“El encierro fue lo más duro de mis 13 días en el hotel"

Rosalina Arteaga (nombre ficticio) contó a PANORAMA los días que pasó aislada en uno de los 15 hoteles  de Maracaibo habilitados como centro de vigilancia para atender a pacientes con covid-19.

Por:  Priselen Martínez Haullier

“Trece días de aislamiento pasé mientras esperaba el resultado de la prueba PCR. Me tocó irme a un hotel, luego de salir dos veces positiva con covid-19 en la prueba rápida”, así cuenta Rosangelina Arteaga (nombre ficticio) su experiencia de haber sido uno de los posibles casos de coronavirus comunitario al oeste de Maracaibo, municipio donde ya la cifra de contagios supera los 300, la mayoría provenientes del foco del mercado Las Pulgas.

“Al principio me angustié, porque uno de mis nietos de 13 años también dio con el mismo resultado, pero gracias a Dios estamos bien”, agrega la mujer de 54 años al ser entrevistada vía telefónica por PANORAMA.

Cuando le informaron que debía ir a uno de los 15 hoteles  de la ciudad que habilitó la Alcaldía de Maracaibo,  como centros de vigilancia epidemiológica para pacientes con covid-19,  inmediatamente su mente se devolvió como si fuese una película buscando cuál pudo haber sido su punto de contagio.

Como trabajadora de mantenimiento de un centro de salud, de inmediato tomó las previsiones personales cuando comenzó la cuarentena por la pandemia, el pasado 16 de marzo.

“Recuerdo que un día me pidieron que explicara cómo se usaba una lavadora, que no es mi función,  para meter los trajes bacteriológicos que están usando los médicos. Utilicé mis guantes y todo por temor a contagiarme. Solo expliqué porque no quise tocar nada, además mi trabajo es mantener limpia todas las áreas, labor que cumplía con mucho cuidado”, rememora.

“El día que comenzaron a hacer las pruebas,  hace un mes, caí en el grupo de los sospechosos. Me enviaron a resguardo en mi casa a los ocho días me la volvieron a hacer y salí igual, positiva. La doctora que me atendió me dijo tienes que ir un centro de aislamiento para que te hagan la PCR y lleguen los resultados. Yo no presentaba ningún malestar, por eso me incluyeron en el grupo de los pacientes asintomáticos”.

Rosalina alegó que no fue fácil asumir pasar unos días de fuera de casa, “y con tantas cosas que se decían que  a uno lo aislaban y no le daban nada, que la comida era mala, que iba a estar encerrada quizás con quiénes en fin, fueron muchos detalles que me aterrorizaron al principio”, confesó Arteaga.  

“Llegaron a buscarme en un autobús;  conmigo iban otras nueve personas más. Nos llevaron a un hotel en la circunvalación número 2. Allí nos chequearon  nos ubicaron a cada uno en una habitación y nos hicieron la prueba del hisopado (la PCR). Nos habían advertido que probablemente nos pondrían con otra persona más, pero a la final estuve sola”, agrega.

Detalló que la habitación que le correspondió tenía tres camas, “una matrimonial y dos individuales con su televisor,  su baño y aire acondicionado. En otras, me contaron  tenían hasta nevera ejecutiva. Además nos entregaron un kit para el aseo personal”.

La rutina del día la llevaba una médica, contó.  “Fue con la única que tuve contacto, solo ella entró a la habitación cuando me hizo la prueba, del resto desde el pasillo me preguntaba: cómo me sentía; si tenía fiebre, dolor de cabeza, algún tipo de malestar, tres veces al día. Luego, otra persona llamaba para entregar el desayuno, el almuerzo y la cena acompañada con una toma caliente”.

“Lo que más me pegó, a pesar de tener un televisor que apagaba a las 12:00 de la medianoche,  fue el encierro por completo; es  lo más duro de mis 13 días de aislamiento. Muchas veces me provocó salir corriendo, no es fácil estar en un cuarto sola, a uno le pasan muchas cosas por la cabeza”.

Arteaga afirmó que, a diferencia de otras personas, “corrió con suerte” de estar en una habitación con ciertas comodidades.

 “En otros centros,  donde no tienen televisores,  los sacan a hacer ejercicios para que medio se distraigan”, según le contaron otros compañeros en el autobús que la llevó de regreso a su casa, cuando llegó de Caracas el resultado “negativo” de la PCR.

“Ese día que me dieron el alta. Salimos a las 4:30 de la tarde y llegué a mi casa casi a las 9:00 de la noche porque me tocó hacer el recorrido por varias partes de la ciudad dejando a mis otros compañeros. Al Puente sobre el Lago fui a dar a dejar a uno de los hombres porque vive en Ciudad Ojeda y hasta allí lo pudo dejar el chofer”.

La indicación que recibimos fue “estar 15 días más aislados en casa, y para reincorporarme a trabajar debo volver a hacerme otra prueba rápida de descarte. Mi nieto también salió negativo, así como el resto de mi familia. Esto que viví no se lo deseo a nadie, pero hay que cuidarse para no terminar enfermo de gravedad en un hospital”.

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