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¡Atraídos por el espacio: Noticias de alto vuelo!

06:10 AM 01/12/2019

No lo va a ud a creer, pero el mismo día que la humanidad se sorprendió porque desde aquella misteriosa Cortina de Hierro que significaba la extinta Urss se anunció al mundo el lanzamiento de su segundo satélite artificial y que además llevaba un pasajero de cuatro patas cuyo nombre era Laika, ese día el espacio dejó de ser ese inmenso manto de estrellas a las que observar y pedir deseos, o en todo caso preguntarle, según su cuadratura, el porvenir.

No. Desde ese instante, domingo 3 de noviembre de 1957, el infinito espacio formó parte de la insignificante geopolítica de los mortales terrícolas que poblamos el planeta Tierra del sistema solar de la Vía Láctea.

Desde ese instante comenzó la carrera espacial entre rusos y norteamericanos, y también los grandilocuentes sueños de conquistarlo como si del Viejo Oeste se tratara. Hasta el día de hoy, la Sociedad Protectora de Animales llora a Laika, en cuyo honor se bautizan a diario millares de mascotas. Y hasta el día de hoy, el misterio espacial sigue siendo inmensamente atrayente para los humanos, en particular para esa generación de seres que nacieron entre los 50, los 60 y los 70, del pasado siglo, que crecieron pegados a una pantalla de TV que no hacía sino transmitir "Perdidos en el Espacio" y "Mi Bella Genio".

Pero todas las fantasías que las estrellas despiertan, todas las elucubraciones que los científicos predijeron, quedaron cortas con los hechos que a continuación la humanidad presenciaría: los cohetes se construirían como una manía narcisista, los astronautas eran los nuevos vaqueros, los científicos fueron populares y la luna le pusieron una bandera en su superficie… Todo esto ocurrió en década y media.

Difícil para una Sala de Redacción llena de románticos reporteros cazadores de buenas y malas nuevas dimensionar el tamaño de las noticias que llegaban a sus cubículos por intermedio de la extinta UPI.

El meticuloso cable describía la maravilla de aquella hazaña: El artefacto pesa más de media tonelada y gira alrededor de la Tierra a una altura de mil setecientos kilómetros con una velocidad de 29 mil kilómetros por hora. Su órbita es 800 kilómetros más alta que el primer satélite y da una vuelta completa a la tierra en una hora, cuarenta y tres minutos y siete segundos.

Anunciaba PANORAMA en su edición 13.411, por tan solo Bs. 0,25, que desde Moscú aseguraban que a las 8:00 de la noche en Caracas se podría divisar el aparato. Sin embargo, el satélite ruso dio varias vueltas a la Tierra antes de que los jefes de información de entonces terminaran de elaborar la primera página que informaría al mundo la increíble aventura espacial que anunciaba a la historia que el futuro había llegado. Una era superior.

Cuatro años más tarde, el jueves 13 de abril de 1961, exactamente el mismo día en que William Faulkner visitara Maracaibo, y su Facultad de Humanidades, ese día, PANORAMA compartió titulares con la siguiente hazaña espacial de la humanidad. Otra vez los rusos primero, colocaron a un piloto en el espacio sideral. “Sano y salvo, incólume y sonriente”, así describía la Tass, agencia informativa rusa, el vuelo de Yuri Gargarin, el humano que vería por primera vez de cerca las estrellas.

¡Y ahora una mujer!

Solo seis años más tarde, con la democracia ya instalada en el país, y un planeta “enfriado” de tanta guerra ideológica, los   periodistas de PANORAMA se vieron ante otra inmensa noticia espacial, y ya no tanto porque el espacio fuera ese inexplorado territorio, sino porque esta vez los rusos se pasaron: pusieron en órbita a una MUJER!

Valentina Tereshkova, paracaidista de 26 años, no necesitó portadas de revistas, ni usar bikinis, ni acortar el largo de sus faldas, ni parir, ni desnudarse ante nadie para reclamar su espacio dentro del universo: El 16 de junio de 1963, ella hizo lo que pocos hombres podían hacer y todavía hoy pocas mujeres la imitan. Su foto tipo carnet, con un rosto serio y un corte a la usanza, ilustró las primeras páginas del diminuto planeta que albergaba (y acaso todavía lo hace) sueños gigantes.

¡Esa luna es mía!

Pero la cumbre de toda esta increíble odisea espacial que desvió a los humanos de sus guerras y de sus pequeñas frivolidades geopolíticas, fue el apoteósico alunizaje. La Nasa había decidido no quedarse atrás en la competencia de genialidades y no tuvo mejor idea que conquistar la luna, sí. Ese satélite misterioso que mueve mareas, mengua y crece, que hace aullar a los lobos e influye en el humor de sus súbditos terrenales, pues a esa mismísima luna la habían puesto en la mira. Y así fue como con nombres de dioses griegos los cohetes espaciales permitieron al hombre, ya no orbitar, sino alunizar y como si se tratara de la batalla de Normandía, el del Apollo 11 descendió Neil Amstrong, y bandera en mano, la clavó sobre la superficie del noble satélite y entonces ya la guerra espacial tenía un claro ganador: aquel que el 21 de julio de 1969 había logrado conquistar la luna. Así terminó una década

¡No todo fue rosas!

Como los recursos para la magnificente carrera espacial mermaron, el petróleo fue motivo de crudas pero breves guerras, y los 70 llegaron con toda su rimbombancia cinética y colorida, la carrera espacial fue adoptada por Hollywood y para unos pocos transbordadores que despegaban de Cabo Kennedy con misiones específicas. Ya la humanos había volteado sus miradas a otros temas y necesitaban más que simples despegues para sentirse atraídos por el espacio.

Así fue como 17 años después del alunizaje, el espacio cobró sus primeras víctimas: Estalló el transbordador Challenger y perecieron sus siete tripulantes, fue el consternador título de PANORAMA que para esos días ya empezaba a hacer sus maletas para mudarse a su nueva y moderna sede en Padilla con Delicias.

El peor desastre de los vuelos espaciales tuvo lugar el 28 de enero de 1986, cuando a solo 16 kilómetros de la superficie explotó la aeronave, frente a los atónitos espectadores que celebraban la odisea de una maestra de escuela devenida en astronauta Christa McAuliffe.

La misma tragedia se repetiría 17 años más tarde, en 1 de febrero de 2003, cuando el trasbordador Columbia se desintegró al reingresar a la Tierra. Los siete astronautas a bordo murieron.

“La Nasa perdió todo contacto con la aeronave a las 9:00 del sábado, 7 minutos antes de la hora prevista para su aterrizaje. La nave se hallaba a una altitud de 61 mil metros y viajaba a una velocidad de 20 mil kilómetros por hora”, dejaban leer los cables noticiosos.

Apenas 48 horas antes, los tripulantes del Columbia, ya en órbita, habían guardado un minuto de silencio en homenaje a las víctimas del Challenger… Ahora son 14 estrellas más en el firmamento de los sueños.

Nunca las noticias sobre el espacio pasaron desapercibidas para las Salas de Redacción de todo el mundo, pero para las de PANORAMA fueron todas y cada una, muy especiales. La confirmación de que el hombre ha logrado cosas maravillosas con solo proponérselo, de la misma forma que sin proponérselo destruye maravillas.




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