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Actualizado hace 23 minutos

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Opinión
06:20 AM / 08/09/2018
S. O. S., por Juan Guerrero
Juan Guerrero [email protected] TW @camilodeasis IG @camilodeasis1
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 El discurso político-económico hace meses fue sobrepasado por la aberrante realidad que impone el hambre. El límite que existe entre vida/muerte se está haciendo imperceptible entre los cientos de miles de migrantes que caminan por las carreteras andinas, muchos de ellos muriendo en los páramos colombianos.
   Así lo reportan las noticias que leemos y siguen desbordando el vaso del asombro, la perplejidad e impotencia. Quedan los muertos que son enterrados al borde de las carreteras. En Venezuela, país sin Estado y sin gobierno, la desesperación en parte de sus ciudadanos les está llevando al suicidio.
   Es el caso de un médico que ante la impotencia de ver morir diariamente por desnutrición a tantos niños, en el hospital donde laboraba, optó por el suicidio. Es que las estadísticas indican que en Venezuela la pobreza supera el 87% de la población. De este porcentaje, más del 47% de la población infantil se encuentra en desnutrición severa.
   Ha llegado el momento de indicar que el liderazgo político, económico, religioso, académico, militar, entre otros, debe asumir la responsabilidad ciudadana y anteponer sus intereses grupales en defensa de la vida y llamar a una intervención internacional para salvar y proteger a la población civil.
   Estamos hablando de injerencia internacional por emergencia humanitaria. Ya no es posible seguir hablando de elecciones, de concertación o de acuerdos. La realidad está indicando que viene una avalancha de hambruna generalizada y descontrol institucional que harán imposible mantener censurada y amenazada una sociedad que está buscando salvar su vida y la de su familia.
   Ante ello, tenemos que alertar sobre el desmembramiento del Estado y la aparición de grupos de poder, armados, que están tomando el control de regiones en el país. Lo estamos observando en zonas alejadas, como Amazonas y los espacios mineros al sur del estado Bolívar, o en el Alto Apure, o al sur del lago de Maracaibo.
   Transitar por algunas zonas de Venezuela se está haciendo cada vez más peligroso porque el control policial-militar escapa a las normales autoridades y está siendo suplantado por organizaciones paramilitares/bandas y megabandas criminales.
   El país gradualmente se fue escapando de las manos de los tradicionales grupos de poder político-económico, sea de oficialistas/opositores, y está ahora bajo el control de bandas criminales que se auxilian con grupos paramilitares y organizaciones terroristas mediorientales. 
   La situación que en la actualidad vive la sociedad venezolana es de extrema gravedad. Tanto, que el riesgo de una catástrofe alimentaria/sanitaria desataría una migración aún mayor, trasladando parte del problema venezolano al resto de los países latinoamericanos.
   Por esto indicamos que Venezuela se convirtió en una real y verdadera amenaza para la estabilidad social y económica latinoamericana. Porque la problemática que se vive en Venezuela ya no es posible ni controlarla ni menos superarla desde dentro del país.
   Como afirmamos en artículos de hace varios años, la solución a la gravísima problemática que tiene Venezuela, necesariamente debe atender a poderes externos. Dentro de ese escenario, Cuba, los Estados Unidos de Norteamérica, Colombia, Rusia, China, El Vaticano, son Estados/agentes que tienen intereses fundamentales en las decisiones que deben tomarse para impedir que el caos total y absoluta ingobernabilidad se apoderen del país.
   Considero que en las actuales circunstancias de emergencia humanitaria que se está imponiendo, los liderazgos internos no pueden alcanzar acuerdo alguno, ni para sus grupos ni mucho menos, para proteger a los ciudadanos. Por lo tanto, los grupos oficialistas como aquellos opositores, deberían hacerse a un lado y permitir que la sociedad civil organizada en otros grupos y centros de ayuda humanitaria, así como centros profesionales y académicos, junto con organismos internacionales de ayuda, intervengan y se hagan del control del Estado.
   Porque estamos hablando de garantizar la vida de seres humanos, civiles que no tienen ninguna responsabilidad en los actos cometidos, tanto por uno como otro bando. Las estadísticas son escalofriantes al referirse a temas de los derechos humanos, sobre desnutrición infantil, atención a los adultos de la tercera edad, cuidado para pacientes con enfermedades crónicas y psiquiátricas. Sin indicar las violaciones a los derechos políticos y de reclusos en las cárceles.
   No encuentro palabras que puedan visualizar la dantesca realidad de la Venezuela de estos años. Tendría que cambiar mis palabras y comenzar a hablar en “buen francés” para que se entienda este dolor, esta desesperación y esté llanto contenido ante la aberración y el horror que estamos viviendo y padeciendo los ciudadanos venezolanos.

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