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Ciudad
10:42 AM / 16/05/2019
Reportaje// En el Hospital General del Sur falta desde la hoja para el récipe hasta la anestesia (FOTOS)
Andrea Salas
José Nuñez

El sofocante clima se convirtió en un retardador para su recuperación. Un pequeño ventilador resulta insuficiente en los intentos por refrescar a María Romero.  Junto a ella, dos de sus hijos no cesan en su labor de soplado manual y, con un pañuelo, secan las gotas de sudor que ‘consumen’ sus 80 años. Sufrió un accidente cerebrovascular (ACV), hace once días, y se encuentra recluida en observación de la emergencia del Hospital General del Sur (HGS), donde el acondicionador de aire permanece apagado día y noche.

 

“Mi mamá no ha mejorado. Va en decadencia porque aquí solo recibe atención médica, no hay nada más. Hemos traído las jeringas, el alcohol, las gasas, las soluciones, el tensiómetro, el termómetro (…) Nos enviaron a comprar hasta una hoja blanca para hacer la orden de la tomografía que, por cierto, nos costó BsS 216 mil en una clínica. Además, se complicó con una neumonía y el tratamiento salió en BsS 640 mil”, relata Nexy Vielma, quien recuerda cada monto como si se tratara de su fecha de nacimiento porque obliga a su familia a “sacar de donde no hay”.

 

 

 

Once días hospitalizada lleva esta abuela de 80 años

 

 

Frente a esto, el presidente de la Federación Médica Venezolana, Douglas León Natera, alerta que, diariamente, se pierden vidas en el país por la escasez de fármacos que ronda el 70%, según la Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven). Calcula que un 30% de la población está crítica, desde el punto de vista sanitario, al no obtener respuestas oportunas.

De hecho, la ONU afirma que siete millones de venezolanos necesitan asistencia humanitaria, lo que representa un  promedio de uno de cada cuatro ciudadanos. Una porción importante reside en el Zulia y espera, soportando calamidades, en sanatorios como el ‘General del Sur’.  

En mal olor se esparce como pólvora en la sala de observación que agrupa a unos doce enfermos, pues muchas veces “limpian solo con agua por la carencia de desinfectantes o cloro, usando lampazos improvisados con trapos viejos”, revela una enfermera que se mantiene en el anonimato. Un baño contaminado está a un metro de la cama de María Romero. “El mosquero es insoportable y las chiripas también”.

 

 

Así lucen algunos sanitarios del Hospital General del Sur

 

 

En la misma área, se encuentra inconsciente Violeida Flores, de 61 años. Diecisiete días atrás, un tumor cerebral la condujo al segundo centro de salud más importante de la región petrolera. A 6 millones de bolívares ascienden los gastos de la extensa lista de material y medicamentos prescrita para su intervención.  “Todavía tenemos pendiente conseguir 130 dólares para la anestesia (…) Estas semanas aquí han sido muy difíciles, un calvario, sobre todo por los apagones”, expresa Karina Rivas, su hija.

Y es que la crisis eléctrica es uno de los puntos ‘pesados’ de la situación que atraviesa el HGS. La mayoría de las zonas subsiste en medio de una climatización inadecuada. Sin contar los equipos que se averiaron por las constantes fluctuaciones de voltaje.

 

 

En la sala de observación de la emergencia, los pacientes soportan las altas temperaturas

 

 

“Pasamos más de 50 horas sin luz desde el 2 de mayo. No tuvimos más remedio que amontonar a los pacientes en terapia respiratoria y cardiología, eran los únicos sitios con corriente. Ahora lo que nos angustian son los bajones, no sabemos cómo está funcionando la planta”, es la interrogante de una jefa de enfermería.

 

 

 

En la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) están habilitados seis cupos: cinco para adultos y uno para niños, “por las deficiencias en los equipos y el déficit de personal intensivista. Esto no responde a la demanda del hospital”, enfatiza.

Un pediatra consultado por PANORAMA estima que “la operatividad de la institución no supera el 20% de su capacidad instalada”. Una muestra es que solo están “abiertos” los primeros cinco pisos, la otra mitad cerró progresivamente. “Todo esto es gravísimo porque si llega una persona con VIH o un adulto con tuberculosis, no tiene la posibilidad de ser hospitalizado”.

Otro de los puntos que más preocupa al gremio es la cantidad de especialidades y servicios que quedaron desiertos por la ausencia de talento humano o de espacios idóneos. “A los cirujanos infantiles los despidieron hace cinco años y no fueron reemplazados. Dermatología, psicología, neurología, fisiatría, inmunología, oncología, ginecología y cirugía de mano ya no existen. Mientras que ORL tiene un solo médico; no hay manera de cubrir las emergencias”, lamenta.

Las operaciones electivas están paralizadas y las listas de espera aumentan aceleradamente, tanto como la angustia de los pacientes. “Solo entran a pabellón las urgencias y se recuperan en cardiología o cirugía cardiovascular porque no hay otro lugar disponible”.

Por su parte, alcanzar un diagnóstico certero se vuelve cuesta arriba, pues los laboratorios trabajan a “medio andar”: solo procesan análisis básicos, como hematología o glicemia. Encima, las tomografías ya no son una opción dentro de este recinto sanitario: “el robo de un cableado dañó el aparato y no lo repararon”, apunta una fuente. “Para las placas, se reparten unos cupos en la mañana y otros en la tarde debido a que la máquina se sobrecalienta”.

Desde hace más de un año, los cuatro ascensores están averiados. Milagros Luzardo, de 54 años, padece artrosis en su rodilla derecha, pero igualmente sube y baja las escaleras para visitar a su nieto en el quinto piso de pediatría. En la misma circunstancia están los pacientes renales que se las ingenian para llegar a la tercera planta, pese a la debilidad y la dificultad respiratoria propias de su enfermedad.

 

 

Milagros Luzardo, de 54 años, sube hasta el quinto piso por las escaleras para visitar a su nieto

 

 

Incluso la basura y los cadáveres son trasladados por las escaleras, ante la falta de ascensores

 

 

La unidad de diálisis contaba con 20 máquinas, pero ahora solo quedan dos en funcionamiento. Frecuentemente, presentan inconvenientes que las enfermeras tratan de sortear a fuerza de lavados. “Ya no tenemos un técnico que resuelva los problemas profundos. La Gobernación hizo una inspección, levantó un informe, pero todavía esperamos al personal”, señala un trabajador de hemodiálisis.

Adicionalmente, la infraestructura de este ‘grande’ de la salud zuliana da muestras del detrimento. Paredes rotas, techos destruidos, ausencia de luminarias internas y botes de aguas servidas o blancas, se multiplican en diversos puntos, como el servicio de hospitalización pediátrica, donde “únicamente funciona un tercio de las camas (22 de 66) porque hay cuartos que no tienen ni un bombillo”, refiere un doctor que pidió reservar su identidad por temor a represalias.  

 

 

 

Las paredes y los techos lucen en estas condiciones en hospitalización pediátrica

 

 

 

El escenario se replica en múltiples zonas

 

Los internos no gozan ni siquiera de agua potable para tomar o del comedor, que labora “de manera muy intermitente desde hace unos tres años”.

 

“De la morgue sale muy mal olor porque las cavas están dañadas. Ni siquiera se están haciendo necropsias (…) Las calderas para esterilizar material e incinerar no sirven”, se suman a las quejas.  

 

Lo cierto es que este hospital, considerado un centro de referencia nacional, a todas luces, es un reflejo de la severa crisis de salud que atraviesa el país. El equipo médico clama lo ineludible: condiciones mínimas, herramientas de trabajo y equipos de protección personal (como los guantes, gorros y tapabocas que ya no les entregan). Desde su acera, los pacientes exigen dotación total para obtener la atención oportuna, digna y de calidad que por derecho les corresponde.

 

 

Los pacientes deben llevar sus ventiladores para paliar el insoportable calor en casi todas las áreas

 

 

 

Este es el cementerio hospitalario que permanece en el General del Sur desde hace años

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