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Actualizado hace 37 minutos

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Ciudad
10:19 AM / 27/02/2019
El calvario de los alumnos de un colegio en Maracaibo que tiene más de 7 meses sin luz
Adriana González
Alberto Briceño

“Moral y luces son nuestras primeras necesidades”, reza el conocido pensamiento del Libertador Simón Bolívar; el mismo que se empaña, al llevarlo a la práctica, en el caso de la Unidad Educativa Nacional Niños Trabajadores  Rafael Urdaneta, que desde julio del año pasado no  tiene  electricidad.

Un transformador explotó cerrando el año escolar 2017-2018 y dejó al centro educativo, ubicado en el sector Gallo Verde, de Maracaibo, en penumbras. Para colmo, el hampa visitó al instituto y se llevó consigo el cableado eléctrico.

Con la esperanza de una pronta solución, se elaboró un informe que fue remitido al Ministerio de Educación y que llegó a instancias de Corpoelec.

Pero otro año escolar llegó y  este centro educativo no tuvo más remedio que recibir a su amplia matrícula, de casi 700 estudiantes, del mismo modo que la despidió en julio: sin luz.

Siete meses han corrido sin una solución concreta, a pesar de la amplia población estudiantil del instituto, comprendida por 560 alumnos que estudian en el día, desde preescolar hasta el tercer año de bachillerato, y más de 100 adultos (unos con necesidades especiales) que estudian en turno vespertino.

Pero los más afectados son los más pequeñitos, dicen con preocupación sus maestras. “Aquí no hemos paralizado las clases, seguimos esforzándonos a pesar de las dificultades pero es muy cuesta arriba trabajar con ellos. Tenemos que sacarlos de las aulas y darles clases en el patiecito, porque es imposible hacerlo en los salones”, explicó una maestra que prefirió no identificarse.

La docente dijo que, a pesar de los esfuerzos, los objetivos no se cumplen en el tiempo estipulado, bien sea por las quejas por el calor o porque el cambio de ambiente los distrae con facilidad, y  agregó que  los niños están propensos a sufrir daños visuales por tener que esforzar mucho la vista en la oscuridad.

En medio de este escenario, los horarios de salida sufrieron cambios. Para preescolar, la salida se adelantó para las 10:00 am,  para evitar que el calor y el  sol hiciera más incómodo el aprendizaje para los niños, mientras que los timbres de bachillerato anuncian la salida  cuando el reloj marca las 11:00 am.

Otra educadora señaló que algunos padres han retirado a los pequeños   del colegio. Unos,  porque la hora les era inconveniente para retirarlos y otros, porque sentían que sus hijos no estaban aprendiendo adecuadamente.

También estudiantes de primaria y los adolescentes que cursan desde el séptimo grado al tercer año de bachillerato reclamaron una pronta mejora a las condiciones de estudio.

“A veces no hay suficiente claridad, estudiamos entre calor y mosquitos. No es fácil aprender así, nos cansamos más y estamos siempre pendientes de secarnos el sudor”, reclamó Juan Cordero, en lo que su compañero Carlos Urdaneta agregó que  otros problemas preocupan al estudiantado, como el colapso de los baños y el mal estado de la cancha deportiva.

También Haniel Villasmil, que cursa segundo año, explicó que la falta de pupitres le preocupa, pues “a veces no vemos clases porque los salones están llenos y los vacíos no tienen asientos”.  

Pero en medio de la grave situación, la paciencia se acortó para padres y madres,  quienes consideran  protestar para exigir respuestas. “Las maestras son unas excelentes profesionales, sabemos que hacen un trabajo increíble al mantener la calidad en la educación a pesar de las condiciones pero esta situación es insostenible, a veces no traigo a mi hijo porque suda demasiado y no quiere venir”, apuntó Yaseni Muñoz, representante.

Para rematar este oscuro escenario, las repetidas fluctuaciones  en el servicio de electricidad quemaron la bomba del agua, por lo que docentes y estudiantes deben cargar con baldes de agua para sanear los baños.

Reiteradas veces se intentó establecer contacto con Damelis Chávez, secretaria de Educación del Zulia, para conocer el estado de la solicitud hecha por la unidad educativa para concretar la instalación de  un nuevo transformador, pero no fue posible. 

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