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EDITORIAL: ¡YA BASTA!

06:12 AM 01/12/2019


Nunca es tarde cuando la dicha llega… ¡pero caramba!, cómo demora en Venezuela. Culmina un año pésimo, quizás el peor que las finanzas nacionales recuerden. Sin duda, un año para el olvido. Pero más que insistir sobre las continuas falencias económicas que por falta de voluntad política se perpetúan en este país, queremos elevar un exhorto editorial para que el que viene termine de una vez y para siempre esta catástrofe que padece Venezuela y que es producto, como tantas veces hemos reiterado, de un pésimo manejo por parte del Ejecutivo y una increíble torpeza de quienes le adversan.

El próximo año no puede ser el séptimo en recesión. No. El próximo año tiene que ser el año del inicio de la recuperación nacional. El 2020 debe ser el año del acuerdo político que permita a este país curar sus heridas y disponerse a reconstruir todos y cada uno de los estamentos de la vida pública. El que viene debe ser el año en el que, por una u otra vía, el país se sacuda de la inercia política que lo tiene paralizado, de la absurda estrategia internacional de las sanciones que en nada colabora a la mejoría y en mucho perjudica a la población. El 2020 debe convertirse en el año referencia para la recuperación de la coexistencia y el bienestar nacional.

Debemos comenzar la tercera década del siglo XXI despojados de dogmas y de resabios. Dispuestos a encontrar el camino a la reconciliación. Obligados a entendernos, porque no hay otra salida.

Desde PANORAMA no hacemos sino reclamar a unos y a otros, a todos, a que depongan sus fundamentalismos y coloquen a Venezuela como prioridad en su agenda. Este país, repetimos, no es más de uno que de otros; nos pertenece a todos por igual y todos, desde nuestra perspectivas tenemos el deber de contribuir a rescatarlo del foso oscuro y profundo del que es imposible salir sin el concurso y la participación de los muchos talentos que se encuentran fuera de nuestro territorio, o aún acá, pero sumidos en la desesperanza.

Venezuela, señores Gobierno, señores Oposición, no resiste más sus desencuentros ni sus desatinos. Los venezolanos les reclaman cordura y sapiencia, les exigen que, más allá de sus pasiones y convicciones, piensen menos en la inútil tarea de desaparecer al otro y más en la constructiva  misión de convivir de cara al futuro.

Los catastróficos índices de inflación. La inmensa tragedia del éxodo profesional que vivimos. El terrible estado de nuestras instituciones públicas. Los deplorables servicios básicos. El vergonzoso sistema de salud. La calamidad de nuestras vías: sin alumbrado y sin asfalto. El penoso sistema educativo. Y un rosario de impresentables estadísticas económicas, sociales y culturales, son la prueba fehaciente del fracaso del Gobierno en insistir en un modelo que no cuenta con el consenso nacional, pero también, el fracaso de quienes, oponiéndolo, no han sabido civilizadamente alcanzar un acuerdo mínimo para superarlo.

Venezuela no aguanta otros 365 días con este estado de cosas. Y no es justo que lo haga tampoco. Porque no sería resistencia, como aspiran a venderlo desde el imaginario político oficial, sería masoquismo. El equipo económico del gobierno nacional se  equivoca tanto como el FMI, como la Casa Blanca con sus sanciones, y como la oposición en pedirlas o en pensar que es desde afuera que nos van a solucionar nuestros problemas. 

Aquí los únicos que no han errado son los venezolanos de a pie, los que han rechazado la violencia, los que han apostado por la paz, los que han confiado una y otra vez en la sensatez de sus dirigentes para resolver esta crisis, esos son los únicos que tienen moral para día a día reclamar por una solución y decirle en su cara a quienes le han fallado repetidas veces que no tienen más chance para equivocarse. ¡Que es ahora cuando deben sentarse a solucionar el conflicto!

Así pues, que el próximo año, y cuanto más pronto mejor, los venezolanos entremos a la tercera década del siglo veintiuno con la esperanza firme de que este, no solo será nuestro año, ni nuestra década, sino que éste será el siglo que nos merecemos. Somos un pueblo noble, trabajador, alegre y solidario, que jamás ha practicado la xenofobia ni la discriminación, que nunca cerró las puertas a sus vecinos y que, por el contrario, prestó a su ejército y a sus hijos para contagiar de libertad al continente. Es ese mismo pueblo, que con toda la fuerza de su estirpe, le dice a sus políticos de ahora y de siempre: ¡ya basta!