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Actualizado hace 193 minutos

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Opinión
09:07 AM / 14/10/2018
La verdad inasible, por Maryclen Stelling
Maryclen Stelling @maryclens
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Hoy día, cuando se aborda el tema de la disputa política,  se denuncia y analiza  la relación entre verdad, mentira y el poder, ya sea con fines de mantenimiento o de adquirirlo. 

El gran reto es desnudar y develar la relación entre verdad y política o, por el contrario,  el nexo entre mentira y política.  En ese sentido, el desafío para políticos,  comunicadores  y analistas es desentrañar, navegar y/o sobrevivir entre la  “verdad factual” o verdad de hecho y la  “verdad de razón” o verdad de discurso, relatos y narrativas.  En el meollo de la discusión está la supuesta intención de  propagar ficciones ofrecidas como verdades. En ese sentido, lo que “define a la verdad de hecho es que su opuesto no es el error ni la ilusión ni la opinión (…) sino la falsedad deliberada o la mentira”.

Ante tal fenómeno emergen una gran variedad de conceptos que pretenden dar cuenta de la compleja realidad político-comunicacional.   Noticias falsas (fake news),  posverdad y hechos alternativos; sociedad posfactual, pospolítica y regímenes de posverdad; “era posmoral” caracterizada por engaños, mentiras emotivas y operaciones, donde ya no se trata de la verdad sino del hacer creer…

Ante el imperio y poder de las redes, ante  el dominio indiscutible de la verdad discursiva masificada y viralizada,  se decreta la derrota del interés por la veracidad de la noticia (verdad factual) y por la centralidad de la fuente. Ello   en concomitancia con la disminución de las capacidades críticas de lectura para discriminar entre verdad, falso y mentira. 

De allí que “posverdad” se ha definido como  “Distorsión deliberada de una  realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y  en  actitudes  sociales”. Estudiosos del tema señalan como características de la posverdad: la mentira, la desinformación, las medias verdades y  falsedades que se multiplican en las redes.  La intensidad en los juegos del lenguaje, montajes,   contradicciones deliberadas,  sobreactuaciones y  simulacros.   La apelación a la vía emocional,  el énfasis en el “hacer creer” y en  las “apariencias verdaderas”.  Mientras que desde el sujeto receptor,  cual víctima gozosa y pasiva, se resalta la “actitud  de  resistencia  emocional  ante  hechos  y pruebas objetivas”.

Para los consumidores de información, el reto que se plantea es entre el hacer creer,  la ingenuidad y el quiero creer. 

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