Niños de invernadero: los peligros de la sobreprotección paternal

El exceso de cuidado de los padres es limitante y dará lugar a niños dependientes, inseguros y vulnerables, estiman los especialistas.

Por:  Agencias

Proteger no es lo mismo que sobreproteger. El instinto de protección lleva a los padres a cuidar de sus hijos y mantenerlos a salvo de los peligros físicos y emocionales. La sobreprotección, sin embargo, es limitante y dará lugar a niños dependientes, inseguros y vulnerables.

La sobreprotección suele ser la proyección de los miedos parentales.

La sobreprotección es un estilo de crianza en el que los pequeños reciben una atención y cuidados excesivos, hasta el punto que los padres terminan impidiendo que sus hijos desarrollen sus capacidades.

Al crecer en una especie de invernadero, un espacio donde las condiciones están perfectamente controladas y los problemas y desafíos brillan por su ausencia, los niños no tienen oportunidades de poner a prueba sus habilidades y crecer.

Según la psicóloga Jennifer Delgado, los padres o las madres se vuelven sobreprotectores cuando:

1.      Impiden que los niños exploren el mundo por su cuenta y los limitan mucho más de lo que recomienda el sentido común.

2.     Evitan que sus hijos resuelvan los problemas y conflictos por sí solos, interviniendo antes de que pidan ayuda.

3.     Son extremadamente permisivos con el niño, cediendo a demandas y exigencias desmedidas, excepto aquellas que se refieren a la autonomía e independencia infantil.

4.     Asumen tareas que el niño podría hacer perfectamente por sí solo, de manera que lo tratan como si fuera mucho más pequeño.

5.     Hablan en lugar del niño, incluso cuando los demás se dirijan directamente a este, impidiéndole expresar sus opiniones o deseos.

6.     Deciden prácticamente cada aspecto de su vida, desde la ropa que se pone hasta los amigos con los que debe relacionarse y, más tarde, la carrera que debe estudiar.

7.     Justifican o ignoran los errores que comete el niño, por lo que le arrebatan la oportunidad de madurar y aprender de ellos.

El miedo como instrumento de control

A menudo los padres sobreprotectores recurren al miedo para mantener a sus hijos bajo control, por lo que frases como: “no subas ahí que te caerás” o “no salgas solo que puede pasarte algo malo” son comunes en su día a día. De hecho, lo que hacen es contagiar su propio miedo a sus hijos, de manera que estos terminan percibiendo el mundo como un sitio hostil y peligroso.

Cada vez es más común que el estilo de crianza sobreprotector vaya de la mano de la sobreexigencia, la cual se manifiesta intentando proporcionar un entorno altamente enriquecido para criar a “genios”.

Estos padres quieren que sus hijos tengan éxito a toda costa –a menudo a costa de la felicidad infantil– por lo que los apuntan a todo tipo de actividades extraescolares desde una edad temprana y llenan su agenda a tope sin dejar espacio para el juego y la diversión.

El objetivo es que ingresen en las mejores escuelas y obtengan las máximas calificaciones para poder presumir de ellos con los demás.

Este estilo de crianza sobreprotector e hiperexigente da lugar a lo que Kristin Moilanen, psicóloga especializada en Familia y Desarrollo Infantil, ha calificado como “niños de invernadero”.

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