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Actualizado hace 375 minutos

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Ciudad
07:25 AM / 04/06/2015
Óscar Alfredo De Vicensi, de Argentina a Maracaibo por amor al planeta
Margioni Bermúdez
Panorama
Julio Ramírez

El activista ambiental Óscar Alfredo De Vicensi emprendió, el pasado 1 de mayo, una odisea que lo llevará por toda Suramérica. De Venezuela le sorprende la cantidad de basura que ha visto en las calles. Se encuentra en Maracaibo desde el pasado lunes y participa en un congreso ambiental en Ciudad Ojeda.

Tenía poco más de 50 dólares encima cuando Óscar Alfredo De Vicensi se embarcó en su viejo ‘hammer’, un Renault 18 del año 88, en Alberti, Argentina.

De fríos bajo cero y alturas superiores a los 3 mil metros, en la cordillera andina, llegó a la aridez de la Guajira, en donde pisó por primera vez Venezuela. Horas de carretera y  noches de dormir en la parte trasera de su carro hacen parte de la osada travesía que comenzó el 1 de mayo, y que lleva un mensaje que quiere tocar corazones. Serán 70 días y más de 17 mil kilómetros de recorrido. Al salir de Venezuela, pasará por Brasil, Paraguay y Uruguay hasta regresar a su natal Argentina, con mucho que contar.
 
“El mensaje es muy simple, es que tenemos que unir las luchas socioambientales de todos los territorios y lograr tener una fuerte presencia de quienes defendemos la salud y la vida, que nos llaman ambientalistas, pero simplemente debemos plantarnos en favor de la salud, en favor de la vida y repudiar el saqueo en todos los territorios y todas las expresiones”.

 El relato de Óscar, un periodista dedicado al activismo ambiental nacido hace 47 años en Argentina es apasionado. Irreverente. Padre de cuatro y abuelo de tres, sueña con un mundo sin enfermedades causadas por la acción depredadora de los seres humanos sobre su propio hogar, la Tierra. 

 

“Todos los problemas ambientales se dan por la corrupción que existe en nuestros países. No hay pretextos para abandonar una lucha, no hay pretextos para decir que no se puede”, sostuvo en Maracaibo, ciudad donde fue recibido por Alberto Borges, presidente de la Federación Ambientalista Internacional y promotor del el quinto Encuentro Ambiental Internacional realizado en Ciudad Ojeda, entre el 3 y 7 de junio.

“Mis amigos me llaman Torito. El 1 de junio llegué al Zulia luego de recorrer Bolivia, de punta a punta, Perú, de punta a punta, Ecuador, Colombia y felizmente ya estoy en este territorio. Este carro es un gran amigo, está conmigo desde hace 10 años. Es un motor de 1.400, muy chiquito, lo único que reformamos fue el radiador para que no calentara en la altura de la montaña. Estuve en la zona de Bolivia y Perú trepando la cordillera de Los Andes a una temperatura de 15 grados bajo cero”.

Óscar forma parte de un Un surco por familia, Organización no gubernamental (ONG) que arrancó la idea de promover huertos escolares y luego se alzaron en una lucha contra las fumigaciones y el uso de químicos letales.

 

“La fumigación es nuestro gran problema en Latinoamérica. Hay lugares donde las prohíben, pero a mí no me llenan que las prohíban, por el incumplimiento  en las leyes y la corrupción que hay en todos nuestros territorios. Es tan grande el negocio de los ‘commodities’ de la soja para el biocombustible y con el maíz trasgénico se está haciendo bioetanol.  La gran mentira es decir que los trasgénicos son para alimentar el mundo, en realidad lo que están haciendo   es alimentar los tanques de los carros en lugares donde no hay petróleo”.

La fumigación —agregó— “es un problema que data desde la época de la guerra con Vietnam. No nos olvidemos que allí se usaba el agente naranja y es lo mismo que se está utilizando en nuestros campos ahora, se está haciendo muy popular, y está de salida, el glifosato. Está entrando el glufosinato y muchísimos otros agrotóxicos que no tienen tanta difusión”.

Fue tajante al  afirmar: “No quiero trasgénicos en Latinoamérica, no quiero veneno en

 

Latinoamérica. Nuestra gente se está enfermando, tenemos niños mutantes. A las grandes corporaciones esos  no les importa, a ellos les importa el dólar, son ‘verde dólares”.

Embarcarse en la aventura no ha sido un acto solitario. Familiares, amigos y desconocidos lo han ayudado en su periplo continental. 

 “Amigos empezaron a colaborar entre todos y logré juntar luego unos 500 dólares. Mis padres jubilados también juntaron algo de plata para darme. Este viaje lo he logrado con el esfuerzo de muchas personas. Tuve muy pocas roturas en el ‘hammer’, en los lugares que tuve problemas fueron muy solidarios, se me desprendió el tren trasero y un buen soldador lo arregló. Me han cobrado muy poca plata, creo que la gente se ha dado cuenta en lo que ando”.

Antes de partir, le dedicó un mensaje a su familia en su cuenta en facebook: “Los extrañaré mucho en los 70 días de viaje por Latinoamérica. Serán los próximos tres meses arriba del hammer, mi viejo y querido auto, compañero, por las rutas de Latinoamérica, tendré que masticar esa mezcla de felicidad, tristeza, nostalgias y adrenalina... Pienso ¿cómo será el despertar en Bolivia, Perú, en Ecuador, en Colombia o en Venezuela a la ida? o las noches  al regreso, mirando después Paraguay, Brasil y Uruguay”.

 Luego de un mes, muchas de esas preguntas tienen respuestas: “He tenido muchas satisfacciones, he encontrado otros locos que andaban en bicicleta. Uno de ellos, un inglés que manejaba su bicicleta en la montaña, luego se iba a Australia. Luego me encontré con otro señor argentino que andaba en una moto. También vi a dos jóvenes de 20 y tantos años que venían desde Córdoba, en Argentina”. 

Sobre Maracaibo dice: “Me está sorprendiendo mucho la cantidad de basura que hay al costado de las carreteras en algunos pueblos y cómo conviven algunas poblaciones con la basura que es un foco infeccioso. En Argentina también hay mucha mugre”.

El problema ambiental no tiene fronteras —insiste—, “los humanos somos la peor especie que hay sobre la Tierra,  los más mugrientos y los más soberbios, creemos que  inventamos el planeta.  Somos muy poquitos bomberos apagando incendios. Los que estamos tomando consciencia entendemos que la vida es otra cosa, y  no tiene que ver con la billetera o  las cuentas bancarias, tiene que ver con respirar buen aire,  tomar buena agua y pisar buen suelo, y que ese suelo te dé cosechas sanas para vivir”.

“Aprendí que la contaminación de Bolivia llega a nuestros hermanos de Formosa, en Argentina. Entendí que la contaminación de Colombia viene directamente a este maravilloso Lago que tienen ustedes, el Lago de Maracaibo. Cuando no tenía canas me decían que era un ‘loquito’, ahora que estoy viejo me dicen ‘tenía razón el loco’, pero en todo este tiempo en que transité entre el ‘loquito’ y el loco se murió mucha gente y se sigue muriendo gente”.

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