país en un evento internacional. Ya campeones “fuimos recibidos como héroes, nos llevaron a Miraflores, fuimos recibidos por el presidente Rómulo Bentacourt”, recuerda Blanco, de manera un poco vaga. De ahí despegó su carrera. Los scouts pusieron sus ojos en él. De vivir su primer viaje en avión, esta actividad pasaría —en poco tiempo— a formar parte de su rutina.

Con Tim Tholman y Phil Reagan como comentarista.
 

El amateurismo quedaría atrás. Después de un largo viaje, de casi dos días, llegó a San Francisco. A su frente se abría una nueva realidad. En Venezuela cosecharía de igual manera grandes logros. 17 años vistiendo las camisas de los mejores equipos del país: Navegantes del Magallanes, Leones del Caracas, Tigres de Aragua, Industriales de Valencia, Tiburones de La Guaira. 

Su carrera, la cual califica de “promedio”, le valió el reconocimiento de los conocedores del béisbol, de compañeros con los que ha compartido por décadas el paseo por los estadios, los grandes y amargos momentos de este deporte, que le permitió “haber crecido como ciudadano, haberme mantenido tres-cuatro décadas, haber colaborado en el encaje de mi familia, primero mis padres y hermanos, luego mi familia”. 

En el 2013 fue exaltado al Salón de la fama del béisbol nacional. “Es un honor estar aquí, hoy es el día más importante de mi carrera como pelotero. Ser exaltado al Salón de la Fama del Béisbol de Venezuela excede cualquiera de mis sueños”, dijo en su momento. 

Exaltado al Salón de la fama del béisbol nacional.
 

Cuando comenzó a batear los primeros hits y a coger los primeros rollings en el terreno baldío, donde se estaba construyendo la avenida Francisco de Miranda, Blanco no pensaba en los logros que estaban por venir. La invitación de unos trabajadores de la empresa Mavesa a jugar amateur serían sus primeros pasos. Campeonatos nacionales e internacionales llevaron su nombre. 

Reconoce que las grandes ligas no estaban en su mente para ese momento. En esa Venezuela ya era suficiente reconocimiento jugar para los equipos profesionales, a los cuales defendió, vistiendo diferentes camisas. Su afición por la pasión del diamante llegó a muy temprana edad. A los cinco años ya disfrutaba de ese emoción caribeña. Alfonso Carrasquel ocuparía dentro de poco el sitial de héroe, figura que conocería posteriormente gracias a su presencia en los campos. 

“El béisbol es una enseñanza, está llena de sacrificios, te alejas de tu familia cuando empiezas a perseguir tus sueños. Es una competencia total, todo el tiempo. Te alejas de la protección de los padres, del apoyo de los hermanos, aprendes a vivir solo, defendiéndote, luchando y aspirando alcanzar más metas, es una vida de constante reto. No fui una súper estrella, fui un pelotero promedio. En mi época los salarios no eran lo que son hoy en día. Fue un sacrificio”, señala.

Es una reconocida figura del deporte del diamante.

Sin embargo, en ningún momento le reprocha nada a este deporte, muy por el contrario, agradece cada momento de su vida dedicada a esta pasión. “No tengo nada que decir en contra del béisbol, me dio tantas cosas buenas, cosas que han sucedido en mi vida y se lo debo a él. El béisbol me ha dado muchas satisfacciones”. 

Hoy agradece el apoyo de las personas que siguen sus transmisiones, comentarios a través de la radio y la televisión, y asegura que desde esta profesión es tan entregado y responsable como lo fue cuando vestía un uniforme. “Yo trato de decir lo que veo y de acuerdo con mi experiencia, no me comparo con los peloteros”, explica. Recomienda a los jóvenes mantenerse en pie, ya que “uno se cansa en el momento cuando se rinde”. 

Al ver atrás ve el paso del niño al hombre maduro que vive de los años de sacrificios, de éxitos, al lado de una familia conformada hace 48 años, la generosidad de Dios. “Las satisfacciones son los éxitos diarios, mis metas como pelotero se cumplieron, medalla de oro, llegué a las grandes ligas como jugador, nunca me puso un uniforme pensando en cuánto dinero iba a ganar, jugué para divertirme, cuando dejó de ser divertido lo dejé. Nunca cuantifiqué cuánto quería ganar y, en la actualidad, tampoco lo mido, cobro lo que considero que vale mi trabajo”.

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1Comentarios

1

Andy Santos 01/05/2016 10:50 AM

Grande damaso


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