A un año del apagón que marcó un antes y después en el Zulia

El 7 de marzo ocurrió el blackout más largo que haya vivido el país. Esta entidad fue reconectada la noche del lunes 11. 

Por:  Heilet Morales

Hace un año, a las 4:55 de la tarde del 7 de marzo del 2019, el país quedó a oscuras. Un apagón de proporciones inconmensurables paralizó a Venezuela y sumó a millones de personas en una pesadilla de la que todavía muchos no despiertan. Sin afán de unos protagonismos que nadie quiere,  el Zulia llevó la peor parte de una crisis que, de entrada, mantuvo a la entidad sin servicio eléctrico por al menos 100 horas.

En medio de la crisis, la rocambolesca versión de que todo era responsabilidad de un “ataque cibernético con ondas electromagnéticas” no resistía el menor análisis de ingenieros eléctricos, quienes desde el 2010, cuando Venezuela empezó a “zozobrar” en el mar picado de la crisis eléctrica, advertían sobre el vetusto estado  del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

El Gobierno repetía una y otra vez su versión sin permitir que expertos venezolanos, mucho menos de instancias internacionales, se adentraran en esa especie de “caja de pandora” del SEN.

Mientras el centro del país se encendía progresivamente y la “burbuja eléctrica” de Caracas se creó a las primeras de cambio, los zulianos asistían atónitos a un episodio que parecía sacado de “La divina comedia” en el “Infierno” de Dante Alighieri.  

Los “demonios” se desataron en el Zulia entre el jueves 7 de marzo y el lunes 11, casi a las diez de la noche, cuando se hizo la luz de nuevo en la entidad. Se trataba de una lucha de supervivencia de días que parecían siglos.     

Y el domingo 10 de marzo se inició una ola de saqueos inédita en Maracaibo. Lejos del “Caracazo” del ‘89 y sus más de 3 mil muertos; en la capital zuliana no hubo víctimas, pero los saqueos se desataron en negocios pequeños, medianos y grandes empresas fueron arrasadas por miles de personas necesitadas y de bandoleros que arrasaban con cuanto podían en la Curva, en el centro de la ciudad, en la zona norte, en los centros comerciales, en la circunvalación 2 y un largo etcétera.

Más de 100 locales comerciales del Sambil fueron arrasados.
 

Más de 550 locales o comercios fueron desvalijados en toda la ciudad. El caso del hotel Brisas del Norte causó estupor por la forma en que fue saqueado a plena luz del día.

Empresas Polar, la gigantesca productora de alimentos de Venezuela, dio cuenta de cómo cuatro de sus cinco instalaciones en Maracaibo también fueron asaltadas. La empresa calcula que han perdido 18.600 millones de bolívares (5 millones de euros). Una mezcla de mucho vandalismo y algo de desesperación, porque además de 70.000 bolsas de pasta y agua, los saqueadores se llevaron 570 cajas de cerveza y han dañado 22 camiones y 23 ordenadores.

Las pérdidas económicas se contaban por 200 millones de dólares al día, de acuerdo con las estimaciones que hace un año hizo Ecoanalítica. “El 2019 ha sido el año más difícil que nos tocó vivir”, resume Ezio Angelini, presidente de la Cámara de Comercio de Maracaibo.

El drama humano

 Más allá de la frialdad de los números de la economía, las secuelas de las 100 horas sin electricidad en el Zulia se hicieron sentir con fuerza en el ya precario sistema de salud pública. 

La Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia (Codhez) reportó que 32 de 34 hospitales públicos del Zulia fueron afectados con especial gravedad por el apagón nacional.

La Codhez dio cuenta de que “en el Hospital de Especialidades Pediátricas, la planta eléctrica disponible permitió que se habilitara un pabellón y la dotación de energía a un piso donde se encontraban dos niños hospitalizados (…) El domingo 10 de marzo fallecieron siete personas en el Hospital Universitario de Maracaibo por complicaciones que no pudieron atenderse debido a la falta de electricidad. Por su parte, en el Hospital General del Sur los ingresos por emergencia fueron restringidos a solo los casos más graves”.

En los mercados, bien puede decirse que el apagón abrió las puertas de la dolarización de facto en el Zulia. Los comercios elevaron exponencialmente sus precios y comenzaron a aceptar las divisas como medio de pago, las transacciones se han elevado de manera hasta superar el 80% de las operaciones, al menos en Maracaibo.

La cadena de apagones

Entonces el Zulia se volvió rehén de una crisis que penetró hasta la psiquis de la gente, con una cadena de mega apagones que se repitieron el lunes 25 de marzo, que afectó a 16 estados; el viernes 29 de marzo, una réplica que golpeó a 23 entidades del país durante más de tres días y el 9 de abril de nuevo las luces se apagaron para todos.

La cadena de eventos caló hondo en el Zulia. Recuerda Josefa Finol, del sector Las Veritas: “Cada vez que decían que era nacional temblaba, es algo que no estaba en mí”. La sexagenaria además fue protagonista de un fenómeno migratorio interno que también fue producto del apagón. Su única hija se marchó a Caracas con sus nietos en busca de la “burbuja” capitalina.

“En el interior del país se sufre por el gas, por el agua, por el teléfono, por transporte", dice el caraqueño Andris Bravo, quien se considera un afortunado pese a quedar sin luz eventualmente por varios minutos debido a los "bajones" que se hacen comunes en algunas zonas de Caracas.

El Zulia asistió atónito al anuncio del 14 de abril del año pasado cuando el gobernador Omar Prieto dijo que habría servicio eléctrico entre 4 y 6 horas al día.   Prieto daba cuenta de la gravedad de un problema de largo aliento que, aunque en menor escala, sigue siendo un dolor de cabeza para miles de  zulianos.

En 2019 las fallas reportadas por usuarios al Comité fueron 87.267 y en los dos primeros meses de este año ya suman más de 10.000, en interrupciones que pueden extenderse desde algunas hora y hasta varios días, aseguró Aixa López, presidenta del Comité de Afectados por los Apagones.

¿Dónde estamos?

Un año después, las autoridades  intentan pasar la página, la “dieta eléctrica” ya no se cuenta por 12 o 16 horas sin luz al día, lo que debería de ser extraordinario (los cortes y fluctuaciones de luz) se volvió cotidiano.

En este contexto, el Zulia comienza a echar mano de Termozulia, cuya capacidad de generación de 1.300 megavatios no llegaba a los 100 mw   antes del 7 de marzo.Actualmente, con inversiones que bien pudieron limitar los efectos de la crisis del último año, Freddy Brito,  ministro para la Energía Eléctrica, informó  el 9 de febrero que entraron en funcionamiento tres unidades de la planta Termozulia para aportar 340 megavatios al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

Sin que resulte, ni por asomo la solución de la crisis, la producción de Termozulia es un bálsamo para una región sometida a la inclemencia de altas temperaturas que, históricamente, ha demandado alto consumo energético.

El gobernador Omar Prieto en su informe de gestión reconoció de nuevo el desafío de la crisis eléctrica, pero se mostró optimista: "Vamos rumbo a la estabilidad y el pueblo lo esta sintiendo". 

El bypass político   

Al margen del sufrimiento de la gente, ni siquiera la crisis eléctrica tendió puentes políticos entre chavismo y oposición hacia soluciones. Para muestra un botón: un crédito de la CAF por 350 millones de dólares para invertir en cinco estados del país dependía de un acuerdo político en la Asamblea Nacional que nunca llegó.

En medio de las tensiones políticas, un grupo de diputados de grandes partidos políticos opositores redactó un proyecto de ley que busca autorizar el préstamo de 350 millones de dólares de la CAF y dirigirá el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Pnud. El texto llegó al Parlamento con el apoyo público de al menos media docena de legisladores, pero no fructificó.

Las instalaciones eléctricas han sufrido todo tipo de fluctuaciones en un año.
 

El borrador de la propuesta de ley contemplaba el control y supervisión del Pnud del préstamo, sin precisar quién pagaría el financiamiento de la CAF, ni tampoco el ente que ejecutará las reparaciones.

El texto solo indicaba que la administración pública, que maneja Maduro, “prestará su colaboración y asistencia a las actividades del mecanismo” y que los desembolsos se incluirán en los próximos presupuestos y en “operaciones de crédito público”, que en el país suelen ser aprobadas por el Ejecutivo nacional.

El chavismo, pese a reincorporarse al Parlamento nunca dio un paso al frente y la oposición lo enterró en diciembre pasado, cuando el propio Juan Guaidó dijo que no era factible y que buscarían otras fórmulas.

Tras bastidores, para la oposición nada que signifique aliviarle un problema a Maduro interesa, mientras que para Miraflores significaba levantar de derecho el inútil argumento del desacato de la Asamblea Nacional.

Entre tanto, la gente sigue portando la cruz de la electricidad un año después del fatídico 7 de marzo del 2019.

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