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Actualizado hace 20 minutos

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Opinión
06:12 AM / 30/10/2018
Rallye trans Maracaibo
Ylich Carvajal Centeno [email protected]
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Circular hoy día por las calles y avenidas de Maracaibo es un rallye para audaces. Tienes que ir por vías llenas de huecos de diferentes tamaños y profundidades. Cruzar en esquinas donde no funcionan los semáforos a riesgo de quedar atrapado entre los otros autos que intentan pasar al mismo tiempo. Cruzar por cauces de cloacas a cielo abierto, verdaderos ríos, que se han llevado el asfalto y han convertido lo que antes era una calle o avenida en una especie de camino de recuas o paso de mulas sólo aptos para carros rústicos.

Si superas todas esas pruebas con mínimo éxito, es decir, sin chocar o sin destrozar el tren o los cauchos o sin salpicarte de aguas sucias, te queda la probabilidad de que tengas que pasar por una “batea”, es decir, por una calle o esquina que en verdad es una cañada pero que a alguien se le ocurrió encementar y el paso constante del agua terminó por separar la parte encementada con la asfaltada dejando zanjas rompe tripoides.

Está además el dudoso “arte” de evadir los cerros de basura que comenzaron acumulándose en las aceras y que ya ocupan la mitad de la calle, las llamadas “bocas de visita” que se han quedado sin sus tapas y las ocurrencias de uno que otro nostálgico de las guarimbas que de cuando en vez deja cauchos, ramas de árboles, latas y piedras en plena vía.

Es probable que el Gobernador del Estado y el Alcalde de Maracaibo digan que estaban sumamente ocupados con la crisis eléctrica y que no han podido atender el desastre en que consiguieron a Maracaibo. La situación no es nueva, ya era un serio problema durante los mandatos de Francisco Arias y Eveling Trejo y se ha agravado a lo largo de los últimos meses. Es lo que los periodistas llamamos “un caliche” hablar de las calles destruidas, la basura, los semáforos inservibles y toda esta terrible situación en la que han sumido a la ciudad, pero preocupa el silencio sepulcral que las nuevas autoridades mantienen entorno al caos de los servicios públicos.

Hidrolago, por ejemplo, no da respuesta eficaz ni sobre el asunto de las aguas servidas que han destruido numerosas calles y avenidas de la ciudad ni de la dudosa potabilidad del agua que ha enviado a las casas de los maracaiberos en las últimas semanas. El agua, a donde ha llegado, ha llegado sumamente turbia, no se puede consumir ni hirviéndola, pero ninguna autoridad da una explicación y sobre todo una solución a éstos problemas.

Cualquier médico o epidemiólogo puede explicarles los riesgos que para la salud de una población tiene el consumir agua no potable y que las aguas servidas circulen por calles y avenidas. O los peligros que traen en sus alas la plaga de moscas que azota a Maracaibo desde que a las pilas de basura acumulada les cayeron las primeras lluvias de octubre.

¿Qué hacer? Todos sabemos que los problemas son muchos y complejos, que se han acumulado y agravado en el tiempo, que hay una situación económica difícil en el país pero algo hay que hacer, sobre todo, porque el asunto de la basura, por ejemplo, requiere de la cooperación de los ciudadanos, no es un asunto solamente de camiones, eso era lo que decía Eveling Trejo. Pero hay que perderle el miedo a la ciudad y a sus mollejuos problemas.

La crisis de los servicios públicos y el deterioro de la infraestructura de la ciudad son también un “daño colateral” de la conflictividad política que se ha vivido en el país. No se le puede pedir a la gente que renuncie a sus posturas políticas y a sus aspiraciones, pero es tiempo ya de entender que no se hace política demoliendo la casa de todos, echando basura en la sala, rompiendo la cerámicas del piso, abriéndole huecos a las paredes, dejando de lavar los platos sucios o no dándole bomba a los baños después de usarlos ¡por favor!

Ojala que en estos días en que la Virgen Chinita convoca a nuestra fe y a lo más sentido de nuestra identidad, al gentilicio maracaibero, haya espacio para reflexionar sobre la ciudad, sobre nuestra vida en común en esta orilla del Lago donde nacimos o la vida nos trajo felizmente. Maracaibo sois vos.

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