Hasta diez horas para echar gasolina pueden tardar los zulianos

Madrugonazos en cola, pese a la prohibición oficial, se repite en casi todas las estaciones. Diez  mil litros de combustible puede durar un máximo de cuatro horas, en una bomba, si el despacho es de 14 mil litros de gasolina, se puede llegar a seis horas máximo.

Por:  Redacción Web

A dos semanas de que arrancara el proceso de "regularización"  del depacho de combustible en el país, los zulianos siguen sumidos en su laberinto. Hasta diez horas puede tomar un marabino para tanquear su vehículo en una travesía que comienzan, regularmente, el día antes de que le toque el número de placa, pasando por una madrugada a la intemperie en la que el café, el dominó y las barajas no faltan, mientras otros prefieren reclinar sus asientos  y domir las horas que puedan.

José Finol decidió la tarde del pasado viernes 16, a las 3:00 pm, acomodar su Honda Civic en la cola de una de las estaciones de servicio de Los Haticos. "Me habían dicho que  la gasolina llegaría, yo sabía que la habían secado el jueves, pero igual hice la cola, ma calé el calor que hizo ese día por el temor de que me remolcaran el carro, pero al final no se metieron con la cola", confiesa el marabino que a las 7:00 am del viernes vio diluir sus esperanzas y debío volver a empezar en otra cola del perímetro, de la que  pudo salir a las 11:00 am.

"Si por lo menos informaran qué bombas van a tener surtido sería más fácil", agrega Finol, quien tiene decidido, además, tanquear cada vez que le toque y sacarle a su carro "porque uno no sabe hasta cuándo va a durar el combustible".

Y es que 10 mil litros de combustible puede durar "un máximo de cuatro horas", interviene un encargado de una bomba, quien bajo figura de anonimato agrega que "si nos despachan 14 mil podemos llegar a seis horas máximo".

El pasado 5 de octubre, el Ejecutivo nacional relanzó la venta de combustible en el país. La crisis de la gasolina se produce en momentos en que Venezuela, y particularmente la industria petrolera, se encuentra sometida al efecto de las sanciones que han apuntado al despacho de combustible. Además, el complejo de refinerías del país está sumergida en una crisis de inversiones de años que ha reducido a poco más de 70 mil barriles de combustible la producción de gasolina de un parque refinador con capacidad de 600 mil barriles día.

La crisis del Zulia dista mucho de la de otros estados del país, interviene Marcos Villavicencio, quien llegó al Zulia por carretera  el sábado 17 de octubre, desde Caracas. "Nos vinimos con precaución porque sabemos de la crisis de aquí, pero debo decir que en la Falcón-Zulia conseguimos gasolina, de hecho en Falcón sin colas, pero al llegar al Zulia, la cosa cambia".

El caraqueño Villavicencio continúa en su relato asegurando que "echábamos 10 litros, 15 litros, lo que creíamos que nos faltaba por el trayecto, eso sí, con una pimpina abordo como medida preventiva, no es como aquí: de hecho, en Caracas hay colas, pero no así y se entiende porque es la capital".

La impresión de los zulianos es que, a diferencia del proceso que se inició el 1 de junio,  esta vez la "regularización"  de la venta ha sido con menores despachos, de hecho lo común es que las estaciones de servicio sean surtidas dos veces a la semana, insuficiente ante la demanda contenida de meses de crisis.

Otra cuenta que no cuadra, a juicio de los zulianos, es la de los carros atendidos diariamente. El marabino Gustavo Velásquez lo tiene hasta calculado. "Si a una bomba la surten de 14 mil litros y lo que nos venden es 40 litros, eso da para 350 carros, pero no hay forma de que suban de 120 o 150 carros en la mayoría de las bombas", denuncia.

Velásquez compara  la situación de la mayoría de las bombas dolarizadas y subsidiadas de Maracaibo con la de cuarteles militares o comandancias policiales y se pregunta: "Qué hacen tantos policías o militares en las bombas,  muy fácil", se responde:  "Cada uno anda con los suyos y en la cola suelen marcar hasta los cien carros".

En cualquier caso, el zuliano todavía no despierta de una de sus peores pesadillas: la de la gasolina.

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