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Opinión
06:08 AM / 06/11/2018
Jesús y política #TBT
Ylich Carvajal Centeno/ Periodista [email protected]
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No hay forma ni manera de retrogradar  la historia y menos de baipasearla. Jesús de Nazaret pasó nueve meses en el vientre de María, nació como cualquier mortal entre sangre y placenta, se alimentó de las tetas de su madre y vivió la vida de cualquier hombre hasta los 33 años, antes de iniciar su ministerio. Ni él, el todopoderoso, el supremo, el alfa y el omega, el verbo y sustantivo, Dios en persona, pudo zafarse de su tiempo y de su espacio, de su tiempo histórico que lo condujo irremisiblemente al calvario.
La humildad no es virtud de dioses sino de humanos, pero la de Cristo es humana sin dejar por ello de ser divina. El mundo vive una crisis global que va desde lo económico y político hasta lo ecológico y cultural, una crisis que amenaza las simientes y los paradigmas de la civilización que conocemos. Su expresión más evidente son los masivos movimientos migratorios que se están produciendo ahora mismo en África, Europa y América, como si de una nueva glaciación se tratara. Su nudo más intricado es su ineptitud, es incapaz de producir sus propias salidas, porque lo que hizo crisis es la racionalidad que la creó. 
La prueba madre de ello es la tendencia globalizada de tratar de retrogradar la historia. El caso más obvio es Donald Trump, pero en esa misma onda se anota el retorno del fascismo a los parlamentos y gobiernos europeos, la xenofobia delirante, los separatismos, los cadáveres insepultos como el de Franco que aún son motivo de conflictos en España. Tipos como Mauricio Macri, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera e Iván Duque cuya visión de futuro es restaurar un pasado que suponen fue mejor y luchar contra un enemigo que realmente no existe: el socialismo, el comunismo, la dictadura “castrochavista”.
El asunto es que cuando el presidente Hugo Chávez, en 2006, dijo que asumía el socialismo y que su proyecto era una revolución socialista estaba acusando recibo de la misma crisis finisecular. Venezuela no tiene una economía ni un Estado socialista y dada la caída de la producción petrolera ni siquiera una rentista, pero el supuesto socialismo venezolano ha sido tema de las campañas electorales en el mundo entero. Hace un par de días el presidente Trump advertía que si los demócratas ganaban las elecciones parlamentarias de hoy iban a ser invadidos por los migrantes y EEUU sería otra Venezuela.
Es pura retórica decimonónica. Es una ficción retro en HD. Tan falsa como la supuesta muerte de la historia que pregonó el neoliberalismo que ahora hace aguas. La política como la habíamos conocido hasta ahora se agotó, no da para más y los políticos, cuyas herramientas de pensar se oxidaron, no pueden más que reciclar los viejos parlamentos de izquierda y de derecha que realmente no se corresponden con la realidad, ni pueden articular una ruta de escape.
Una manifestación de esta paradoja global es que el Gobierno socialista de Venezuela invitó como asesores de su gabinete económico a expertos chinos que, sin duda alguna, son expertos pero en economías de libre mercado. El llamado Socialismo con Particularidades Chinas no es más que una economía de libre mercado y el proyecto del camarada Xi Jinping de reinventar la Ruta de la Seda es la versión chinesca de un mercado común global capitalista. Si no fuera tan lamentable nuestra situación económica la cosa sería para mearse de la risa.
Para redondear la complejidad de la crisis que nos acoquina hay que decir también que China no sería lo que es hoy China sino estuviera gobernada por el Partido Comunista Chino, que se asume como la vanguardia de la nación china y no sólo de su clase obrera, y si no hubiera adoptado los cambios económicos que tras la muerte de Mao Zedong asumió Deng Xiaoping. El caso China es el que mejor expresa las enormes contradicciones, complejidades, perplejidades y retos de estos tiempos.
Aferrase al pasado, intentar restaurar el pasado, ya sea desde una perspectiva de izquierda o de derecha, al fin y al cabo una no puede ser sin la otra, una creó a la otra desde la exclusión y el antagonismo maniqueo, es perderse.
Hay que reinventar la política y eso sólo será posible desde una nueva racionalidad, más humana, más del nosotros, sin mesías ni salvadores predestinados pero capaz como Jesús de bajar hasta la gente, de hacerse gente.
 

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