Maracaibo en su cumpleaños o la ciudad que no merece ser

La capital zuliana llega a 491 años este 8 de septiembre. Sobrevive en medio de su peor crisis con servicios colapsados y una economía postrada. Poco que celebrar.

Por:  Heilet Morales

Si Ricardo Portillo subiera de nuevo al penthouse donde hace 30 años se inspiró para definir a Maracaibo como “La ciudad más bella” seguramente perdería la musa de aquella noche estrellada. Mirar al horizonte ya no sería lo mismo, buena parte de las luces que hace tres décadas iluminaban a la capital zuliana ya no están, la ciudad cumple este martes 8 de septiembre 491 años y poco tiene que celebrar en días en que languidece ante su peor crisis.

“¡Esta la ciudad más bella que existen en el continente / Tiene Lago, China y Puente / gaita y  hospitalidad / Tiene el calor y la gente / de más alta calidad!”, dice el verso de la célebre gaita que enamoró a propios y extraños.  

La capital zuliana puede seguir presumiendo de su Chinita, seguramente de su Lago, también del calor y su Puente, pero su gente sobrevive en medio  de la oscuridad de apagones, carreteando agua, moviéndose en bicicleta o caminando auténticos maratones porque no hay gasolina, todo en medio de una economía postrada, como nunca antes.

Cumpleañera en oscurana

La crisis eléctrica es el más añejo de nuestros males. Hace una década el venezolano comenzó a lidiar con los apagones, primero porque la sequía empezó a pasar factura al gigante de Guri, años después porque la ineficiencia, la corrupción, la falta de planificación estratégica de un sector como el eléctrico, que no admite improvisaciones, hicieron el resto.

Los marabinos han vivido como en una marea con la electricidad en esta década, con sus más y sus menos, pero desde el 23 de diciembre de 2017 no ha habido tregua.

La oscurana de aquel 24 de diciembre fue apenas el comienzo. Desde entonces, el zuliano acuñó en su diccionario popular  las palabras bajón, apagón, los más eufemísticos la “administración de carga” y  todo tipo de explicaciones rocambolescas que no han faltado nunca.

Quienes creían que el apagón del 24 de diciembre de  2017 superaba sus límites, llegaron las cien horas del blackout del 7 al 10 de marzo de  2019, un hecho que produjo un quiebre  anímico en el marabino.

 Pero como del último año de la cumpleañera capital zuliana se trata, abril de este 2020 ha sido el mes con más apagones. Cinco en total se produjeron en medio de una cuarentena incipiente por el covid-19.

Lo más triste de esta crisis eléctrica es que ocurre ante un gigante de papel. Termozulia, la obra emblemática de la quinta República en la entidad, con capacidad para 1.500 megavatios de producción, apenas alcanza los 300 megavatios, una quinta parte de su capacidad total.

Combustible en cuarentena  

Al alimón de la crisis eléctrica, los marabinos acuñaron más palabras a su diccionario: pimpina y bachaqueo para referirse a otro de sus males, el del combustible. La ciudad cuyo Lago presume de las reservas de petróleo liviano más importantes del país pasa sus días sin gasolina.

Las colas en un puñado de estaciones de servicioque son surtidas son una postal de todos los días en medio de la peor crisis de acceso al combustible desde el paro petrolero del 2002-2003.

Esta vez el problema no está atado a una coyuntura, como en aquel diciembre. El país con las más grandes reservas petroleras del planeta no es capaz de producir la gasolina que requiere su mercado interno, que para colmo de males pasó de la gasolina más barata del mundo a la más cara del planeta.

Sí, lee bien. A los marabinos les cuesta hasta 50 dólares  echar 40 litros de combustible. A los uniformados, del color que usted se imagine, le tocan mínimo 30 dólares, mientras el bombero puede cobrar mínimo 20 de los verdes para abrir la pistola surtidora de combustible.

Atrás quedaron los días en que Maracaibo y su portentoso Lago ponían 500 mil barriles a la producción de petróleo nacional para alimentar el complejo refinador más grande del planeta, el de Paraguaná y abastecer el mercado nacional.

La escasez del mercado interno en el Occidente es tan brutal que ha terminado cambiando la ecuación  histórica del contrabando de extracción hacia Colombia, ahora es común que el combustible colombiano se venda en las calles marabinas, en mucho casos, al mejor postor, 20 dólares por punto, equivalente a 20 litros de combustible.

Hijo de la crisis del combustible es el vetusto sistema de transporte marabino apenas resiste por la inyección de unidades del sector público que se quedan cortos para una ciudad que, históricamente, ha tenido una lista de múltiples rutas, de las cuales ya no queda nada.

Entretanto, los que viven del diario detrás de un volante se las ingenian para buscar el combustible y mover cuantos pasajeros puedan en camiones 350, 750, los tipo cava que alguna vez trasladaron alimentos ahora   transportan personas hasta sus lugares de trabajo.

Desierto marabino

Como si la tragedia de la electricidad, la gasolina y el transporte no fuera suficiente para probar los límites de los marabinos, la escasez de  agua pone otro tanto.

Lejos de la sequía de hace seis años cuando Tulé, Manuelote estaban contra la pared, ahora los emblemáticos embalses están a tope, pero el agua sigue siendo una quimera para miles de marabinos, esta vez producto de una caprichosa crisis eléctrica que se deja sentir, igualmente, en los sistemas de distribución.

Otra postal de la ciudad cumpleañera es la de marabinos carreteando el agua hasta en coches, que alguna vez usaron para trasladar a sus pequeños.

La crisis del agua sobrepasa los esfuerzos de reactivar bombas, reparar válvulas, activar pozos para una ciudad por cuyas calles circulan camiones cisternas como pirañas en busca del mejor postor, todos tras la caza de los dólares, entre 30 y 50 de los verdes por 10 mil litros.

Parálisis económica

Del fortín económico del Occidente del país, la ciudad con la segunda mayor cantidad de habitantes del país que sacaba chapa de su producción petrolera, de la petroquímica, de su capacidad industrial que golpeaba con firmeza la puerta del  poder central solo queda un aparato industrial colapsado cuyo sector comercial apenas resiste en medio de la economía de bodegones.

Maracaibo perdió su peso específico como capital venezolana. Su dirigencia sucumbió ante un modelo centralizado que capitaliza todas las decisiones. Del músculo que puso a andar la Ley de Asignaciones Económicas especiales, el Fondo Intergubernamental para la Descentralización (Fides), banderas de lucha del movimiento político  y empresarial zuliano, no queda nada, se extinguió.

La guinda del pastel son seis meses de cuarentena por la amenaza real del covid-19 que apenas transita para la capital zuliana su segunda semana de flexibilización. No hay cuerpo económico que resista tanta parálisis, "aderezado" por un aparato productivo sometido al estrés prostraumático de 7 años de recesión.

Más del 60% de las empresas marabinas, de acuerdo con los datos del gremio empresarial, han reducido sus nóminas en medio de la peor contracción de un consumo reducido a market que en modo alguno no representan la capacidad de compra de los marabinos, apenas son una pequeña fotografía de un entorno económico hostil.

Esta es la película de la Maracaibo que cumple 491 de su fundación, lejos del esplendor de la metrópolis más bella de Portillo, cerca de la ciudad que reta los límites de quienes la sufren día a día.

Más Noticias