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Ciudad
04:28 PM / 07/06/2019
A TRES MESES DEL APAGÓN: Servicios y comercios atrapados
Andrea Salas
ALBERTO BRICEÑO
Copyright (c) 1998 Hewlett-Packard Company

El Zulia no volvió a ser el mismo desde marzo. La cotidianidad se esfumó en los últimos tres meses de la peor crisis eléctrica que afecta directamente los servicios básicos, la educación, los comercios… la vida entera de un territorio que parece fantasma.

Calles vacías, gasolineras abarrotadas, santamarías cerradas, ciudadanos incomunicados, rutinas escolares perdidas y comunidades sedientas son muestras las secuelas que padece la región petrolera del país, la más castigada de todas.

Las estaciones de servicio (E/S) se han convertido, prácticamente, en las nuevas casas de los conductores zulianos. ‘Interminables’ filas de vehículos se extienden por varias cuadras. Nunca terminan.

“Me ha tocado pasar más de 20 horas en una bomba. Todos los días despierto con la preocupación, pensando cuántos litros me quedan, cuándo me tocará tanquear. Tenemos la vida casi paralizada. Aquí la gente deja de trabajar para echar gasolina”, es la queja de Juan Suárez, desde Valle Frío.

El hecho es que el congestionamiento de las estaciones impulsa la reventa ilegal del carburante más económico del mundo. Entre 10 y 20 dólares llegan a cobrar por 20 litros. Los más “considerados” piden mil bolívares por cada litro.

Otro dolor de cabeza que se intensificó fue el suministro hídrico –que ya registraba severas fallas–, pues trasformadores de Tulé y equipos de bombeo de Planta C se averiaron por las fluctuaciones de voltaje. Además, cuando ocurren las fallas “el personal debe apagar la maquinaria para prevenir daños que pueden ser muy costosos de reparar”, dijo una fuente de Hidrolago a este diario.

“El agua llegaba con irregularidades, pero desde el primer apagón (7 de marzo) la hemos recibido tres veces y por pocas horas, siempre cuando no hay luz. Nunca podemos llenar el tanque, nos toca carretear de las plazas o hacer una ‘vaca’ para pagar un camión cisterna, cuando podemos”, contó Ana Perozo, habitante del barrio 23 de enero, al sur de Maracaibo.

Vía Twitter, Carmelo Naranjo reclamó: “En los sectores Los Claveles, Parque la Colina, La Chinita y San Benito no tenemos agua desde hace más de 40 días y no nos dan respuesta. ¡Ayuda!”.

El comercio en el Zulia atraviesa su peor momento en el marco de la feroz crisis eléctrica.

Zonas como Lago Azul, Canta Claro, El Potente y Panamericano, de la capital zuliana, también claman por el servicio, al igual que Los Samanes, Sierra Maestra y El Caujaro, de San Francisco.

El viacrucis por recargar las bombonas de gas se hizo más largo desde que recrudeció la crisis de energía. Antes, el despacho tardaba unos cinco días; ahora, la espera puede alcanzar las tres semanas.

Los vecinos del barrio María Concepción Palacios se las ingenian para preparar sus alimentos en cocinas eléctricas o en leña, cuando agotan todas sus opciones. “Nos están despachando solo bombonas de 10 y 18 kilos, la entrega se hace eterna. Tratamos de rendirla al máximo”, comentó uno de los afectados.

Altamira Sur y Norte, partes del conjunto residencial El Pinar, La Sonrisa, Integración Comunal y tramos de Altos del Sol Amada entran en este listado.

El sector educativo no escapa de esta dura realidad que ha dejado horas y días en blanco para el aprendizaje de las generaciones más jóvenes. Los planteles públicos y privados del estado redujeron su jornada a tres o cuatro horas diarias de clases. Algunos solo operan tres días a la semana, encima, el turno de la tarde se diluyó.

Luisa Pernalete, educadora miembro de la red nacional Fe y Alegría, aseguró que se trata de “una emergencia educativa compleja” porque la pérdida de la rutina escolar se agrandó desde hace tres meses, sobre todo en el Zulia. “¿Con qué ánimo va al colegio un niño que pasó mala noche porque en su casa no había electricidad? Amanecen cansados y, si van, no rinden”.

Enfatizó que se pierden los hábitos de estudio. “Las tareas para la casa son para reforzar, no para aprender. Un maestro no puede ser sustituido por una guía. Además, la escuela cumple una función socializadora muy importante”.

Yorgelis Graterol, estudiante de sexto año de diversificado, contó su experiencia: “Fui a mi primer día de pasantías en un banco público, en marzo, pero me devolvieron por los problemas eléctricos. Regresé a finales de abril y, aunque me han enseñado mucho, me entristece todo el tiempo que no pude aprovechar”.

Factores como la falta de agua se añaden a los tropiezos de las instituciones que están próximas a culminar uno de los años escolares más interrumpidos. La carencia de comida, transporte público y efectivo también generan inasistencias en todos los niveles de educación, mencionó.

“Creemos que todavía hay muchas cosas que se pueden hacer en el tiempo que resta. Debemos orientarnos a entrenar a los padres para que refuercen en casa los contenidos y así no se olvidará lo aprendido (…) En los planes vacacionales se tienen que incluir juegos para reforzar”, recomendó Luisa Pernalete.

En el Centro de la ciudad se produjeron saqueos en comercios que minaron, incluso,
la supervivencia de muchos pequeños emprendedores. 

 

 

Como si no fuera suficiente, esta crisis pasa una cuantiosa factura al comercio zuliano. En su acostumbrado informe mensual, Fedecámaras alertó que “las empresas que pudieron, instalaron plantas eléctricas de todo tipo para tratar de mantener sus puertas abiertas, pero hoy muchas de esas maquinarias están apagadas porque no hay gasolina, gasoil ni gas”.

Es tan profunda la situación que el 90 % de la producción ganadera de Machiques de Perijá está paralizada. “En el quinto mes de 2019, el sector industrial ha profundizado su caída debido al difícil acceso al combustible (…) El sector se encuentra prácticamente colapsado, porque afecta directamente en la asistencia masiva del personal a las industrias, trayendo como consecuencia, el desabastecimiento y encarecimiento de los alimentos. Con respecto al servicio eléctrico, en mayo fue crítico”, reportó la federación.

Desde el centro de la ciudad, la propietaria de un centro de copiado manifestó que los constantes cortes eléctricos paralizan sus ventas y agrandan la ‘montaña’ de equipos averiados: “Abro mi negocio al ritmo de los apagones. Hace casi un mes hubo una avería y más nunca regresó el internet. Ya perdí la cuenta de cuántas computadoras se me dañaron con los ‘bajones’. Es frustrante cumplir con todos mis deberes como empresa, pero no tener derechos”.

 

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